Concursos con imágenes emotivas…
Nalguitas de bebé entalcadas en la pantalla de tu televisión. Un Golden Retriever cachorro dando brinquitos entre rollos de papel toilette en el piso de un baño. Un enorme oso marrón acurrucado en el colchón tomando una siesta. Es la técnica del uso de imágenes emotivas, buscando cautivarte y ponerte el corazón como una pasa, arrugado de tanta ternura junta ante tus ojos. No está mal, es lógico que no nos venderán un colchón mostrándonos a Mario Silva acostado durmiendo boca arriba sin camisa.
En otros escenarios se hace presente esta técnica; a veces sin intención alguna, otras no. A veces veremos esta intensidad sensacionalista, actuaciones impulsadas por enfermedades e infortunios de los cuales resulta conveniente sacar provecho. Es un arma desvergonzada y poco ética, pero infalible, y con efectos que causan una gran compasión y lástima que distorsionan el juicio por completo del que que es víctima de la trampa.
Es como en los concursos y realities gringos: cada participante tiene su momento de llanto, en el que confiesa a la cámara que su hermano tiene cáncer, su madre lo golpeaba de niño, su tío entraba a su cuarto en las noches y lo obligaba a soplarle la vela que sacaba del medio de sus pantalones; a veces también dirá que necesita ganar el concurso para pagar el centro de rehabilitación que necesita su padre alcohólico.
Veamos una situación, así me hago entender:
En un concurso de canto, diez personas quedaron finalistas. Entre esos diez participantes, tenemos a uno que tiene la cara quemada y sólo puede ver por un ojo casi cerrado. Tiene una voz muy por debajo de lo aceptable, pero al jurado le dio cosa rechazarlo en las audiciones, ya que, en la entrevista se puso a llorar diciendo que cantar siempre ha sido su sueño. Decidieron aceptarlo, acordando entre ellos que lo hacían para darle algo de felicidad, pero que luego pensarían cómo sacarlo de una manera delicada. Pasaron dos meses de competencia y nadie del jurado tuvo el valor de sacarlo. Llegó el tercer mes, la etapa final; de los diez finalistas ahora sólo quedaban tres: entre ellos está Jaramillo, nuestro amigo cara quemada.
El día de la gran final los tres participantes cantaron sus mejores canciones. A Jaramillo se le salieron cinco gallos; de repente se quedaba balbuceando y se babeaba sobre el micrófono. Un sector de su pómulo aún seguía en tratamiento, por lo que en medio del nerviosismo de su ejecución musical, se podían observar gotitas de sangre pulular tímidamente de su rostro. También olvidó la letra de la canción en algunas partes. Luego de cada canción, los participantes tenían unos minutos para dirigirse al jurado. Jaramillo se puso a llorar, el minúsculo ojo que le quedaba estaba totalmente inundado en lágrimas.
─Este es mi mayor sueño, señores del jurado; luego de quemarme la cara en ese lamentable accidente en el que murió mi amada esposa y mis dos pequeños hijos, prometí que me verían triunfar con mi voz. Quiero que desde el cielo me vean ganar este concurso, quiero dedicarles este premio. Además, distinguidos señores, con el premio podría ir a una clínica para que evalúen mi caso; un médico me aseguró que me podían hacer una operación, en la que me abrirían el párpado que tengo cerrado; sé que no tengo ojo alguno ahí, pero al menos quedaría abierto, pudiendo usarlo para guardar las llaves o los caramelos de menta que cargo conmigo siempre. También ayudaría a mi anciana madre, que no puede caminar y se traslada actualmente arrastrándose, gateando sucia por el piso; desearía comprarle una silla de ruedas ─manifestó Jaramillo llorando, babeándose y quitándose mucosidad aguada que despedía su nariz.
El jurado luchó por contener el llanto, pero se levantaron y regalaron fuertes aplausos a Jaramillo.
Los otros dos participantes tenían un talento gigantesco, pero uno de ellos era un maestro del canto. Se llamaba Martín, tenía una voz prodigiosa e impecable, merecía tener un disco de inmediato. Cantó a la perfección, la multitud lo ovacionó emocionada, todos se abrazaban y gritaban su nombre.
Llegó el momento de deliberación del jurado. Todos estaban de acuerdo en que la voz de Martín era la ganadora, él más que nadie pondría en alto el nombre del concurso, él era un artista con el potencial necesario para triunfar, y si ganaba podría darse a conocer y regalar su talento al mundo.
─Entiendo lo que dice, maestro, pero, ¿cómo le decimos a Jaramillo que pierde el concurso? ─preguntaba un miembro del jurado al maestro de canto del conservatorio.
─Sí, estoy de acuerdo con mi compañero, maestro, mire a Jaramillo, mire todas esas cicatrices que lleva en su rostro; el pobre da asquito, lástima. Ya mucho es la cruz que debe llevar, me parece que debemos darle el premio, sería agradable darle ese respiro a su desgracia.
─Sí, tienen razón. Viéndolo bien, ese ojito que casi ni puede abrir me despierta mucha ternura; Jaramillo es una prueba de lucha, de no rendirse jamás por más escoñetado que estés. Por otro lado, Dios no nos perdonaría jamás partirle el corazón así a este pobre hombre. ─concluyó el maestro de canto, estrechando su mano con los otros miembros del jurado.
Ganó Jaramillo. No tiene un carajo de talento, su voz apesta enormemente, pero su historia cautiva a cualquiera; además, ¿quién coño se atrevería a lastimarlo? Demasiado macabra y majestuosa la follada que le ha dado la vida, para que venga algún jurado a decirle en su cara que no sirve para el canto.
Gabriel Núñez
Etiquetas: competir contra alguien con discapacidad es una jodida desventaja, el jurado al año siguiente puso a ganar a una señora no tenia boca cantaba por el fundillo, jaramillo se gasto luego el premio en pura caña y putas del pueblo, martin luego se suicidio

