La empresa odia el sarcasmo…
Debes guardar silencio, Gabriel, eso de protestar y reclamar tus derechos es muy de Globovisión, muy de abuela reclamando en Locatel que le subieron el precio a las pastillas de la tensión. Es mal visto por los que tienen el poder, ¿por qué te cuesta tanto entenderlo? Deberías tenerlo más que claro, creo que ya Chávez te ha dado suficiente tiempo para que te sitúes en el perímetro y comprendas en dónde vives. Nada debería sorprenderte a estas alturas.
Pero sí, me sorprendió que hace dos semanas no hubo agua potable durante cinco días en la oficina. Yo sospecho que se trataba de un experimento de la empresa, en el que estudiaban cómo influye la humillación del empleado en su desempeño laboral. Desde mi óptica, el experimento arrojaba un claro resultado negativo de malestar en los empleados; sin embargo, creo que a la empresa le agradó este efecto y decidió llevar su estudio a un nivel superior.
Así que, la semana pasada nos dejaron sin papel sanitario. Días difíciles en los que las mujeres caminaban lento, con dificultad, con ligera separación de piernas. Muchos machistas especularon que se podía tratar de sexo rudo propinado por sus parejas en las noches, pero esta hipótesis perdió toda credibilidad la tarde en la que encontré la papelera del baño colmada de servilletas baratas de cocina llenas de sangre: sí, mis compañeras se estaban volviendo mierda la vagina cada vez que iban a orinar.
Imagino el clítoris de ellas hinchado, irritado, con múltiples llagas que no paraban de pulular sangre. Algunas me confesaron que no sabían si se les había ido la regla o se trataba todavía de los daños vaginales causados por la suerte de lija limpiadora. También está el lamentable caso de nuestro mensajero, José, un pobre señor de más de cincuenta años que salió de emergencia en una pequeña ambulancia de Rescarven: tenía la higiénica costumbre de limpiarse la punta del pene luego de orinar; al parecer se desgarró el frenillo con la servilleta. Esperemos que no tengan que amputarle el pene.
Yo me mantenía al margen, pero una tarde tuve que cagar y pedí en la cocina algunas de estas servilletas. ¿El resultado? Pues un par de hemorroides se asomaron a saludar a los pocos segundos. Al llegar a casa dudé de mi sexo: el boxer blanco tenía un charquito de sangre, pensé que me había bajado mi primera menstruación. Me había puesto contento, lástima.
Amigos, al cuarto día sin papel no aguantamos, mis hemorroides y yo decidimos expresar nuestro descontento. Hay tres baños en la oficina, así que decidí poner en ellos los avisos que seguramente la empresa quería poner pero que no se atrevía por pena. Debo decirles que en mi trabajo somos como veinte personas, así que no fue muy difícil que pasaran por mi puesto preguntando si yo era el responsable, a lo cual respondí que sí con una retadora y elegante sonrisa.
Todo lo anterior pasó, de verdad. También esto es cierto: aún los directores están discutiendo si seré despedido. Sería chimbo en parte, volver a la época de pornos y tres masturbadas diarias no es productivo.
Cuando alguien exige sus derechos es marcado, tal cual como marcan al ganado, así de tosco. No importa el tener argumentos; uno es el polémico, el rebelde, el que tiene un peo grave en la cabeza y debe ser despedido. Se requieren personas mudas y domesticables.
Son pataditas de ahogado batallar contra el sistema… pero mis hemorroides y yo pensamos que dejar de hacerlo sería contribuir con la grave distorsión cerebral e hipertrofiado ego de algunos seducidos por el poder. Mejor seguimos pateando.
Etiquetas: a lo mejor me quedo desempleado nuevamente, cagar y sed son nuestras primeras necesidades bien lo dijo el libertador, el mensajero perdio el pene le cayo gangrena lamentablemente, la empresa odia el sarcasmo

