Infografía del emigrante venezolano: legalización de los documentos
Cuando comenzó a gestarse todo este proyecto fui a un despacho de uno de estos abogados que tiene su empresa para legalizar y apostillar documentos. Un gestor proxeneta con corbata, pues. Recibe tus documentos, pega tres gritos a su red de gestores contratados, los despliega por los ministerios y listo, sacará tus documentos. Pero no sin antes sacarte unos 600 Bs. por trámite.
Para que se hagan una idea: si Elena y yo hubiésemos legalizado nuestros documentos con este gestor, la cifra daba unos 16.000 Bs. Por ese precio seguro piensas que incluía el llevarnos cargados a Maiquetía. Pero no.
Desde ese momento supimos que no le daríamos ni dos bolívares a este depravado. Renunciaríamos a nuestros trabajos y nos dispondríamos con toda la paciencia del mundo a preparar lo necesario para al menos irnos con los papeles en regla. Ya bastante dura es la etapa de emigrar; pero puede ser mucho peor si llevas puras hojas de adorno, no teniendo nada apostillado.
Esta labor de gestoría requiere de tu tiempo y paciencia. Es la antesala que te prepara el Estado para ver si son genuinas tus ganas de irte. Algunos con rodillas débiles caerán llorando por las escaleras del Registro Principal de Miranda en El Tambor. Otros se desplomarán botando espuma por la boca en el centro de Caracas; sus rostros caerán sobre algún vómito indigente de la acera.
Con esto no quiero asustarte. Pero sí que estés preparado mentalmente para lo que viene; que te entrenes, que dejes la mariquera. Comienza cagando y orinando sin bajar luego la palanca de la poceta. Mantén esos mojones recolectados durante tres días. Ahora enciérrate en el baño, levanta la tapa de la poceta, asoma tu cabeza a los desechos fecales y toma una profunda inhalada de aire. Darás arcadas, pero mantente fuerte, no te quiebres. Al cabo de una semana ya estarás capacitado para enfrentarte al centro de Caracas. Ningún olor te perturbará, ninguna diligencia estará en peligro.
Toda esta etapa de legalización tarda unos dos meses aproximadamente. Vívelos, siéntelos, rueda con ellos hasta lo más profundo de la desidia y la oscuridad; pero luego regresa más fuerte, con la frente en alto, con tu carpeta llena de documentos sellados. Límpiate la sangre de la cara, indúcete un vómito. Tírate en el piso, llora. Luego levántate; báñate, aféitate. Lo lograste.
Información amigable y centralizada sobre este conjunto de trámites que se deben realizar, no hay. Por lo tanto, se nos ocurrió dejar un grano de arena suelto en la red. No somos los primeros; y tampoco seremos los últimos en querer aventurarse fuera del país.
La siguiente infografía es nuestro aporte para todos los próximos en dar ese difícil paso. Todo esto, basado en nuestra experiencia obtenida en estos dos largos meses. Guárdenla, compártanla. Esperamos sirva de ayuda.
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