No todos te salvarán

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Porque una cosa es ser devota; otra, muy diferente y penosa, ser pendeja.

Entonces veo cómo muchas personas se encaprichan con santos equivocados o representaciones inútiles de nuestra Virgen María. Sí, lo sé, son palabras duras y más de una amiga dejaría de hablarme si leyera esto. ¿Acaso creen que no tengo miedo escribiendo esto? Pero las cosas como son; además, considero que puedo aportar mi grano de arena en evitar fatalidades por veneraciones inservibles.

Seguro que ya me andan señalando y tildando de satánica o atea. ¡Pues déjenme decirles que jamás sería seducida por el diablo o ninguna basura científica de depravados que dudan de la palabra de nuestro Señor! Es más, allá afuera hay una cuerda de ateos ignorantes sueltos que nos tildan de arrogantes y ciegos. Una vez escuché a uno diciendo que cada persona religiosa se siente exclusiva e intocable gracias a su Dios personal, y que si yo veo a cinco católicos rodeados de tragedias y fatalidades, yo me sentiría lejana a todo eso, teniendo la certeza de que mi Dios no me abandonaría como hizo con ellos.

Y todo eso es basura, por supuesto. Ojo, yo sé que a millones de creyentes y sinceros feligreses les ocurren cosas malas, eso yo lo sé. La cosa es que los motivos yo los tengo claro. Y no me siento intocable por arrogancia o ceguera, me siento así porque sé que hago las cosas como debo hacerlas, y que no caigo en tontos errores comunes en los que el resto cae.

Yo me autodenominaría «católica pragmática». Es decir, creo con infinito fervor en nuestro Señor Jesucristo, la Virgen María y algunos santos; sin embargo, en mis sesenta años de vida he notado cómo la adoración no debe ser realizada sin fundamento, de mala gana o con pichirrez, ya que romperías el vínculo, la comunicación efectiva, las buenas relaciones y la protección que habías ganado con cualquiera de ellos. Es peligroso. Yo lo veo como jugar a la güija (que jamás la he jugado, por supuesto) y dejar un portal abierto con algún demonio que luego te hará oír voces y poseerá tu cuerpo para hacerte matar personas. Pruebas de esto y películas hay de sobra, no son inventos míos.

Por ejemplo, Martica, mi vecina. Tú entras a su casa y ves la mesa central de la sala forrada de estatuillas de San Judas Tadeo y el Divino Niño. Sí, dice que le encantan desde chiquita. ¿Pero cómo es la pintura que cubre esas figuras? Pues un asco, y me disculpan la sinceridad. Se ve que son baratijas compradas en alguna visita de vacaciones que hizo al pueblito de algún monte venezolano; la pintura fuera del área, gotitas de un color que se secaron corridas encima de otro color. Un desastre, pues, ya deben imaginarse la cosa. Y luego vas a su cuarto: una peinadora bien bonita, su camita arreglada con un cubrecama blanco que ella misma cosió. Sigues paseando la vista por la cama y justo arriba de la cabecera ves a nuestro Jesús en la cruz. ¿Y cuál es el problema?, me dirán ustedes. Pues bueno, que no es ni siquiera de madera la bendita cruz. Una vez le dije que me prestara el baño y fui rapidito a su cuarto, cargué la cruz y eso no pesaba es nada, eso parecía cartón.

Le comenté al respecto y se molestó conmigo. Bueno, no había pasado un mes cuando a su esposo le dio un ACV que le dejó medio cuerpo tieso. Y yo no lo veo como una venganza divina, en serio que no; lo veo más bien como que se retiran y dejan a la persona desamparada encarando la vida, y por supuesto, queda expuesta y vulnerable ante tantas enfermedades y cosas feas que hay en el mundo. Es como si dejas de pagar la póliza de seguro de tu carro, pues, la compañía no va a ir a chocártelo, ella solo se retira y te deja sin protección: es tu carro contra el mundo.

Entonces, por un lado tenemos el material, la pintura, el costo de la estatuilla. Aquí aprovecho para incluir las estampitas que uno carga en la cartera. Caramba, si ves que ya está doblada o sucia, pues reemplázala por una nueva, vale, ¿qué te cuesta? Los taxistas, por ejemplo. Les ves el tablero del carro con una docena de estampitas dobladas, cubiertas de polvo y smog, pegadas con tirro. ¿En serio a ellos aún les extraña que tantas desgracias y cosas malas les ocurra? ¿Van a parar el tráfico con sus carros para protestar en contra del hampa? Carajo, comiencen invirtiendo un poco en ese altar que tienen en el tablero.

De las camionetas por puesto ni hablemos. Yo al montarme en una lo primero que busco es alguna pista que me diga en quién creen. Si pasan ese primer examen veo entonces la calidad y las condiciones del objeto. ¿No pasa mi evaluación? Pues me bajo. Por eso siempre termino caminando. Y es por ese descuido y falta de conciencia del chofer que roban o matan a los pasajeros durante el viaje. Sí, todos viajan desprotegidos en ese rancho rodante.

Dejemos a un lado el cómo y el qué, el aspecto estético y el acabado de la pieza; vayamos por el quién. Lamentablemente tenemos un gran mercado allá afuera y eso puede confundirnos. Y escoger mal te puede costar caro. Sin ir muy lejos, haber encomendado mi salud a José Gregorio Hernández me costó un dengue hace unos cinco años. En manos de San Pancracio puse el futuro profesional de mi hijo, y ahí está, con treinta años y es un vago de primera que se la pasa fumando y jugando con la computadora. A mi sobrino mi hermana desde chiquito le inculcó adorar al Divino Niño, pero teniendo seis añitos se cayó por las escaleras eléctricas del CCCT y pues bueno, ya se imaginarán cómo le quedó la cara. La Virgen de la Chiquinquirá es otra que no me convence: los crímenes más horribles de Venezuela ocurren es en Maracaibo, y ya nada más ver las altas temperaturas que deben soportar sus habitantes es una muestra clara de que están al abandono total.

Albina, la portu del apartamento 34, siempre fue fiel devota de la Virgen de Fátima. Su esposo tuvo un horrible accidente un día que venía de una tasca con unos amigos. ¿El resultado? Pues terminó con la cabeza enterrada en el tablero donde estaba la estampita de La Virgen. Ella quedó muy afectada, recuerdo, pero decía que gracias a Dios y La Virgen su esposo había sobrevivido al accidente. Y lo hizo, pero quedó más allá que de acá, ni los buenos días da ese señor en el ascensor cuando lo meten en la silla de ruedas, siempre está babeándose. Luego a Albina le dio un infarto fulminante que se la llevó, la pobre no lo aguantó.

En este punto debo señalar que hay santos o representaciones de la Virgen que no se especializan en el cuidado total físico; por eso uno ve personas que no pierden la vida, pero que quedan con miembros mutilados, quemaduras feas o tiesos como quedó el marido de Albina. Protegidos a medias, pues.

¿Mi recomendación? Pues vayan tomando nota y descartando con cuál deidad tienen química. Eso es como una relación de pareja, pues, si no funciona debes cambiarla y sacudírtela. Si tú ves que te va bien y nada malo te está pasando, pues mantente ahí tranquilo, gasta un dinerito en comprar una estatuilla de calidad y mantén en buen estado las estampitas en la billetera o monedero. Con eso no deberías tener problema, pero igual si notas alguna desgracia, con poner los correctivos a tiempo bastará para evitar una tragedia mayor.

Amigos, amigas, sean buenos cristianos. Sean especiales y espléndidos; en pocas palabras: no sean miserables. Tengan los ojos bien abiertos y que Dios me los bendiga.

Gabriel Núñez

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