De por qué recapacité y decidí quedarme…
Lo primero, es disculparme por mis fuertes palabras en mi post de las divagaciones financieras. No fue mi intención ofender a nadie.
No solamente estacionarme en esas disculpas, sino más bien agradecer a todos aquellos que me criticaron con rudeza. A ellos les debo el haber llegado a ese momento de lucidez que me permitió recapacitar y, hoy por hoy, retractarme de muchos señalamientos que hice.
No es fácil venir a pedir disculpas públicamente. Se requiere gallardía y humildad. Espero que mis consecuentes detractores me den, al menos, el beneficio de la defensa. Y a todos los que siempre me han apoyado, pues nada, que entiendan y respeten esta decisión.
He decidido quedarme a luchar por el país. Entendí que la lucha consiste en repetir lo mismo que ya venía haciendo durante años: ejercer mi profesión, trabajar y seguir percibiendo un salario que se gasta en productos de aseo personal en Farmatodo. Comprendí que de esa manera es que todos los jóvenes echamos adelante al país. Fui gafo y obtuso, ¿qué más puedo decir?
Todo ocurrió a los pocos días de haber publicado ese nefasto post. Abrí los ojos con dificultad. Estaba sin ánimos, totalmente deprimido. Eran las once de la mañana. No me había bañado en dos días, ese bombardeo de comentarios negativos me dejó sin fuerzas. Me intenté arropar para seguir durmiendo. El interior de mi sábana escupió un vapor apestoso de orine y semen rancio. Recordé que soñé pendejadas en las que tenía sexo con prostitutas de un burdel del centro de Caracas. Todas las empleadas eran exnovias mías. No todo fue placentero, muchas de esas exnovias tengo más de quince años sin ver. Entonces se me aparecieron unas con chemise azul; otras con blanca. Y yo desbocado, pues. Una maldita pesadilla pedófila nostálgica intensa, muy intensa.
En una de tantas penetradas sentí que me orinaba y pues me empatuqué durmiendo. Todo por culpa del jodido post, si nos ponemos a analizar. Días de depresión, encierro, nada de sexo marital. Excesiva producción de semen sin los usuales canales de distribución.
Entonces ese olor me hizo entrar en razón. Los comentarios negativos del post comenzaron a revolotear nuevamente en mi cabeza, pero esta vez no me lastimaban. Más bien me reconfortaban y me llenaban de paz. Sabía que había tomado la decisión equivocada, y que por suerte estaba a tiempo de enderezar todo.
Me di un baño de vaqueros. Me eché mi mejor perfume y salí corriendo rumbo al Metro de Petare. En el trayecto compré una manzana roja a un buhonero. Le di un buen mordizco sin lavarla. Miré al cielo mientras masticaba, cerré lo ojos y sentí al tragar como el smog raspaba mi garganta. Con la lengua, le hice cosquillas a decenas de parásitos confundidos.
Entré al Metro mientras comía mi manzana. Tenía unas ganas enormes de explorar y disfrutar todas esas cosas que siempre critiqué pero que a nadie más incomodaba. Estaba claro que era un nuevo Gabriel. Podía ver todo más claro, con una belleza y sutileza absoluta.
Venía llegando el tren. Corrí a la punta de este, quería montarme en el vagón de la dignidad. Me percaté de que había un puesto azul libre. Me senté, quería vivir esa sensación de compartir con mis otros 15 compañeros de asientos de dignidad cómo era el asunto de sentarme en un puesto digno sin ser de tercera edad ni estar embarazado.
Me bajé en Altamira. No había desayunado formalmente. Me pareció que debía celebrar con el alimento “punta de lanza” de cualquier chovinista: arepas. Recordé que había un Budare de La Castellana ahí mismo, pero antes pasé por un kiosco. Me senté y tenían puesto en el televisor Meridiano. Era perfecto esto, porque sin ser fanático de ningún deporte, pude sentir un hormigueo en mi estómago al ver imágenes del último juego en el que ganaban los Leones del Caracas. Entendí que finalmente el patriotismo se comenzaba a apoderar de mí.
Llamé al mesonero y le prometí una buena propina si accedía a mis demandas. Y accedió.
A los diez minutos se apareció con su bandeja, soltando en mi mesa la arepa más preciosa que he visto en mi vida. El relleno se dejaba ver perfectamente, todos los ingredientes con armonía se mezclaban. El Cheese Whiz y el Diablitos eran la capa base, y sobre él reposaban dos panelas de Samba de fresa, una de Cocosette, cuatro bolas de Toronto y tres bastones de Pirulín. La acompañé con un vaso de Ponche Crema.
Me regresó el espíritu al cuerpo. Pedí un palillo de dientes para quitarme el resto de chocolate de los dientes. Mientras, bromeaba con otro mesonero sobre el beisbol venezolano. No sé cómo, pero me salían chistes estúpidos donde le decía que el barquito a Magallanes se le hundía, que comí sopa de Tiburones, entre otras pendejadas de fácil elaboración.
Pero algo me faltaba. Pagué la cuenta y me fui corriendo con dirección al Ávila. En el trayecto llamé a Elena y le dije que tendría que irse sin mí, que lo sentía, que le explicaba luego con calma. Llegué a la entrada de Sabas Nieves. Me quité los zapatos y comencé a subir descalzo.
Cuando alcancé una altura aceptable, me desnudé completamente y me dejé caer de nalgas en la tierra. Me arrastré y empecé a dar vueltas en bajada. Podía sentir como toda esa energía del Ávila me entraba por los poros. Frotaba mis manos en la arena y me las pasaba por la cara y el pene. Me masturbé y le acabé en la cara a un tronco que se atravesó en el camino. Realmente estaba impregnado de toda esa inmensa magia y energía positiva del cerro. Estaba bendecido, nada ya podría salir mal. Mi Ávila me protegía.
Al llegar a casa, Elena se encontraba con mi mamá en la cocina. Ambas se pusieron a llorar cuando me vieron con la cara llena de tierra y algo de semen seco. No di explicaciones por mi apariencia, solamente busqué mi pasaje y se lo entregué.
“Lo siento, amor. Venezuela me necesita, este es mi país y aquí me quedaré luchando. Además, Venezuela es el país más feliz y hermoso del mundo, ¿por qué me iría de algo así? Te invito a recapacitar, también estás a tiempo. Como tu esposo que soy, te suplico que lo hagas”.

Sí, claro…
Feliz día de los inocentes, Venezuela.
Gabriel Núñez
Etiquetas: cambie de opinion, la arepa chovinista no olvides prepararla, necesito el perdon de mis detractores por favor, soy humano me equivoco

