Grados de indignación

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La policía ha capturado al violador de una chica de treinta años. Caminaba en leggins, sin ropa interior, y estaba muy rica. Lo atrapan porque los indigentes que lo miraban violarla bajo el puente, una vez terminaron de masturbarse, cayeron en cuenta de que estaba mal lo que disfrutaron minutos atrás y salieron a pedir ayuda.

Lo trasladan al Internado Judicial de Carúpano, pero horas antes una llamada les había informado de quién se trataba. El director trancó la llamada y asintió al guardia que estaba en su despacho sudando la borrachera de la noche anterior. Cinco minutos después el guardia pidió perdón por interrumpir la película que veía el pran, para luego entregar el importante recado.

Y el boca a boca hizo su trabajo, así que todos se comenzaron a preparar la punta del taco para no quedar mal ante sus compañeros. En tan solo horas la fiesta estaba prendida y largas colas se hacían para sodomizar al nuevo recluso. Cada uno espera por ser juez sin título y llenarse el mazo de sangre para castigarlo como bien se merece. Luego le meten un desodorante por el ano y lo obligan a dejárselo mientras camina por el recinto. Es imperdonable una violación, esto es bien sabido, es cultura popular.

Como malandro puedes tener un prontuario policial de cincuenta homicidios, pero eso no te hace una mala persona frente a tus compañeros. No, para nada. Eres una rata, pero no un mal sujeto, pues. Tomar la vida de alguien no está mal, siempre y cuando le respetes sus orificios. ¿Le perdonaste la vida pero la violaste? Pues te equivocaste, reventarán tu ano con cogidas interminables y luego le meterán un desodorante de bolita.

Y me parecen curiosos todos estos códigos morales implícitos. El que fue privado de libertad, por quitarle la vida a alguien, decide que no estuvo bien lo que hizo otro que está siendo encarcelado y sentencia que hay que castigarlo. No puede con tanta indignación y asco.  

Pero se manejan grados. Sí, grados de indignación. Por ejemplo, en Maracaibo agarraron a un tipo que tenía una academia de modelaje, que no era más que un cebo para atraer menores de edad que soñaban con ser reinas de belleza y salir de la miseria. Entonces se descubren videos y fotos, pruebas del abuso sexual al que eran sometidas las niñas. Y el hombre llega al penal, pero la indignación de los reclusos es tal que ni para cogérselo les sirve, es un asco tan inmenso que de la disfunción eréctil se pasó a la decisión colectiva de que merecía ser picado en pedazos, comenzando por su pene y bolas. Así que lo hicieron y lanzaron por todo el patio los trozos sangrantes.

Los grados de indignación no solo se ven en ese contexto criminal; de hecho, actualmente están más presentes en las calles y pueden ser vistos con bastante regularidad. Lo confirma un video que se regó esta semana, en el que se muestra el linchamiento de un hombre en Altamira.

El hombre lleva una pala y está listo para defenderse, lo tienen arrinconado en la entrada de un autolavado y todos se animan para desarmarlo y hacer justicia. Logran hacerlo, gracias a un chorro de agua que una manguera anónima le escupe en la cara. Siguen entonces unos dos minutos de golpiza, en la que le quitan los zapatos y proponen desnudarlo. A diferencia de los linchamientos que ya uno ve semanalmente, en esta moda venezolana de justicia propia, aquí se respira más pasión y arrechera. No es tan solo la frustración de no contar con organismos competentes que nos protejan, aquí hay algo más. Y sí, el grado de indignación es muy alto: el hombre había asaltado a una mujer embarazada. «Por estar robando a una embarazada, maldito», dice el que graba, mientras otros que descansan los pies por las patadas que dieron apoyan lo dicho y le recuerdan al ladrón el terrible hecho de que la víctima del robo tenía un bebé en su vientre.  

Entonces encontramos aquí una lamentable discriminación. Ella está embarazada, así que goza de una defensa incansable que rescata su celular y muele a palos y patadas al asaltante. Ella tiene nueve meses de desconocidos escoltas vengadores sin sueldo. Pero luego de dar a luz debe tener más cuidado con su celular, ya que pudiesen defenderla pero descenderá un grado de indignación en sus posibles defensores.

Y es chimbo no poder salir embarazado, pues. También dejar de ser niño. Recuerdo esa vez que venía caminando para la casa un domingo a las ocho de la noche. Fue hace unos catorce años, y era el único que estaba caminando en la desolada avenida. Un tipo se mantenía oculto en una alcantarilla, o posiblemente en una lata de cerveza vacía tirada en la acera, porque de un segundo a otro apareció y me arrancó el morral. Yo no dudé un segundo y comencé a perseguirlo; algo bien ridículo, ahora que lo pienso, porque si lo agarraba igual no iba a caerme a golpes con él. Pero bueno, estoy seguro que corrí para luego exagerar con propiedad el cuento y decir que estuve a punto de agarrarlo y darle una brutal coñaza.

El punto es que mientras corríamos juntos, pasando justo al lado de mi edificio, unos carajos estaban sentados sobre el capó de un carro hablando paja y se percataron de lo que me pasaba. ¿Qué ocurrió? Un coño. ¿Por qué? Porque no estaba embarazado ni era un anciano o niño. Todos se empinaron la cerveza que bebían y acomodaron el culo en una zona más fría del carro.

Tengo varias hipótesis al respecto. La primera es que la sociedad asume que un hombre siempre sabe pelear y podrá defenderse. Si lo roban, es por pendejo, o porque encontró a alguien armado y más arrecho que él. Entonces estamos en desventaja, despertamos en otros un muy bajo grado de indignación. En dos platos: jodidos y por nuestra cuenta.

La segunda hipótesis es una romántica que nos ha vendido Hollywood, en la que el superhéroe defiende a la víctima (una linda chica), rescata el artículo robado y se gana la admiración instantánea de ella, que antecede a un beso húmedo y un polvo más tarde. Es improbable, es infantil, pero la mayoría de los hombres todavía cree estúpidamente en ella.

La última es que queda mucha gente allá afuera que adoptó, por la misma cultura popular, los mismos códigos morales de los malandros. Entonces, niños, mujeres (si están embarazadas, son flacas y están muy buenas, o sufren alguna discapacidad, despiertan grados adicionales de indignación) y ancianos no se tocan ni con el pétalo de una rosa. Al resto que le den.  

Entonces era obvio que ninguno de esa docena de hombres hiciera algo por mí esa noche: se asume que sé defenderme y formo parte del grupo sin protección. Y si algún equivocado o borracho lo hacía para ganarse el beso y el polvo, él pasaría enseguida a ser parte de la ecuación inicial: ir preso, el jurado con los mazos, la cogida, el desodorante y ya sabes el resto.

La vida es un ciclo, como tienes claro ya. Eres tan solo un feto y gozas de la protección absoluta de toda la humanidad. Tanto así que van a impedir que tu madre te aborte si ella no desea tenerte. Luego eres un bebé; sí, sigues protegido pero has perdido un grado en comparación a cuando eras un feto. Luego entras al preludio a la independencia y el abandono: eres niño y pronto quedarás por tu cuenta. No sé la edad, varía de cuán cara de bebé seas, lo visible de tu desarrollo, vello facial, etc. El punto es que de un día para otro ya eres robable, secuestrable, asesinable y violable. También poco defendible, ya que no despiertas indignación suficiente si te llega a ocurrir una tragedia, así que le vales mierda a la sociedad linchadora.

Si formas parte de este solitario grupo desprotegido, no todo son malas noticias: puede haber un linchamiento en tu nombre, pero tú debes ser el líder, nadie va a moverse por ti. Debes tú perseguir, comenzar a golpear y los otros por imitación te acompañarán a dar patadas en la cara de alguien. Lo sé, es chimbo sentirse tan solo en este mundo. Si eres ateo el sentimiento es más doloroso.

Pero la ciencia avanza a paso acelerado. Arnold Schwarzenegger ya lo logró en Junior, quedando embarazado cuando consiguen ubicarle un óvulo fecundado en el abdomen y le suministran «embaracina», una droga ficticia para la fertilidad. Da a luz a una bebé muy bonita, por cierto. 

No les voy a engañar, es poco lo que tenemos y el camino es sombrío; sin embargo, no pierdo la esperanza de que en un futuro lejano, así sea por tan solo nueve meses, gocemos de la protección del colectivo y de despertar un grado de indignación decente en los demás.

Gabriel Núñez

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  • Los linchaminetos son un error, y que la gente lo apruebe es peor.

  • Virginia Villamizar

    Siempre he pensado lo mismo. Creo que es cuestión de doble moral… Si te veo pasando roncha, no me importa… pero si estas pasando roncha y tienes 10 años entonces si eres digno de misericordia. Si veo que te hieren no hago nada, pero si tienes 80 años entonces me convierto en heroína y salgo en tu defensa. Doble moral por donde lo veas. Yo tengo algo de sobrepeso y he estado haciendo dieta últimamente pero ahora que leo tu articulo creo que tal vez si engordo un pelo mas y uso ropa de maternidad pueda ganarme un “salvoconducto” y salir tranquilaza por donde sea. Tu si estas fregado! porque ni por viejo te defienden (benjamin button) ni por embarazado y con esta escasez de medicamentos no creo que consigas embaracina en ningún lado…

  • Angela

    No todo el mundo es merecedor de la misericordia. Desde que decidieron tu masculinidad te aplicaron la ley que puedes tener fuerza extraordinaria frente a los peligros y sentimientos de acero; por lo tanto no tienes excusa para escabullirte a los problemas. Otra es la situación cuando estás embarazada, automáticamente eres débil, inútil e intocable, pero cuando vamos a la raíz de estas premisas son todo lo contrario: amiga, Usted lo que estaba haciendo era gozando copulando, ¿por qué tengo que tener tantas consideraciones contigo? Sí, eres blanco fácil, pero humano al fin. Todavía hay muchos grados de indignación por desmontar.
    “Lo disfruté, como todos”.

  • Cesar

    Algo le pasó a tus escritos. Les falta algo.

    • Elissé Barroso

      Creo que redactó el post más como ciudadano que como escritor. Así lo sentí.

  • Miguel

    Muy bueno. Siempre los recuerdo por sus video en YT. Espero que le esté yendo muy bien. Saludos