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Balance general del año 2011

Sábado, Diciembre 31st, 2011

Ya esto es costumbre por parte de este servidor. Y es que ante un 2011 moribundo, nada mejor que sacar el balance sincero, ése que te permite determinar cuán absurdo fue el año. De antemano, quiero avisarles que fue absurdo en proporciones bíblicas y espartanas… Y me disculpan el spoiler.

The Social Network

El 2011 arrancó con ganas de joder, restregándome en la cara que es una colosal estupidez firmar un contrato sin la asesoría legal pertinente.

Todo comenzó cuando Elena y yo nos dejamos seducir por las cifras presentadas por la gente de Planetaurbe, en una suerte de presentación de Powerpoint. Nos habían contactados un par de días antes, estaban interesados en transmitir los Stand Vid Comedy en su nueva página web a estrenar en pocos días. Proponían una amigable modalidad, con un nombre simpático en inglés, denominado “Revenue Share”; la misma, consistía en este caso en repartir las ganancias 50/50, con base en lo facturado a las compañías interesadas en publicitar su marca en los episodios nuestros. La vaina prometía, y para dos jóvenes pelabolas, pues era predecible que firmaríamos aceleradamente el contrato sin molestarnos en una minuciosa revisión.

Para que puedan contextualizarse e imaginar la magnitud del problema en el que nos estábamos metiendo, les cito a continuación algunas cláusulas que integraban el contrato:

TERCERA: PROPIEDAD INTELECTUAL

El “COPRODUCTORcede a “ULTIMAS NOTICIAS, a la firma de este contrato, los derechos exclusivos de explotación y comercialización, nacional e internacional de sus contenidos, por lo que pasaran a ser propiedad de “ULTIMAS NOTICIAS.

Durante la vigencia del presente contrato, el “COPRODUCTORconviene y acepta sin reservas que no podrá utilizar su programa y/o los contenidos, desarrollados conjuntamente con “ULTIMAS NOTICIAS, y que son objeto de este contrato, en otros canales y/o plataformas nacionales o internacionales (TV  abierta, TV por cable, TV satelital, TV IP, youtube, video, facebook, etc.), a menos que se haga para efectos promocionales (trailers, teasers, etc.), y que sea acordado por escrito.

DÉCIMA SÉPTIMA: El “COPRODUCTORdeclara expresamente, que en consideración a lo convenido en el presente    contrato,    le    queda    absolutamente    prohibido    desarrollar    la    preproducción,    producción, postproducción, objeto de este contrato, con similares características, en cualquier medio impreso o digital de información de la competencia, hasta pasado Un (1) año contado a partir de la  finalización del presente contrato, reservándose “LA EMPRESAlas acciones legales a que hubiere lugar en caso de incumplimiento a lo previsto en ésta cláusula.

Ingenioso, ¿no? Un contrato de laboratorio, un niño envuelto ejemplar: no podíamos subir ese contenido a Youtube ni a ninguna otra plataforma, de ahora en adelante Planetaurbe tendría la exclusividad; si nadie se interesaba en comprar algún plan para publicitarse en nuestros videos, pues no ganábamos nada, pero aun así, Planetaurbe quedaba con derechos de explotación y comercialización de nuestros videos posterior a la finalización del contrato, en ese conveniente año que nos quedábamos sin derecho a desarrollar la misma idea, o una similar.

De todo lo anterior nos dimos cuenta fue cuando vimos la página web en real funcionamiento; cuando vimos cómo la calidad HD de nuestros videos era asesinada por su “genial” plataforma; cuando vimos que el tiempo de carga de los videos era ridículo e imposible: ibas al baño, te masturbabas, te duchabas, cumplías el período refractario, te volvías a masturbar, y cuando regresabas todavía no se había cargado ni un cuarto del video. (más…)

Los mensajes del header…

Miércoles, Diciembre 21st, 2011

A veces me pregunto si alguien se percata de cuando cambio el mensaje en el header del blog. Siendo más preciso, me pregunto esto cada vez que edito el header para cambiar el texto.

La primera versión que tuve del blog no incluía esta opción. Bueno, realmente esa versión no incluía un carajo. El hecho es que a los pocos meses de abrir el blog, me pareció buena idea tener un pequeño espacio para poner un corto mensaje a los lectores; digamos que lo veo como una manera rápida de darle frescura al header, sin tener que alterar su diseño. A veces son críticas; otras, trivialidades de mi día a día. En principio, la mecánica es que debo cambiar ese mensaje una vez al mes; aunque por trabajo y otras cosas a veces se me pasa cumplir lo anterior.

Hace algunas semanas, dos lectores me manifestaron su interés de conocer todos los mensajes que han aparecido en el header. Y como buen neurótico que soy, pues todos los mensajes los tengo grabados.

Sin más rodeos, aquí van todos los mensajes que he subido hasta la fecha. ¿Algún mensaje favorito?

“Vientos que llevan en su regazo un afilado aroma a excremento canino, pero que te refrezca y te hace sentir bien”.

“Cuando entra una anciana a la camioneta y, no hay puesto, misteriosamente me quedo dormido hasta que alguien se lo cede. Extrano, ¿no?”.

“No existen las groserías. No existen las malas palabras. Es el puritanismo cerebral el que te las hace ver así. Maldita sea, ¿no?”.

“Al momento de la defecación, tus capacidades cognitivas aumentan. Toma un libro y no apures el despido excremental”.

“Eres un torrente de palabras que aún no logro precisar. Eres jodidamente perfecta, jodidamente real”.

“Gases tukitóxicos que amenazan con esclavizarnos en la miseria mental, el conformismo y la asqueante viveza criolla”.

“Mes Aniversario del Blog. Que corra el champagne y suene Yann Tiersen, celebremos como hermosos aristócratas”.

“Pudiese besarte todo un día entero, pero quebraría y dañaría tus labios. Por eso ves que me separo de ellos cada cierto tiempo”.

“No importa cuán poco agraciado es tu pene; no te preocupes: siempre habrá alguna mujer altruista y solidaria que querrá metérselo en la boca”.

“Mi madre no me parió: me cagó. Y ahí, rodeado de otros mojones, sumergido en mierda pastosa, comprendí enseguida en qué clase de mundo viviría”.

“Tener un hijo es costoso, además, representa una clara amenaza a tu libertad e independencia. Ten un perro: no chupan tanta plata y podrás regalarlo luego”.

“Espero que las mujeres tengan su “punto G” del lado derecho, porque mi pene cada día está más curveado a la izquierda. Pene bruto. Pene izquierdista”.

“Tienen razón, con mis letras no puedo cambiar el mundo. Pero es como asesinar al violador de tu pequeña hija: no le devolverá la virginidad, pero al menos hiciste algo”.

“El cierre de los casinos fue una decisión desatinada, que desembocó en una horda de ancianos que ahora vagan por las calles desorientados y profundamente deprimidos”.

Próximo SVC: Ep. 26: “Los pedigüeños”

Martes, Diciembre 13th, 2011

Prohibidas las armas de fuego

Jueves, Noviembre 24th, 2011

Algunas camionetas por puesto están colocando un gran aviso en su interior: “Prohibido ingresar a la unidad con armas de fuego”.

Esta medida tan importante debió haber sido implementada mucho antes, a pesar de ser señalada por algunos como de estricta y tajante. Es una solución parida en laboratorios especializados en la lucha contra la delincuencia, en medio de muchas tazas de café que estimulaban la sapiencia de expertos en la materia. Yo confieso sentirme más tranquilo en mi día a día; por ejemplo, la semana pasada unos malandros se montaron a asaltar la unidad de transporte en la que viajaba, pero se bajaron enseguida al leer esta disposición gubernamental.

Otro caso que viví, fue el de un antisocial que subió con un sospechoso morral sucio. Éste no tenía ánimos de asaltar a los pasajeros, pero escondía una pistola, la cual había sido utilizada para asesinar horas antes a su mujer, que se negó a dejarse penetrar por el ano. El asesino al ver el aviso, muy educadamente se levantó, entregó el arma al chofer y se excusó con todos los presentes. Al llegar a su parada se le fue devuelta sin problema alguno.

Se han conocido casos de malandros analfabetas, pero no hay que tener miedo, sólo basta con explicar al asaltante que está prohibido lo que está haciendo, y acto seguido se disculpará apenado y devolverá las prendas y celulares robados a los pasajeros. Que no se te ablande el corazón, llámale la atención, exige tus derechos, él debe bajarse de la unidad con su pistola.

Lo malo es que no todo puede ser perfecto, y que el venezolano está ya muy acostumbrado a darle la vuelta a todo con su viveza criolla. Se ha advertido que los malandros están comenzando a dejar sus armas de fuego en la casa, optando por salir más bien con cuchillos. Subir con ellos no representa problema alguno con la ley, así que no se les puede negar el ingreso a la unidad.

Ojalá saquen rápido el aviso que prohiba ingresar también con armas blancas.

Gabriel Núñez

Pedigüeño

Viernes, Noviembre 18th, 2011

¿Quieres un mundo mejor? Perfecto, jamás volverás a dar limosna a un pedigüeño.

Con cada limosna que entregas, creas de inmediato un nocivo efecto multiplicador. En medio de ingenuidad e inútil espíritu altruista, logras con mucha torpeza que sea rentable y muy atractivo el perenne negocio de la flojera y la comodidad de ser mantenido por la masa trabajadora de la sociedad. En otras palabras, das nacimiento inmediato a miles de sanguijuelas que nos chuparán la sangre sin piedad, día tras día.

“Pero es que se morirá de hambre si no lo ayudo”. No, no se morirá de hambre, cálmate. Si somos optimistas, sacaremos un ápice de creatividad de su cerebro, logrando así que la sanguijuela recapacite y se ingenie algún trabajo informal, entendiendo que debe ganarse cada bolívar con trabajo a pulso, no extendiendo la palma de su mano y esperando a que le resuelvan la vida. A diario se pueden ver algunos ejemplos de personas que se negaron a vivir de la sangre de otros: vigilantes improvisados de estacionamiento, artesanos de acera, recogedores de latas, etc. Sí, porque hay personas que no tuvieron oportunidades y se dedican a recoger latas, pero esto no conlleva a ser pedigüeños, y esto es honorable y plausible, por lejos. Y es que no hay excusas para no trabajar en algo, sea formal, sea informal; y menos cuando ya uno ha visto personas sin extremidades haciendo algún oficio y ganando dinero de ello honestamente.

Si somos pesimistas, puede que en medio de la impotencia y el resentimiento social, estemos gestando al nuevo malandro de la patria. No sé a quién prefiero, si al pedigüeño o al malandro. Creo que a este último. Sí, al menos el malandro no anda con hipocresías ni manipulaciones tontas, va al grano: “Dame el celular, mamagüevo”. Y listo, le das el jodido celular y puedes seguir tu camino, sin perder el tiempo. El pedigüeño te hace perder dinero y mucho tiempo, con sus lágrimas de cocodrilo y ese tono de voz bajo muy bien ensayado, que busca tu lástima y que te sientas miserable si no accedes a darle dinero. Esa voz es detestable, da asco.

Estamos claros, un malandro indirectamente es un pedigüeño también, sólo que no usa la estúpida vocecita, y esto, marca la diferencia a la hora de escoger al menos ladilla de ambos. Asimismo, podemos encontrar pedigüeños que van por niveles: (más…)

Fanáticas

Viernes, Noviembre 4th, 2011


El 95% de las mujeres que lleva puesta vestimenta referente a algún equipo de beisbol está mintiendo. Sí, son grandes neófitas en la materia, a pesar de declarar lo contrario cuando visten con descaro su disfraz. Ellas se esforzaron en aprender los nombres de los principales equipos del país, pero mucho antes aprendieron también que un hombre intenso y apasionado por este deporte moriría de orgullo y excitación fetichista al ver a una fémina con una conducta similar a la de él, pero con vagina y tetas.

Así, pues, ansiosas por seducir al hombre que no les presta atención, seguirán principios básicos de inversión e irán a comprar algunas prendas alusivas al equipo del que su próxima víctima sea fanático.

Esto es lo que padecemos en tiempos de beisbol venezolano; tiempos difíciles en los que seremos sometidos a escuchar por meses a estas desconsideradas sedientas de sexo repetir desgastados chistes, acompañados por ridículos e infantiles chalequeos que dan pena ajena, dirigidos a todo aquél que cometa la estupidez de manifestar ser de un equipo contrario, cayendo así en el juego camaleónico, reforzando la atorrante conducta de sus practicantes. No hay posibilidad de salvación, la serenidad mental del colectivo será un daño colateral de este plan seductor; la mosca caerá en la telaraña, el pendejo de turno caerá ilusionado, creyendo haber conseguido a su media naranja.

Por eso no debes cuestionarte al ver a esa mujer a primera hora de la mañana con la franela de algún equipo puesta, al tiempo que la ves caminar con dificultad y manteniendo cierta separación en las piernas.

Gabriel Núñez

El otro día fui a sacarme el pasaporte

Jueves, Octubre 20th, 2011

Supongo que me dejé llevar por ese terror psicológico al que uno es sometido por amigos y familiares: “Debes tener tu pasaporte vigente, marico, uno nunca sabe si revienta un peo y debas salir corriendo de aquí”. Eso nunca lo he entendido, ya que si me veo en esa hipotética situación, es seguro que tardaré más en conseguir el dinero para comprar el pasaje que sacándome el jodido pasaporte. “Ya uno es viejo, ya uno tiene que morir aquí; en cambio tú eres joven, inteligente y profesional, no mereces pudrirte en el comunismo, así que si este loco termina de joder al país, agarras tus tres peroles y te vas”. Supongo que se refieren a que agarre mi LCD de 32”, el Ps3 y las cornetas Bosé. El peo es que no sé en donde coño enchufaré todo eso. Me veo deambulando por las calles, empujando un carrito de supermercado con mis tres corotos más preciados metidos ahí, buscando algún tomacorriente abandonado de columna de plaza. Sí, al menos me divertiré en esos momentos, seré un indigente feliz disfrutando de sus juegos bélicos favoritos.

Además, ¿adónde iré? ¿A trabajar en qué? ¿Vendiendo artesanía en la rambla de Barcelona? ¿Escondiéndome de los “Mossos d’Esquadra” para que no me deporten? ¿Echando mamertos bolivarianos en el Mercadillo de Camden en Londres? ¿O limpiando retretes sin guantes en algún elegante café de París? No, que va, no lo creo.

Consideré más bien que era importante sacarlo para irme de viaje con mi novia y poder comprar cosas electrónicas baratas y luego presumir ante la sociedad. Sí, ustedes saben, como esas personas que restregan su Ipod comprado en 130$ a alguien que lo compró aquí en 2.500 Bs. Uno siempre consigue a algún güevón de esos jactándose de sus acertadas compras en el exterior, indicando indirectamente al oyente que es un perdedor por no viajar. “Marico, y tú pagaste 3.500 Bs. por el Playstation 3? Yo lo compré en 245$ y me trajo cinco juegos”. Sí, pendejo, lo compré en 3.500 Bs. porque vivo en esta aldea inflacionaria y no tengo dólares para comprarlo afuera.

Y así fue, cómo con la ilusión de averiguar qué se sentía fanfarronear como un idiota, me metí en la página del SAIME a pedir mi cita. A las pocas horas me llegó un correo indicando que en cuatro días me dirigiera a la oficina. Y eso hice.

─Hola, buenas tardes, me indicaron que mi cita es a las 3:30 p.m. ─dije a un vigilante que portaba una barriga que pronto obsequiará un ataque cardíaco a su portador.

─Te llaman por tu número ─señaló, al tiempo que me entregaba una pequeña lámina de cartón con un “43” grabado en color rojo.

Hay algarabía. Una señora comparte con los demás de la cola una triste historia de todo lo que ha tenido que hacer para obtener su pasaporte, ya que vino de Barlovento sin cédula ni cita. Hay un perro callejero que luce un par de heridas frescas en su cuello. Está en la cola, seguro es mascota de algún indigente que quiere llevárselo de viaje con sus papeles en regla.

─¡Cuarenta y tres! ─gritó el intento de vigilante con obesidad mórbida que en pocos días morirá al frente de un plato de mondongo preparado por la comadre.

─Soy yo, señor.

─Pase con la muchacha de allá.

Me acerco a un escritorio protegido por una morena que mira su reloj con desprecio, como si éste le dio una noticia no grata. (más…)

Piropo

Miércoles, Septiembre 28th, 2011

Hoy había sido un excelente día laboral: poco trabajo, ningún cliente ladilla, cagué en un cubículo con olor a uva recién aseado por las de mantenimiento. Sí, todo fue perfecto, hasta que se me atravesó un clan de féminas adolescentes, en el que una de ellas sacó la lengua al verme y mojó su labio superior.

─Psst, psst. Mira, amol, regálame esos ojos veldes.
─¿A ustedes no se les ocurre otro piropo más elaborado en torno a los ojos? ─dije.
─¿Y si te doy un beso no me los regalas? ─insistió la tuki.
─Peor. ¿Quieres negociar y de paso me vas a perjudicar con un beso? No eres muy buena comerciante.
─¿Y si te lo mamo?
─Pues me lo corto apenas te lo saques de la boca; igual quedará inutilizado de por vida por tu culpa.
─¡Pajúo!
─Soñadora…

La pulsera de la amistad

Lunes, Septiembre 5th, 2011

Ella rasguña mi antebrazo con su pezón erecto. Lo arrastra una y otra vez, como si estuviese lijándome la epidermis. Oigo voces con gran intensidad. ¿Será que lo estoy haciendo en público? Bueno, qué coño, eso igual siempre me ha parecido excitante. Todavía recuerdo aquel legendario mamerto que me dio Beatriz en el buscama de Aeroexpresos Ejecutivos; nunca ir a Barquisimeto de noche fue tan placentero. También recuerdo con nostalgia todas las veces que me la follé en las escaleras del piso cuatro de su edificio, mientras nos acompañaba de hilo musical las tertulias de pasillo de amas de casa jubiladas del látigo de sus maridos. Sí, vaya que se me pone duro cuando recuerdo esas andanzas. ¡Mierda, me estoy ahogando, auxilio! La muy desconsiderada intenta meter su seno completo en mi boca, su largo pezón ataca a mi campanilla. La derrumba, intenta acceder a mi tráquea. Comienzo a toser con desespero. Respiro profundo; de foma acelerada también. Maldita sea, estaba soñando. Trago varias veces, aún el buche de saliva que se fue por el camino incorrecto está entre el mundo respiratorio y el digestivo. Sigo en este carrito por puesto de mierda, maldito tráfico caraqueño. ¿Pero qué mierda es ésta, vale?

─¡Coño, chama, me estás clavando esta vaina desde hace rato! ─digo, al tiempo que alejo de mí la punta de un gancho de ropa casi enterrada en mi brazo.

─Ah, verga, mala mía, catire ─dice una pequeña preadolescente afrodescendiente, con una voz chillona y de difícil soportar; con un cantadito malandreico,  que suspicacia a cualquier policía podría despertar.

Está sentada al revés, recostando su mandíbula en el espaldar del asiento, pudiendo así mantener una cháchara sudada de cinco de la tarde con sus amigas sentadas en el asiento de atrás y el contiguo. Todas tienen como elemento común una camisa manga corta de color azul liceista. También un olor a sudor de recreo, sin baño en la mañana antes de salir de casa.

─Éste es el mundo, chamo, nuestro planeta. Cartelúo, ¿no?

─¿Esa pelota de anime manchada con escupitajos de tempera es la tierra?

─Sí. Dígalo que está arrecha, el mío.

─…

─¿Y el gancho de ropa con el que me estabas arrancando el brazo, más o menos qué viene a representar? ─pregunto con una ligera mirada de asco, dirigida a la escuálida maqueta.

─Marico, el gancho de ropa es un satélite en el espacio.

─…

─Quedó pavo, ¿no?

─Sí, chama, es una obra de arte ─respondo fríamente, mientras vuelvo a cerrar los ojos y echo para atrás mi cabeza.

Me obligo a dormir, siempre he pensado que es la mejor forma de escapar a la mierda. Como cuando raspé nueve materias en octavo grado: mis padres iban a buscar la boleta esa mañana; yo sólo me dispuse a dormir y no pensar en la coñaza que me esperaba en pocas horas.  No logro dormir, cierta verborrea tukituxoide representa un castigo auditivo inclemente. (más…)

Deseos…

Viernes, Agosto 5th, 2011

I

Nuevamente el frío del piso era el colchón en el que amanecían las nalgas desnudas de Laura.

Desorientada, y con un fuerte dolor de cabeza, se puso boca abajo y comenzó a arrastrarse por el piso de su habitación. Intentó ponerse de pie, pero esta difícil maniobra para un organismo como el de ella tan sólo la hizo vomitarse encima. Luego de cinco minutos de insistencia, logró finalmente incorporarse a su desaliñada cama.

Era un despertar típico de día viernes, que confirmaba claramente a las compañeras de cuarto de Laura que ésta volvió a sus andanzas preferidas de los jueves, en los que regresaba casi sin ropa, muy hedionda a sexo, drogada, con unos peculiares pegostes en su larga cabellera negra, formados por semen que su cliente más poderoso le había obsequiado al acabar sobre el cabello.

─Laura, amiga… ¿Saldrás a desayunar? ─preguntaba alguien al otro lado de la puerta.

─No, marica, por Dios, ya puedo oler ese cochino pescado que andan preparando.

─Ok, amiga, avísanos si necesitas algo.

“Ojalá estas taradas no comieran pescado todas las mañanas” ─se dijo, mientras pasaba una almohada por su boca y sus senos, retirando así el vómito que comenzaba a secarse sobre su demacrada piel blanca.

Laura extendió su mano, recogiendo de un extremo de la cama una pantaleta roja que protegía entre sus fibras toda la ganancia de su noche de arduo trabajo. Finalmente una sonrisa se formaba en su rostro, al tiempo que tomaba todo el dinero y lo metía bajo su colchón infestado de ácaros. Se sentó en el borde de la cama, agarró su laptop y la puso en sus piernas. Tomó una sábana que tenía días sin ser tomada en cuenta, para luego vaciar el contenido aguado de su nariz en ella.

De nuevo Laura era asaltada por sus recuerdos, en los que llovían imágenes de polvorientos momentos en Caracas, donde logró ser totalmente feliz con sus amigos y familiares. Esta felicidad comenzó a extinguirse desde el momento en que Laura cumplió su sueño de hacerse abogada, egresando summa cum laude de la Universidad Central de Venezuela. No sirvió de mucho la honorable distinción, ya que tardó casi un año en conseguir empleo. Optimista, luchadora y profeta de la racionalizadora frase “El tiempo de Dios es perfecto”, asistía a su trabajo con la mejor disposición, a fin de cuentas, ella sabía que en poco tiempo comenzaría a ascender y ganar lo que merecía por sus conocimientos. Se equivocó, dos años después seguía ganando lo mismo, un poco más de salario mínimo.

Laura se autoflagelaba en las noches, viendo en Facebook como todos sus compañeros de universidad exponían sus fotos empapadas de playas, discotecas, entornos europeos, ropa de marca, buen gusto y prestigio. Hasta el peor estudiante del salón había conseguido un buen puesto en una empresa reconocida. Laura comenzó a ser absorbida por la envidia, el resentimiento, el odio, la infelicidad. Cerró su cuenta en la red social; también cambió su número celular. (más…)