Archivo de la ‘Conversaciones’ Categoría

Conversaciones #6: El holograma de Tupac

Viernes, abril 20th, 2012

11: 23 p.m. Cota Mil deprimida.

─¿Te enteraste de que harán una gira mundial con Dr. Dre, Snoop Dogg y el holograma de Tupac que usaron en Coachella? ─digo a Elena, mientras reclino el asiento y lo dejo como una silla de extensión.

─Mierda, no… ¿En serio?

─Sí. Así leí en internet. Hasta un holograma es capaz de producir plata, pana; un muerto de afuera es más productivo que un vivo venezolano. Hablando de Coachella, ¿no te parecieron insuficientes los aplausos cuando el holograma termina de cantar y se pulveriza con la lucecita? ¿Así como escasos?

─No llegué a esa parte…

─Coño, sí. No sé, me parece que se debió haber formado como que más algarabía, aplausos ensordecedores, gritos, desmayos… ¡Revivieron a un muerto, coño!, es algo que merece más ruido, ¿no?

 ─Jajajajaja…

─¿No crees que quemaron el cartucho de la resurrección en el sitio equivocado? Yo creo que si lo revivían en un evento con otro tipo de público la respuesta habría sido diferente. Todavía estuviesen gritando y aplaudiendo, con un fondo alucinante de disparos celebrando…

─Jajajajaja. Sí, puede ser… ¿Acá como que era más de hipsters? ─pregunta Elena, mientras chequea por el retrovisor que no tengamos alguna moto enamorada detrás.

─Me parece.

─Mierda, pero si leíste que harán una gira mundial, volverán lo del holograma una moda y revivirán a todos los muertos próximamente.

─Exacto. Tendremos festivales de muertos, uno no sabrá si celebrar o llorar y llevar claveles. Y bueno, Venezuela no se quedará aislada. Por aquí no dudes que pasará una gira de Celia Cruz, Héctor Lavoe, Selena, Rocío Dúrcal. También pudiésemos tener una de Michael Jackson, Amy Winehouse, Bob Marley, el regreso de Queen, Nirvana. Pondrían a facturar a todo ese gentío, ¿no crees? Ya lo veo todo, de la mano de Evenpro viene el “Caracas Resurrection Festival”.

─¿Es decir que podríamos tener un reencuentro de Sandy y Papo?

─Correcto. Volveríamos a disfrutar de “Bueno pa’ gozá”, “La chica sexy”, “La hora de bailar”. Ya puedo imaginar el ambiente ─digo mientras entrecierro los ojos y sonrío con algo de nostalgia.

─Mierda… (más…)

Conversaciones #5: La pulsera de la amistad

Lunes, septiembre 5th, 2011

Ella rasguña mi antebrazo con su pezón erecto. Lo arrastra una y otra vez, como si estuviese lijándome la epidermis. Oigo voces con gran intensidad. ¿Será que lo estoy haciendo en público? Bueno, qué coño, eso igual siempre me ha parecido excitante. Todavía recuerdo aquel legendario mamerto que me dio Beatriz en el buscama de Aeroexpresos Ejecutivos; nunca ir a Barquisimeto de noche fue tan placentero. También recuerdo con nostalgia todas las veces que me la follé en las escaleras del piso cuatro de su edificio, mientras nos acompañaba de hilo musical las tertulias de pasillo de amas de casa jubiladas del látigo de sus maridos. Sí, vaya que se me pone duro cuando recuerdo esas andanzas. ¡Mierda, me estoy ahogando, auxilio! La muy desconsiderada intenta meter su seno completo en mi boca, su largo pezón ataca a mi campanilla. La derrumba, intenta acceder a mi tráquea. Comienzo a toser con desespero. Respiro profundo; de foma acelerada también. Maldita sea, estaba soñando. Trago varias veces, aún el buche de saliva que se fue por el camino incorrecto está entre el mundo respiratorio y el digestivo. Sigo en este carrito por puesto de mierda, maldito tráfico caraqueño. ¿Pero qué mierda es ésta, vale?

─¡Coño, chama, me estás clavando esta vaina desde hace rato! ─digo, al tiempo que alejo de mí la punta de un gancho de ropa casi enterrada en mi brazo.

─Ah, verga, mala mía, catire ─dice una pequeña preadolescente afrodescendiente, con una voz chillona y de difícil soportar; con un cantadito malandreico,  que suspicacia a cualquier policía podría despertar.

Está sentada al revés, recostando su mandíbula en el espaldar del asiento, pudiendo así mantener una cháchara sudada de cinco de la tarde con sus amigas sentadas en el asiento de atrás y el contiguo. Todas tienen como elemento común una camisa manga corta de color azul liceista. También un olor a sudor de recreo, sin baño en la mañana antes de salir de casa.

─Éste es el mundo, chamo, nuestro planeta. Cartelúo, ¿no?

─¿Esa pelota de anime manchada con escupitajos de tempera es la tierra?

─Sí. Dígalo que está arrecha, el mío.

─…

─¿Y el gancho de ropa con el que me estabas arrancando el brazo, más o menos qué viene a representar? ─pregunto con una ligera mirada de asco, dirigida a la escuálida maqueta.

─Marico, el gancho de ropa es un satélite en el espacio.

─…

─Quedó pavo, ¿no?

─Sí, chama, es una obra de arte ─respondo fríamente, mientras vuelvo a cerrar los ojos y echo para atrás mi cabeza.

Me obligo a dormir, siempre he pensado que es la mejor forma de escapar a la mierda. Como cuando raspé nueve materias en octavo grado: mis padres iban a buscar la boleta esa mañana; yo sólo me dispuse a dormir y no pensar en la coñaza que me esperaba en pocas horas.  No logro dormir, cierta verborrea tukituxoide representa un castigo auditivo inclemente. (más…)

Conversaciones #4: La panadería

Jueves, junio 2nd, 2011

─Corazón, que no esté tan tostada la canilla, por favor ─ordenaba a la chica que se encontraba detrás de la barra de la panadería.

Siempre se me queda mirando con picardía, haciéndose la sorda para que le vuelva a repetir lo que deseo. Yo, por el contrario, me hago el pendejo y dirijo mi mirada hacia los dulces viejos del estante inferior. En ellos, las abejas y moscas encontraron vivienda digna, revolcándose alegres sobre el almíbar de los diferentes intentos de postre que se niegan a ser botados. Mi vista se cuela entre los Milhojas, dejando ver a través del vidrio los pies de mi despachadora. Carga unas cholas maltratadas; una suela totalmente desgastada así lo confirma. Puedo observar un dedo gordo reposando sobre el piso. Tiene una escuálida uña que parece que no fue cortada con cortauñas, más bien fue comida con los dientes en algún ataque de hambre de madrugada. Emulan a unos tequeños sucios que fueron recogidos de una alcantarilla. Es una empleada cómoda y viciada, no hay duda.

─¿Qué pasó, papi, quieres alguno en particular? ─dijo.

─No, ni de vaina quisiera uno de ellos. Quédatelos, la ausencia de algún dedo del pie perjudica demasiado el equilibrio.

─No te entiendo, amor. Te estoy preguntando que si quieres algún dulce.

─Ah, coño, no; a esta hora poco me provoca comer alguna mosca o abeja, ellas caen pesadas en la noche.

─Sí eres tontito, gordo, esos dulces están fresquitos, son de hoy.

La inteligencia de uno es subestimada hasta por una despachadora de panadería. Te dan una canilla que pudiese ser usada como bate en alguna caimana de béisbol, pero “está fresca”. Te dan un dulce que lleva en su lomo a dos moscas follando sobre una alfombra de hongos, pero “está fresco”. He llegado a pensar que tanto trabajo pasan en su vida, que comer alimentos en esas condiciones es realmente para ellas comer algo normal, algo fresco y saludable. Es eso, o que con toda la desfachatez e intención pretenden hacernos comer alimentos que parecen ya de utilería. Creo que es la cobarde manera que encontraron para vengarse de la sociedad.

─Toma tu canilla, ojos lindos ─dijo, al tiempo que extendía mi futura cena de carbohidratos.

Tomé la bolsa. Nuevamente ocurría lo de todos los días: una canilla de más me estaba dando. No me molesta que me regalen comida, mucho menos con mi triste situación económica; el problema es que todo eso es una emboscada, un “niño envuelto”, una estafa, un timo. Ellas no plantean un trueque cualquiera, no, ellas sólo desean sexo a cambio de regalarte la comida de su patrono. Ellas te dan un pan canilla; tú, debes llevártelas a un rincón del depósito, quitarles el precario pantalón pestilente de orina y frenazos de bicicleta, sacarte el pene, asignarle una misión suicida y estrellarlo sin misericordia alguna en una vagina que rompió relaciones diplomáticas con cualquier tipo de jabón. Es la vida de tu pene por un trozo de pan. Este escenario no es negociable para mí. (más…)

Conversaciones #3: Preámbulo laboral

Jueves, abril 21st, 2011

Otra divertida mañana en cumplimiento del preámbulo de otro rutinario día laboral. Con corbata bien amarrada espero en la parada de autobús. Me quedó un poco larga, pero no me importa, así cuando vaya a orinar me seco el saldo pendiente de orine con la punta de la misma. Escoger el carrito por puesto ideal es un arte, no todos están preparados para ello. Elegir a los de butacas minúsculas, con respaldo bajo, es una total novatada: no podrás quedarte dormido cómodamente, y si lo haces, echando tu cabeza para atrás como un contorsionista, te ahogarás con tu propia saliva, o peor: te fracturarás el cuello y te bajarán muerto en la última parada. También debes estar alerta con el tema de los escapes internos de monóxido de carbono. Los choferes son inmunes a estos dañinos gases, así que nunca te compares con los organismos blindados de ellos; nosotros respirando esa basura por una hora, llegamos mareados, intóxicados y aletargados al trabajo. Ellos no, ellos se hacen más fuertes, reforzando con dañina combustión a su sucia virilidad.

También debes bajarte si escuchas alguna radio prendida. No te confíes con noticias o reportes del tráfico, en pocos minutos ya serás víctima de una castigadora y depresiva bachata de Aventura; y estemos claros, ya bastante duro y triste es hacer frente a un nuevo día de trabajo en una economía donde nuestro sueldo se irá en un par de idas al cine, no nos hace falta más pesares en nuestra vida para ponernos a oír los infortunios amorosos de un pendejo que intenta cantar en dos idiomas. Es preferible que llegues tarde al trabajo y te boten.

Me asomo por la puerta de uno que se detiene: percibo un olor a ropa mal secada, a remojado con pequeñas ráfagas de sudor de obrero del día anterior. No sé, ese olor es de los pocos que me inducen al vómito en el acto, y por más que he intentado tolerarlo, siempre fracaso. Prefiero oler un pañal recién cagado. Lo dejo ir. Se detiene otro con buen aspecto. Todo parece estar en orden, así que subo. (más…)

Conversaciones #2: La tolerancia y diversidad

Sábado, enero 15th, 2011

Es sábado en la noche, Elena y Gabriel deambulan en las calles de Caracas, disfrutando de la extrema y exquisita sensación de seguridad y quietud que proporciona uno de los países mas envidiados por cualquier ser con vida en el mundo. Manejar con los vidrios abajo mientras la brisa fría golpea tus ojos haciéndote sacar un par de lágrimas; sin duda, un orgullo y privilegio para cada habitante de este  hermoso país.

Pasando por Los Dos Caminos, el pie de Elena decide que es oportuno desacelerar un poco, al mismo tiempo que señala al Centro Comercial Millennium.

─Gabriel, ¿sabías que este centro comercial fue nombrado recientemente como el “Centro Comercial de la tolerancia y la diversidad”? ─indica Elena con tono informativo y de primicia.

─Ahh, coño, no sabía eso.

─Sí, y la plaza que está al frente también forma parte de esa iniciativa.

─Hmmnn… ¿Y has entrado a ver por qué lo llaman así? ─pregunta Gabriel con ínfulas de investigador.

─No, no he entrado, sólo lo escuché por radio. ¿Quieres dar un paseo por la plaza a ver qué tal es?

─Está bien, de igual forma me estoy meando, así que aprovecho. (más…)

Conversaciones #1: Ser bello

Domingo, enero 9th, 2011

Elena y Gabriel pasean una noche por el elitesco centro comercial Galerías Los Naranjos. Hay actividad en sus pasillos: centenares de leggins se pasean, rescatando traseros a niñas, adolescentes, jóvenes, mujeres milf, y por qué no, ancianas en intentos desesperados de abrazar con vaginas arrugadas a algún pene inquieto con billetera suculenta que quiera aumentar su lista de víctimas y así inyectar un poco su ego. Olor a crema Dove. Olor a pulcritud, elegancia. Olor a piernas depiladas, olor a ropa interior ubicada estratégicamente entre dos frías y perfumadas nalgas arrogantes que sólo son conquistadas por penes de la misma calaña.

─Verga, Elena, esta vaina es puro caché, ¿no? ─comenta inocentemente Gabriel, que no deja de ver para todos lados.

─Jajaja, ¿por qué lo dices?

─Coño, no sé, veo pura gente bella; todos sin excepción son bellos.

─Estás loco, jaja.

Cinco minutos después…

─Ser bello es bello, Elena.

─Jajaja, ¿y ser feo es feo?

─Coño… es feo.