El otro día me encontré un celular…

No es la primera vez que ocurre. Debuté en el 2008, con un HTC Touch que pedía a gritos ser adoptado por alguien de generoso corazón.

Siempre he estado en contra de estos amables padres adoptivos, considero que integran un cúmulo  de codicia y viveza criolla que contamina a ese modelo de sociedad justa, enteramente racional y perfecta, que sólo es posible en el cerebro de algún tonto idealista. Yo soy un tonto de ésos.

Aunque no, en esa época era más bien un pobre desgraciado que llevaba un año desempleado, con deudas galopantes y un inútil título de licenciado que hacía el ridículo en la gaveta.

No hablaré güevonadas, en mi cerebro desesperado de aquellos tiempos difíciles, logré ver correcto lo incorrecto. Como aquel dilema moral que acorraló a Antonio Ricci en “El ladrón de bicicletas”, que luego de sentenciar el que alguien haya robado su bicicleta (la que representaba su única fuente de ingresos), procedió a racionalizar la situación, decidiendo así robar una bicicleta para poder seguir trabajando.

Yo no montaba bicicleta, ni tampoco vivía en una Italia posguerra, pero vaya que sí andaba pelando bolas como ese jodido protagonista. Así, pues, vi ese HTC huérfano en el piso de un estacionamiento de centro comercial, mirándome con ojos de lamento e incertidumbre por su futuro. Eché un vistazo a mi alrededor y no había nadie preocupado ni con ojos nerviosos por haber perdido un celular que representaba en esa época más de cuatro salarios mínimos. Hice con naturalidad el legendario movimiento cliché de amarrarse las trenzas -que estaban amarradas, cabe señalar-; acto seguido el celular reposaba en mi bolsillo. Caminé apresuradamente, la adrenalina me saboteaba y confirmaba lo novato que era para estas cosas. El dueño comenzó a llamar a su celular, y decenas de repiques con vibraciones causaron una absurda erección que me acompañó en todo el trayecto a mi casa. Al menos eso calmó un poco mi nerviosismo.

Finalmente llegué a casa. Google y Mercadolibre confirmaban mis sospechas: era un celular de cuna de oro, de alta alcurnia, de buena familia; era arrogante y oneroso. En otras palabras, era el elemento que representaba mi aguinaldo en ese lúgubre diciembre de austeridad y fracaso; pero antes tenía que hallar alguna forma de desbloquear el inútil aparato, de lo contrario sería imposible venderlo de forma legal y poco sospechosa.

Luego de varios días, ubiqué un técnico de celulares por Mercadolibre. Me sentí tranquilo, el chamo garantizaba su trabajo, y me aseguró que ya había desbloqueado varias veces ese mismo modelo de HTC. Me cobraría 200 Bs. por el trabajo sucio. Acordamos vernos en el McDonald´s de Parque Carabobo, él se debía llevar el celular dos días para poder trabajar en el desbloqueo. Lo guardó en un bolso en el que reposaban decenas de huérfanos de otras marcas. Ésa fue la última vez que vi al pequeño HTC, el hijo de puta técnico me robó. Más nunca supe de él.

La segunda vez fue en las escaleras del C.C. City Market. Se trataba de un Motorola K1 color negro. Pero en esta ocasión estaba preparado, no me dejaría seducir tan fácilmente, ya el ridículo vivido con el HTC había bastado para reflexionar sobre ciertas cosas. Además, si mi misión en la vida era ser recordado como el güevón que murió de hambre porque nadie quiso darle empleo, pues bienvenido esto, aceptaba con humildad el honorable reconocimiento.

Lo tomé. Dos amigos que me acompañaban me sugirieron botarlo o quedármelo. Los callé con una mirada moralista, ya yo era una persona nueva. Me metí en la agenda del celular, ubiqué el contacto “Mamá” e hice de inmediato la llamada. Una amable señora me dijo que llamaría a un amigo de su hijo, para así localizarlo rápidamente. Esperé en el sitio unos quince minutos.

─¿Aló? ¿Habla Gabriel?

─Sí, pana.

─¡Chamo, mi mamá me acaba de avisar que la llamaste para devolverme mi celular! ─exclamó con una incredulidad y sorpresa que hacía notar la baja asiduidad con la que nos devuelven algo perdido.

─Es correcto, pana, ando en City Market. ¿Dónde estás tú?

─Yo ando en Beco de Chacaito. ¿Podemos vernos aquí?

─Está bien, voy para allá. Te llamo cuando llegue.

Con manos temblorosas recibió de vuelta su celular, creo que se quedó esperando el momento en que le sacaba un cuchillo para asaltarlo, luego apuñalarlo y dejar su cuerpo inerte abandonado en algún probador de Beco.

Por suerte, luego de devolver ese celular pasé varios años sin tropezarme con nada ajeno. Sí, digo por suerte, porque actuar de forma racional a veces quita tiempo; además, ser superhéroe es un trabajo pésimamente remunerado.

Pero hace poco volví a encontrarme algo. Era un sábado en la mañana, me dirigía al Diplomado. Me monté en un carrito por puesto donde todavía se podía respirar algo de cerveza derramada de la juerga de la noche anterior; al sentarme, tropecé algo con mi pie. Bajé la mirada y reconocí a otro miserable huérfano. Hice de nuevo la finta de agacharme a amarrarme las trenzas –y cabe acotar que estaban ya amarradas-. Era un celular Nokia bastante simpático. Algunos rayones lo decoraban, pero nada de gran importancia.

Lo tenía entre mis manos y ya podía imaginar la historia de su dueño:

Se trata de José, un honrado joven que vive en un modesto ranchito de Petare. Se gana la vida haciendo trabajitos como zapatero, tiene un pequeño puesto informal en una acera de Palo Verde. Su esposa se llama Adela. Ella ayuda a José vendiendo sabrosas conservitas caseras al frente de uno de los liceos de la zona. Ambos se aman profundamente y luchan día a día por ofrecer un mejor futuro a sus dos pequeños hijos, los cuales son el tesoro más grande que tienen. Esperan sacarlos del barrio antes de que su inocencia sea visitada por algún gatillo alegre.

José compró el celular Nokia ahorrando, apartando durante nueve meses 60 Bs. de su irrisorio ingreso mensual, comiendo en ocasiones una sola vez al día. Así que, este celular representa una valiosa herramienta para mantenerse comunicado con su escasa clientela que parte los tacones subiendo cerro; y más importante aún, le permite llamar a su hermosa esposa. En las tardes lo hace un par de veces, ya que, escuchar la voz dulce de Adela y los niños lo calma y le hace más llevadero el fuerte sol y smog que debe soportar a diario.

No hay duda, en este momento José debía estar desesperado buscando el celular; y su esposa y los niños llorando de angustia ante tal tragedia familiar.

Abrí la agenda del celular. Pero antes de llamar, subí la mirada y abrí un poco la ventana, necesitaba recuperar el aliento que me robó la conmovedora historia de José, y no quería que la esposa me escuchara con voz temblorosa. Algo interrumpió mis segundos de relajación: el Nokia comenzó a repicar, emitiendo sonidos molestos que no lograba comprender a primera impresión.

Se trataba de una miserable bachata arrastrada de “Aventura“, que era escupida a máxima potencia por la pequeña cornetica del aparato. Me quedé viendo la pantalla que parpadeaba con impaciencia un nombre de imposible ortografía y pronunciación.

En ese momento fue que comprendí que José no existía; ni Adela, ni los bellos niños. Existía era Jackson Alián, un patán vigilante que trabajaba en Central Madeirense, y que a temprana edad fue seducido por las drogas, el aguardiente y las carreras de caballos. Se casó con Lordineydis y la dejó preñada cuando ésta tenía catorce años. Luego la embarazó unas cuatro veces más. Jackson odiaba usar condón, decía que eso le molestaba y no le dejaba “mojar la brocha” como debía. Además, decía que estaban caros los condones.

Varias empleadas de mantenimiento pasaron por el filo de Jackson. A él le encantaba sorprender a su víctima indefensa, por detrás, para así recostarle el pene en el núcleo del trasero, al tiempo que le ponía un largo y sangriento cuchillo de carnicería en el cuello, que invitaba de inmediato a honrar el silencio y no denunciar el acto. Luego de tener sus bolas vacías, era común que cuadrara con algunos compañeros cuál mercancía sacarían robada para vender a los abastos del barrio y así redondear el sueldo mínimo.

En la noche lo suyo era oler perico con su esposa. Los niños se ponían inquietos pidiendo algo de comida y atención, así que una buena salida era amarrarlos con un buen mecate y sellar sus bocas con cinta de embalaje para que dejaran de chillar. Luego cogía con violencia a Lordineydis. Una noche su esposa le cachó un interior lleno de semen y algo de sangre; llena de ira, reclamó el hecho a un Jackson recién drogado. Él soltó una carcajada, la golpeó y la castigó violándola. Luego le apeteció estrellar el decodificador de Directv en el cráneo de su esposa, hasta matarla. A los niños los abandonó amarrados en Parque Caiza, como era de esperar.

Fue capturado a las dos semanas, pero le regaló a los policías un poco de coca y lo dejaron libre. Después del incidente, eligió independizarse y dedicarse de lleno con el suministro de droga a los liceos de la zona.

Esa mañana Jackson Alián tomó el carrito por puesto, y al sacar el efectivo del pasaje, su celular logró colarse y caer debajo del asiento. A la hora se dio cuenta de que lo botó, por lo que decidió asaltar con un punzón a una anciana que llevaba una cesta colgando en su brazo, dispuesta a ir al mercado de verduras y hortalizas de todos los sábados.

La ternura se había fugado de mi rostro; era la ira la que ahora lo invadía, al tiempo que volvía a sonar el repique de la bachata.

Comencé a apretar todos los botones del celular, pero no tuve éxito en el intento por callar al irritable ruido. Aguanté firmemente al celular, mientras le estrellaba repetidas veces mis nudillos de la mano izquierda. Con los golpes pude dejar vulnerable la retaguardia del aparato, así que temblando de impotencia agarré la tapa y la arrojé al asiento contiguo, para inmediatamente sacar la batería del teléfono y lanzarla por la ventana. Ya no sonaba la bachata, pero quise asegurarme de que más nunca el aparato volvería a hacerle daño a ser humano alguno: tomé el cerebro del aparato y lo estrellé contra el costado oxidado del autobús, reventándolo en varios pedazos que también fui arrojando por la ventana a lo largo del trayecto.

Siempre existirá un José zapatero que extraviará su celular; y también un Jackson Alián drogadicto. Queda de ellos lograr entender el alcance que puede tener una composición musical para invitar a la irracionalidad, y la enorme estupidez que representa el colocar una canción como repique a un celular.

Gabriel Núñez

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  • samorius

    Cuanta inmaculada belleza, amigo mío. Que maravilla de historia, me ha alegrado mi tarde y ha iluminado mi vida. Que bueno, maldita sea. jajajajajasjdadjasdajdkasdkaj.

  • will

    Este, la vaina era porque tenia una canción de aventura o solo porque tenia una canción? Saludos buen post xD

  • Farinin1

    Excelente mi pana, toda una aventura escrita y soy testigo de una de esas experiencias.

  • Jose_korn1

    solo dios sabe cuanto me reí caballero!!!

  • Carl_skeyy_gon_8

    Que excelente historia, da muy bien a entender la relacion que tiene un celular con su dueno. Seguramente si de tono de llamada hubiese sonado una buena cancion de los Beatles todo habria sido distinto. En fin, buena combinacion del humor negro con un poco de metafora.

  • http://twitter.com/Sherlymala Sherly Malavé

    CDLM gabriel! mi parte favorita  ” decenas de repiques con vibraciones causaron una absurda erección que me
    acompañó en todo el trayecto a mi casa. Al menos eso calmó un poco mi
    nerviosismo.” xD xD

  • Troll

    Que vaina tan mala, y lo peor es que hay “personas” que les parece lo contrario.

  • Dgbcisneros

    De verdad que buena y agradable lectura, sin querer la realidad Venezolana nos hace reir, a su vez nos hace llorar de tanta realidad patetica. Que buena la parte en  la que el tecnico te roba jajajaja lordisneidys cono e la madre que buen potencial tienen, mucho exito para los 2

  • http://www.facebook.com/people/Angel-De-Jesús/630416028 Angel De Jesús

    vaya nombre O_O Lordineydis hasta difícil de pronunciar xd,  pero esa historia excelente como siempre. 

  • Mario Bilotti

    Y ahora todos los comentarios salen con la foto del horde baby!

  • http://www.facebook.com/people/Ralwins-Rodriguez/1128010609 Ralwins Rodriguez

    JAJAJAJAJA MENOS MAL QUE EL HTC TAMBIEN NO TENIA UN TONO DE AVENTURA JAJAJAJA… AUNQUE FUERA SIDO MEJOR LO FUERAS ESCOÑETADO Y NO TE LO HUBIERAN BAILADO… MIRA Y ME CONCEGUI UN BB CUAL ES ESE TECNICO PONME EN CONTACTO….

  • Jean Pierre Garbi Rengifo

    Muy buen post Gabriel, llevo horas riendome jajaja

  • Anónimo

    Jajajaja, es que puse esa foto por defecto a todo aquél que no esté con avatar logueado. Me parece que el simpático bebé grita rebelde y obstinado al mundo que se niega a loguearse, jajaja. 

    Saludos!

  • Ari

    Excelente historia gabo!!!!

  • Ari

    No hay que  caer en la tentación de un cell XD jjjjjjj

  • Javier

    Muy buena crónica fabulada, pero me imaginaba un final más profundo, no la simple canción del celular como el punto de quiebre para decidir el devolver o no, el celular. 

  • Mafe

    excelente, me encantó <3 me sorprenden tus escritos, cada vez son mejores! Felicidades gabo!

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  • http://twitter.com/EmirJesusGS Emir Jesús Gotera

    Gabriel se te fue un detallito, dijiste que te habías montado en un carrito y luego dices: “tomé el cerebro del aparato y lo estrellé contra el costado oxidado del autobús, 
     reventándolo en varios pedazos que también fui arrojando por la ventana a lo largo del trayecto.”  Igual el escrito me hizo cagarme de la risa como siempre, jajajajajaja.

  • Anónimo

    ¿Cuál es el detallito, Emir?

  • MarianelaP

    Jajaja! Me quedó clarisimo que odias el grupo de “música” aventura. 
    Aunque no venga al tema, ¡Te descubrí! Se que eres un niño de 11 años tratando de ser hombre  a traves de estas publicaciones. En realidad Elena es tu mami, y te complace en lo que quieres, el buen léxico que aparentas tener se lo debes a google y a un pobre diccionario Larousse que te encontraste en un bus, yendo a petare. Elena vende avon y tu padre herbalife, cuando eras pequeño te obligaban beber estos productos y te hacían creer que un era un tetero normal, de allí viene tu odio. No me engañas, esa cara de bebé no se puede ocultar. JAA! Just kidding!
    Me declaro adicta a todo lo que escribes. Me puedo quedar una noche entera leyendote a ti y a Elena (gracias a su blog, encontré este).
    Por cierto, espero muy pronto tu libro, si Diosa Bruta Canales sacó uno, déjame decirte que hasta el mendigo del frente también puede.
    Un abrazo, desde Mcbo;)

  • Anónimo

    Verga, no todo lo que dijiste está tan lejos de la realidad, jajaja; pegaste algunas. Me alegra que hayas llegado a este rincón, gracias al blog de Elena, Muchos de sus lectores llegaron gracias al mío, así que me parece que es hora de hacer justicia. 

    Esperemos que el gobierno me financie mi libro; aunque seguramente me chantajean y lo condicionan con mi voto, pero bueno, qué coño.

    Un abrazo desde Caracas!

  • http://twitter.com/ArlettSalazar Arlett Salazar Rojas

    Gabriel, cuánto es que debemos pagar para que publiques tu libro? 
    Me reí muchísimo!

  • Brayhan

    Que ibas en un carrito y despues ibas en un autobus….
     Igual el escrito me hizo cagarme de la risa como siempre, jajajajajaja.

  • Anónimo

    Para mí son sinónimos, realmente. Pero supongo que ven al carrito por puesto como el pequeño y al autobús como el más grande, ¿no? Avise; puede ser acomodado, para evitar confusiones a otros lectores. 

    Saludos.

  • Anywabla

    Yo me la paso descargando vainas pirateadas pero pagaría para que publiques !  demasiado arrechera da que existe gente así, pero esta buenísima tu historia

  • http://twitter.com/miguelrojasucv Miguel Rojas

    Y el chamo de Chacaito ni un heladito te brindó? jajajajaja excelente como siempre…

  • Anónimo

    Ni eso, Miguel. Ser superhéroe es una mierda…

  • http://www.facebook.com/daniela.LFM Daniela López-Fonseca Mijares

    samoooooo? que buen rato se pasa en este blog, que bueno encontrarte por acá jajaja…

  • Anónimo

    Mi blog reencontrando amistades desde 2009. Me encanta. Saludos a ambos, vale, gracias por estar por estos lados.

  • http://www.facebook.com/profile.php?id=502695758 Xondra Gálvez

    yo me meo de la risa amarga porque mucho de lo que cuentas se parece a mucho de lo que yo vivo, especialmente lo de huevon que se murio de hambre porque nadie le quiso dar empleo y huevon que reclama en un pais donde reclamar tus derechos es de idiotas.  En serio, no pense que esta patria grande y brava, que este mundo feliz generase dos de un mismo tipo de loco.

  • Rafa

    La historia de José me conmovió.

  • http://twitter.com/TodoConK TodoConK

    Muy buenas tardes amigo, finalmente encontre mi celular en este blog, y el triste final que ha recibido el mismo, no soy José ni Jackson Alian, pero has destrozado sin piedad mi humilde telefono bachatero.

    Por favor, espero que puedas recoger las piezas de mi humilde abonado y devolverlo en un acto de honor y respeto a mi persona. Ahora me ha tocado comprarme un ZTE 366 que me robaron a los pocos dias y tuve que cambiarlo por un Vetelca S265 (Solo para conocedores)

    Bueno amigo, espero recibir pronta respuesta del status de mi equipo ya que lo necesito para recuperar los contactos.

    JAJAJAJAJAJA excelente blog mi pana!
    Nuevamente saludos!

  • ita

    Dita bachata!

  • http://www.facebook.com/profile.php?id=771344393 Andres Yalastasi

    Tiene potencial para una película, quizás algún documental. La acción al momento de partir el celular junto al romanticismo de Jackson violando a Lordineydis es conmovedora, al igual que la triste imagen de José el zapatero que reside en la mente de los utópicos más ingenuos. 

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    Tiene potencial para una película, quizás algún documental. La acción al momento de partir el celular junto al romanticismo de Jackson violando a Lordineydis es conmovedora, al igual que la triste imagen de José el zapatero que reside en la mente de los utópicos más ingenuos. 

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    Tiene potencial para una película, quizás algún documental. La acción al momento de partir el celular junto al romanticismo de Jackson violando a Lordineydis es conmovedora, al igual que la triste imagen de José el zapatero que reside en la mente de los utópicos más ingenuos. 

  • Robers

    chamo era un autobus o un carrito por puesto?

  • Alfcarrero

    pana, que tal? casualidad de la vida me llego una cadena con la realidad de venezuela, me pude reir jajaja vi el sitio web en los creditos me meti en la pc a ver q tal y lei esto jajaja exitos broo