“Abuelita del cielo”: mi carta postulada este 2012…
Llegó nuevamente el prestigioso, reconocido y letrado concurso “Cartas de amor”, de Montblanc. En el 2011 fui derrotado, amigos, ustedes muy bien lo saben. Sin embargo, también les señalé en un post que regresaría, que no me quedaría tirado en el campo de batalla escupiendo sangre mientras agonizo. Pues aquí estoy, rodilla en tierra, con mi escrito listo, ya postulado. Es el escrito que les presenté en aquel post amargo, en el cual lloramos juntos y lamentamos mi fracaso en esa participación. Obviamente, merecía perder; era inmaduro, torpe con las palabras, tosco al plasmar mis ideas: ¿qué es eso de querer cogerme a un cerebro? Solo a mí se me ocurre semejante cochinada.
Pero bueno, ya basta de recordar el pasado. Hoy postulé mi carta en el afamado concurso y, lleno de mucha emoción, quiero compartirla con ustedes. Quiero que juntos vivamos este momento, ya que, estoy convencido de que el triunfo será nuestro. Aunque antes la carta debe ser aceptada por el meticuloso jurado. No hay razón para preocuparse, ¿no?
Abuelita del cielo
Querida abuelita Carmencita:
Hoy se cumplen dos años de tu triste partida. Te mentiría si dijera que no me haces falta, pues el vacío que has dejado en mi corazoncito es inmenso. Ya tengo ocho añitos. Bueno, qué tontita soy, obviamente sabes la edad que tengo, ya que estás muerta y desde allá, en el cielito al lado de Papá Dios, me estás viendo en todo momento.
Hoy me senté en tu mecedora toda la tarde, abuelita. Lloré un poquito, pero me trajo muchos recuerdos bonitos de cuando me sentabas en tus piernas y me enseñabas a leer y escribir. Gracias a todas esas enseñanzas, hoy es posible que te escriba esta cartica, abuelita linda. Quiero aprovechar la ocasión para compartirte un secreto: creo que estoy enamorada. Sí, abuelita, sé que debes haber pegado un grito enorme que despertó a los angelitos allá arriba, pero es algo que no sé cómo explicar. Lo conocí en mi escuelita, su nombre es Gabriel. Le dicen “El Benjamin Button”, aparentemente porque no envejece; y bueno, lo creo, ya que tiene una cara de bebé hermosa, abuelita, es lisa y parece como si llevara talco en ella de lo suave que es. Cuando se pone a mi lado siento maripositas alborotadas en mi estómago; bueno, también un poco más abajito, como si me estuviese orinando, abuelita. Me robó un besito la semana pasada en el recreo, me asusté cuando lo hizo, pero me gustó mucho el sabor a dulce de su saliva. Al terminar de besarme me metió su lengua en la oreja, profundamente, por cierto. Le di las gracias, tú siempre me dijiste que es importante tener aseados los oídos, para evitar infecciones y demás.
Creo que me he enamorado. Creo que él también lo está. Tiene catorce años, es delgado y muy amable conmigo. Me dijo que quería llevarme esta semana que viene a un sitio más tranquilo, para que estemos solos y poder hablar sin el ruido de los niños del colegio. Me comentó que era una cabañita bonita en una zona llamada “la calle de los hoteles”. Ando ansiosa por esa salida, abuelita, sé que podremos hablar y jugar Monopolio toda la tarde; te estaré comentando qué tal nos fue.
Todos aquí estamos bien, abuelita. Bueno, mamá tú sabes que se la pasa viajando por el trabajo, a veces dura semanas sin venir a casa. Pero bueno, la entiendo, cuando espío sus conversaciones por teléfono (no vayas a decirle) he escuchado que la contratan en yates y despedidas de solteros. No sé de qué se traten esas despedidas, pero supongo que es gente que morirá como ocurrió contigo, abuelita, y entonces mami se encarga de organizar los trámites con Diosito para que los reciban bien allá. La última vez que vino a casa tenía sus tetitas más grandes, eran duras también. Me dijo que le crecieron por unas vitaminas que tomó.
Igual no me pongo triste, abuelita, ella deja a Alfredo cuidándome. Él me cuida muy bien; al comienzo no me agradaba tanto, tú sabes, me costaba aceptar que sería mi padrastro y desplazaría a mi papi. Pero luego de tu muerte él ha sido muy cariñoso conmigo, muy atento. Se encarga de bañarme todos los días cuando llego del colegio, así como tú lo hacías, abuelita. Creo que es hasta más meticuloso en el aseo personal que tú, abuelita, él no me enjabona como tú hacías desde afuera; no, él entra conmigo. También enjabona zonas que tú no hacías. No te sientas mal por eso, pero es la verdad, él pone más cuidado y atención: él se enjabona generosamente su dedo índice y me lo mete en la “toto”, como tú la llamabas. Ahí comienza a sacarlo y meterlo varias veces, hasta que yo siento algo sabrosito y extraño. Él dice que es la salida del sucio y la mugre, que causa placer y cosas ricas. Sí, definitivamente ser aseado y estar limpio es rico, abuelita, tú siempre sabiamente me lo decías. Luego de unos cinco minutos, Alfredo cierra el grifo y señala que me tumbe boca arriba en la bañera. De repente su pipicito comienza a crecer, abuelita; lo tomo entre mis manos y siento como late, como se hincha. El forrito de piel que lo protege se queda corto, y veo cómo su cabecita roja queda al descubierto, totalmente expuesta. Es gracioso el huequito que tiene en el medio, siento como si fuese un ojito que me observa silenciosamente. Me dice luego que su pipicito está sucio, que debe meterlo en mi toto para lavarlo con el jabón que dejó previamente con su dedo. Debe tenerlo cochinísimo, abuela, porque lo lava todos los días. También debe dolerle un poco, porque grita con desespero en el momento final del proceso.
La miseria continúa, abuelita. Veo que la gente pasa mucha hambre y trabajo. También hablan de escasez de productos en los supermercados, en especial la leche. Gracias a Dios que mami dejó a Alfredo aquí en casa, él es muy inteligente, abuelita, consiguió una manera de fabricarla. En las noches, luego de cenar, él me lleva a mi camita y jugamos un jueguito que bautizamos “ordeña mi vaquita”. Él se saca nuevamente su manguerita graciosa, que luego de bombearla mientras la mete en mi boquita una y otra vez, se pone dura y finalmente saca leche. No es mucha la cantidad, pero algo es algo, abuelita. Él me dice que con eso creceré sana y fuerte, que son las proteínas necesarias para cualquier niña de mi edad. Al comienzo no me gustaba mucho su sabor, no sé, no sabe como la que me comprabas en la panadería, esta es un poco más aguadita. Hay algunas mañanas en que la acompaño con algunas hojuelas de cereal, por lo general los días que tengo educación física, así voy con mucha energía y logro correr más que mis amiguitos.
Bueno, abuelita, ya es de noche, no escribiré más, Alfredo me está llamando para jugar a la vaquita. Te mando miles de besitos, y te pido que desde allá arriba me protejas junto a Diosito, como lo han venido haciendo. También protege a Alfredo, él me cuida mucho mientras mami trabaja en las despedidas para los futuros angelitos que van para el cielo.
¡Besos, abu, te quiero mucho!
Etiquetas: el concurso mas prestigioso y justo de venezuela, este año ganara el familiar de quien, no tengo duda de que este año ganare ese boligrafo kilometrico plus, nuevamente concurso cartas de amor


