Diplomado…
En el 2003 me inscribí en un curso de contabilidad en el Centro Contable Venezolano, en Chacaito. En esos años yo estudiaba de lunes a jueves administración de empresas en la universidad, así que agarré el turno de los sábados a las 8:00 a.m. para que no me chocara con ninguna materia. Yo sabía muy bien el peo en que me estaba metiendo con ese horario, pero ni recuerdo qué me dije para mojonearme, convencerme y hacer esa estupidez. La primera clase de contabilidad di un impecable concierto de bostezos; hasta el extraño chorrito de saliva que a veces sale involuntariamente cuando abres la boca como un caimán se lo disparé en la nuca al que tenía adelante. El sábado siguiente iría preparado, así que me acosté la noche anterior como a las 9:00 p.m. Desperté activado, tomé un buen desayuno y un baño de agua fría para ir bien despierto. A media mañana ya andaba con dolor de cabeza, sueño y no entendía un carajo. Comencé a odiar profundamente la contabilidad. Esa tarde salí muy obstinado; recuerdo que todo el regreso a casa escuché Slipknot a todo volumen. Eso tenía cambiar, debía hacer algo.
Y lo hice, el sábado siguiente cuando sonó la alarma, tan solo desperté, la desactivé y seguí durmiendo hasta las once de la mañana. Más nunca volví a ese castigo. Así de radical e irracional fui.
Doy este preámbulo para que ustedes se hagan una idea de lo delicado del asunto. Y es ahí, en esa intocabilidad sacrosanta que tienen los fines de semana para mí, donde radica la importancia de dejar registro escrito de este acontecimiento irrepetible y único en la historia: renuncié a mi libertad durante 22 sábados, y esta vez no me rendí en el camino. He culminado satisfactoriamente el diplomado de gerencia en seguros que estaba haciendo los sábados, con horario de 8: 30 a.m. a 4:45 p.m., y que comencé el mes de septiembre de 2011.
El diplomado vino en combo, con papas y refresco grande: talleres, exámenes, estudiar al caletre, exposiciones, trabajos, interrogatorios y, lo más extremo y desgastante, pararme esos 22 sábados a las 5:45 a.m. Recuerdo un sábado en el que Elena y yo a las 8:45 p.m. ya estábamos acostados durmiendo. Todos los sábados en la noche pasaron a ser curas de sueño. Se podrán imaginar cómo llegaba de las clases. Gracias por tu paciencia y apoyo, Elena, compartiré mi aumento de sueldo contigo de alguna forma, ya verás.
Así que, informo que se cierra este ciclo, el cual deja mucho aprendizaje, gratos recuerdos, y también muchas ronchas gastronómicas a la hora de almorzar y deambular por las aceras de La Florida y Sabana Grande. Hasta en un ranchito-burdel nos metimos un sábado a comer: las mesoneras andaban con la lipa afuera, en pantaletas grises (o blancas con sucio) y sandalias. Había como una máquina de póker al fondo, en la que el cráneo de un borracho reposaba sin conciencia alguna. Estábamos un grupo como de doce personas, ya sentados, leyendo el menú. Solo le hice señas a otro pana, nos levantamos sin dar explicaciones y logramos huir del recinto. No sé, creo que hay un momento para todo: o como comida descompuesta y vomito, o me practica sexo oral una puta indigente y vomito; pero todo junto es como medio enfermo y excesivo. Fuimos tan temerarios, que hasta en la feria del C.C. City Market comimos las últimas semanas. Hasta diarrea le dio a alguien por ahí.
Asimismo deja la amistad de buenas y sencillas personas que compartieron conmigo el inhumano castigo; víctimas, mártires, héroes; personas osadas que, como yo, regalaron su libertad y ocio de los sábados, buscando sacar un diplomado que permitiera un aumento de sueldo de al menos 300 Bs. y así tener pal fresco, dos canillas, el desodorante y los condones o pastillas anticonceptivas correspondientes. A los “forever alone”, pues les quedará el restante para el ahorro. Enhorabuena.
Etiquetas: ahora sí más nunca vuelvo a estudiar, aumenta tu sueldo haz un diplomado, no coman en la feria del city market, ya compré mis canillas y los condones me quedé limpio de nuevo


