Mientras vomito…
Logro salir del cuarto sin que Elena se levante. Me levanto la franela y la barriga está inflamada, su aspecto da risa. Repito desde hace horas el sabor de unas galletas María que me comí en la tarde en la oficina. Ocho láminas de manteca, para ser preciso. Me acosté sin cenar, con quebranto y escalofríos. Elena sí comió, ella está perfecta. Nos quedamos dormidos alrededor de las 10 p.m.
11:17 p.m. Aquí estoy, con diarrea y náuseas. No sé si permanecer sentado cagando o debería lanzarme una de contorsionista y mantener un pequeño giro al estilo de Regan en sus mejores segundos de El Exorcista. Sé que no puedo orinar y eyacular al mismo tiempo; pero… ¿será que el cuerpo humano es tan absurdo que podría antojarse de cagar y vomitar simultáneamente? No me extrañaría. Si anda con esta actitud infantil por comer unas galletas, pues podría esperar cualquier cosa.
Me siento, me levanto, me siento, me levanto. Es como un baile de merengue solitario. Llevo unas cinco cagadas y la barriga sigue con esta penosa facha. Parezco un jugador de sóftbol criollo, luego de su victoria y digna celebración cervecera.
Uno en estos momentos cae en un extraño retroceso de razonamiento y elaboración de ideas. Es como si el cerebro resultara perjudicado por estas aventuras estomacales. Pienso estupideces, ando más dormido que despierto, en una dura vigilia que espera un vómito inminente. Quiero vomitar, pero soy terrible induciendo esta acción. Recuerdo que justo hace unas horas estaba viendo un episodio de Tabú en Nat Geo, en el que hablaban de la exquisitez culinaria y peligro que representan el comer pez globo. La potente toxina de este pez se conoce como tetrodotoxina. Los japoneses alegan que además del placentero sabor del pez, la adrenalina que acompaña el comerlo es muy gratificante, ya que juegan ligeramente con la muerte. Desde que está reglamentada su preparación varios japoneses se han despedido con ese último gusto, aunque ya en la actualidad el número de muertes ha disminuido considerablemente. Todo depende de la meticulosidad y el conocimiento del chef a la hora de cortarlo, sacar el hígado, los órganos sexuales y el intestino, y raspar muy bien la piel (sitios donde se aloja la toxina). Pero nunca falta un chef agüevoneado que la cague y envenene a los comensales, pues.
Les digo todo esto porque mencionaron el caso de un pescador que se intoxicó con pez globo y enseguida ingirió petróleo, logrando inducir el vómito y salvar su vida. Petróleo, panas, petróleo. ¿Leyeron bien? Yo me intoxico y me enfermo con unas galletas; él salva su vida tomando petróleo. Tomaría petróleo en este momento, pero no me queda en la alacena.
El estómago no está teniendo una batalla fácil, el silencio del baño me permite escuchar sus gritos. Siento que algo va subiendo, acompañado de agresivas contracciones en su interior. He comenzado a sudar frío, el cuerpo me comenzó a doler de repente. Estoy acelerado y asustado. Me limpio el culo de nuevo, ya hasta sangre me sale. Me tumbo al piso rápidamente, cual bulímica dramática. Viene una violenta arcada que sirve de preámbulo al evento. Vomito. Comienzo a toser, me ahogo. Vuelvo a vomitar y siento un desgarre muscular en el trapecio, justo en su unión con el cuello. Con una mano agarro el borde del lavamanos; con la otra tiro de la tela floreada que adorna la tapa de la poceta, como si ello significara el fin del vómito y me permitiese recuperar el aliento. Se acabó el segundo asalto y respiro agitadamente. Siento latir mis ojos; también se me duermen las extremidades y hay un desagradable hormigueo. Maldigo sin parar. Presto atención a una baba que quedó guindando en mi labio inferior y llegó a conectarse con la mezcla pastosa de la poceta. El colmo sería que me tragara heces fecales para ponerle más diversión a la fiesta, así que escupo a tiempo, antes de ser víctima del efecto yo-yo que tanto nos divierte cuando estamos solos y tomamos refresco.
Sé que volveré a vomitar. Me levanto y me miro al espejo: los ojos me lloran y están bastante rojos, parezco un marihuanero que dejó sus gotas de blanqueamiento ocular en la gaveta. Sería una excelente prueba de amor levantar a Elena y pedirle un beso en este decadente estado.
Algo viene subiendo nuevamente. Intento jugar a ver qué coño pienso mientras vomito. No sé, a lo mejor ocurre como esas historias que cuentan de que antes de morir ves toda tu vida pasar en cámara rápida. Este vómito fue bastante largo. No me pasó ninguna película ante mis ojos, ni siquiera alguna escena de cuando gateaba. Lo único que pensaba era en cuándo se detendría el infeliz vómito y volvería a respirar. Disfruto mi momento dramático, respiro y me dejo caer para atrás, recostándome de la pared. Soy un jodido ganador. Si fumara, este sería un momento perfecto para prender un tabaco.
Sigo pensando en idioteces. El tema más recurrente es la cara del mongólico del meme de “me iría demasiado”. Qué arrechera, pana, esta vez todos abusaron. Se les fue la mano. Hicieron trending topic a los pendejos estos, bombardearon las redes sociales con memes, críticas y burlas, no descansaron ni un minuto de hablar del jodido tema; invadieron cada rincón de nuestra agradable vida digital y ahora el maldito video se presenta mientras duermo, mientras cago, mientras vomito. Ya uno se tomó el problema existencial de ellos, ya es tarea de mi cerebro pensar en ellos. Ahí es cuando maldigo internet. Ellos se quejan de no poder rumbear en la madrugada; yo me quejo por estar cagando y vomitando a las 12: 53 a.m. mientras me caigo del sueño. Cada quien con su rollo, como dicen.
Cago por sexta vez, y en honor a la idiotez, recuerdo a la intensa del video con su origami. Yo quisiera que mi organismo fuese ese tonto origami: lo tendría en mis manos, lo voltearía y dejaría caer el excremento diarreico, los restos de galletas que queden en mi organismo y el terrible recuerdo de este documental de mierda del que nadie deja de hablar.
Caracas, ciudad de indigestión.
Me cepillo y regreso a la cama. Esta vez Elena sí se despierta.
─Amor, tengo diarrea, cagué un coñazo de veces. También vomité tres.
─Mierda… ─dijo Elena con la lengua enredada y los ojos cerrados.
Mi novia no me para bolas cuando me enfermo… Me iría demasiado.
Gabriel Núñez
Etiquetas: bajenle dos ya al video por favor, me iria demasiado maldito video viral, necesito un modess para el ano no quiero llenar las sabanas de sangre, ya se jodieron las galletas maria también otro alimento vetado

