El largo y duro camino de un soldado…(Caso real)
El camino de un soldado no es juego de carritos. Es un camino lleno de incertidumbres, obstáculos y emociones antagónicas; el soldado sale de su base de operaciones a cualquier hora, cuando se requiera de su ayuda para el cumplimiento de alguna misión, pero no se sabe si regresará, ya sea porque es visitado por la muerte a manos de algún enemigo en el campo de batalla, o porque perdió su equipamiento de guerra y al verse imposibilitado para regresar por sus propios medios, decide renunciar y entregarse a la lenta espera de la muerte.
Esto fue lo que ocurrió ayer, cuando en compañia del soldado Giancarlo, emprendemos una salida en la tarde para territorios de difíciles caminatas: Sábana Grande, Chacaito y luego Sambil en Chacao. Todo soldado tiene presente que debe llevar la indumentaria correcta para este tipo de caminatas exigentes. Para una persona que no tiene carro, los zapatos pasan a ser de algo estético, a una vaina clave, indispensable, donde lo funcional es lo que figura.
Personas como Giancarlo, Manuel y yo, que patean calle como es, sabemos bien la importancia del zapato; pero, en momentos de austeridad, Giancarlo sólo pudo usar el par de Adidas “pata e’ loro” que tenía en su morral de guerra. Arrancamos nuestra ruta, pero ya pasadas unas tres horas de caminata y visitas buhoneriles, Giancarlo comenzó a caminar medio torcido, lento y con una actitud de abandono, como queriéndose tirar en la calle y esperar que los zamuros (malandros), dispusieran de sus efectos personales. Se sentó en la acera y dijo “lo siento, no puedo más, sigue tú, de pana no puedo caminar más”.
Giancarlo estaba en lo cierto, los zapatos en cuestión eran estos, sin plantillas, rotos y abiertos como unas arepas:
En la guerra uno debe ver el cuerpo de su compañero caer, y con tristeza seguir adelante, no regresar a su rescate porque eso puede costarte la vida también. En esta ocasión quise ignorar la regla, así que me regresé en auxilio de Giancarlo. Alentándolo a que sacara fuerzas y siguiera caminando, pudimos llegar de emergencia al Sambil, donde con la ayuda de vendedores solidarios, personal de Salud Chacao y Seguridad, Giancarlo logró hacerse con par de zapatos nuevos de goma, serios, listos para llevar puestos:
Así se escribe la historia, con sangre, uñas encajadas, callos y sufrimiento, pero con coraje, fortaleza y…dinero para comprar otro par de zapatos. Luego de eso pudimos seguir la caminata por unas 4 horas más y regresar sin novedades a las respectivas bases de operaciones.
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