Finalmente vi "A Serbian Film"…
No es usual que yo publique un post para hablar de una película, pero, en esta oportunidad es totalmente pertinente; la misma lo merece. “A Serbian Film” nos cuenta sobre Milo, una estrella del porno ya retirada que vive con su mujer y su hijo, pero, pasando por apuros económicos. Una cita con una antigua compañera de rodaje le presenta la oportunidad de trabajar con un tipo llamado Vukmir en su nueva película de porno experimental. Milos acaba aceptando sin saber exactamente lo que va a rodar.
Descubrí la película en el blog de Carlos, que precisamente no le lanzaba muchos halagos. Vi que la tildaban de perturbadora, fuerte, enferma y repulsiva; razón por la cual quise ver enseguida el trailer y así averiguar por qué estaba siendo tan apedreada. El trailer me enganchó en el acto, pude ver ese toque europeo y atrevido que me gusta, que demuestra que cuentan una historia sin muchos escrúpulos ni temores a la crítica. Asimismo, pude notar que los comentarios en Youtube eran más alarmantes y exacerbados que los de una doña llamando a “Aló Ciudadano” luego de ver Globovisión todo el día. Leí vainas tan extremas como “Escoge tener una vida feliz y normal. No veas la película”.
“A Serbian Film” ha sido vetada en festivales, además, es causante de protestas y solicitudes de grupos católicos y padres de familia, los cuales claman por la no distribución, proyección o descarga de la película por internet. Cabe acotar que lo han logrado en algunos países.
Como buen crítico, entenderán que no me quedé tranquilo hasta conseguir la película, yo mismo me encargaría de ver por qué la alharaca en torno a la película, y qué me mostraría que me dejaría traumatizado o gritando histérico en contra de ella.
Finalmente pude verla el fin de semana y, hay varios puntos que merecen ser señalados antes de indicar qué tal me pareció, sin darles spoilers ni arruinarles la cita, por supuesto.
Me da risa ver como sectores de una sociedad (no importa cuál sea) pueden alarmarse -o convenientemente fingir hacerlo- con lo que presenta una película, cuando ellos mismos, están embarrados de mierda en groseras cantidades que dejan en ridículo a la ficción presentada. Es el médico que hace una fortuna practicando abortos, pero que luego protesta en contra de una película que lo muestra en pantalla o alguna autoridad que sugiera legalizarlo.
Parece que lo correcto y aceptado es hacer caso omiso al entorno social, hacer la vista gorda y producir películas que reflejen un mundo Peterpanéstico: no existe violencia alguna ni elementos que reflejen la mierda humana; todos somos bellos, todos somos perfectos. Ridícula hipocresía convenientemente aplicada. Le caes a coñazos a tu esposa en la casa, pero en la calle defiendes a una mujer desconocida que está siendo gritada por su novio.
La película, de una forma directa -y con poco tacto-, tan sólo muestra un abanico de parafilias tomadas de manos con el lado sombrío del ser humano. No las inventa, no las ejecuta en la vida real, no las aplaude; solamente nos encapsula una realidad que existe en nuestras narices, y por cierto, en proporciones colosales. Eso en cuanto a los hipócritas que adoptan la pataleta doble moralista y buscan prohibir que otros vean una película: más mierda y degeneración hay en la vida real, y la lucha contra ella no es precisamente prohibiendo películas que inviten a la crítica de elementos sociales. Plasmar entonces de forma sincera y oscura en una película cualquier realidad es ganarte el veto y el escándalo público sin razón.
Decir que es una película enferma, perturbadora, maldita y morbosa (como indica la gran mayoría), es totalmente discutible, más aún, subjetivo. La sensibilidad y criterio del espectador es la clave: unos disfrutan y tienen como película preferida, de gran aporte para la vida a “Legalmente Rubia”; otros, lloraron deprimidos al ver cómo Gizmo huía despavorido de las uñas de los Gremlins. Otros se taparon los ojos cuando a Daniel Sam en “Karate Kid” lo golpeaban por gallo; todo eso sí que lo respeto, como dije, es subjetivo.
Otros puede que toleren lo explícito de las imágenes, pero, por malcriadez mental la quitarán. La vida no es un cuento rosa, todos lo sabemos, pero como siempre, muchos no lo aceptan: más práctico y amistoso con las neuronas es no pensar y procesar información que ayude a entender la inmundicia exponencial que hay afuera.
Hablemos de la película como tal: las actuaciones son totalmente plausibles, el protagonista logra en todo momento que estés conectado con el personaje, viviendo el desespero y confusión que generan todas las extrañas situaciones a las que es sometido. Los demás personajes que intervienen en el desarrollo de esta bizarra historia no tienen pérdida, uno es más peculiar que otro, haciéndote entrar en el drama y la angustia del protagonista, pero, a la vez asombrándote y obligándote a sonreír con situaciones hilarantes manchadas de desfachatez moral y un jodido humor negro pesado que hará tener indigestión a más de uno. La música es perfecta, está empatucada de confusión, creando la atmósfera idónea para todo el dantesco despliegue enfermo y sexual de los personajes involucrados. El contenido es variado, bizarro y retorcido. Se pudiese uno preguntar si es necesario el bombardeo exagerado de secuencias con situaciones extremas y grotescas. Pienso que a veces puede ser justificado, al quedar como única alternativa la sobredosis de estímulos para lograr cachetear a la audiencia e invitarla a la fuerza a reflexionar sobre un tema.
En fin, si eres más o menos sensible y de poca tolerancia a planteamientos que rompan un poco con los patrones y además no deseas ver ni en ficción a una película que presente elementos como necrofilia, pederastia, incesto y snuff, lo mejor es que olvides este post; corre enseguida a comprar “Las crónicas de Narnia” y nada ha pasado, no has leído esto jamás. Si por el contrario, eres crítico, ves todo tipo de películas y no eres tan delicado con contenidos que no siguen la línea convencional de Hollywood, es una obligación que veas esta película.
Etiquetas: a serbian film, critica, hipocresia convenientemente aplicada, nunca defiendas a una desconocida en la calle



