Mi silla pretendía jubilarse… (Parte II)
Nota: Si no leíste la primera parte de esta historia haz click acá: Mi silla pretendía jubilarse…
Ahí estábamos mi silla y yo, en una tensa convivencia, llevando el día a día de la manera más diplomática posible. Con una almohada usada por años e infestada de ácaros profesionales, decidí alargar la vida útil de mi miserable silla, que ya cargaba encima más de 8 años de trabajo contínuo.
Con esta técnica piedrera de la almohada, al principio pensé que había solucionado todo el problema de los dolores de espalda y trasero que sufría al usar la computadora, sin embargo, eso fue un paño de agua tibia que duró solamente un par de semanas.
Al comenzar la tercera semana, la almohada acarosa me causaba alergia, dolores en las piernas y espalda nuevamente por lo irregular de la base acolchada. Tomé una firme decisión: bajaría a la silla y la dejaría abandonada en la acera al frente del edificio, cómo si de un recién nacido con problemas faciales se tratase.
Eso fue lo que hice. La dejé abandonada y fui directo a comprar unas cosas en el Farmatodo que queda a una cuadra. Cuál será mi sorpresa que al salir de Farmatodo, en un lapso menor de quince minutos, ya mi antigua y castigadora silla tenía un nuevo padre, un digno señor que con un corazón de oro decidió adoptarla y seguir alargando la vida útil que la pobre ya no tenía. Lo siento silla, tu momento de jubilarte aún no llega. Sigue jodiendo el trasero y la espalda de otra familia.
Aquí vemos a mi antigua silla con su nuevo dueño, esperando una camioneta por puesto para ir rumbo a su nuevo y cálido hogar.
Un señor feliz, sabe que adquirió una excelente silla con base acolchada de primera y sin costo alguno.
Hasta nunca silla…
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