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Gabriel & Elena: 1er año en Londres

Viernes, enero 17th, 2014

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Estoy en Notting Hill caminando sin rumbo. En el morral llevo una carpeta negra de cuero falso con más de quince currículos. También un pote agua. Esta caminata forma parte de una agenda diaria a cumplir, con la esperanza de encontrar un empleo y dejar de comer nuestros ahorros. No me gusta Notting Hill por culpa de Julia Roberts; todo lo que me recuerda a ella o alguna de sus películas me descompone. Sí, es una cagada.

Tenemos siete meses en Londres ya. No es mi mejor día. Tampoco el mejor mes. Decido hacer una pausa y sentarme en unos banquillos que rodean a un árbol. Es lo mejor, mi cara al preguntar por trabajo no es la más idónea. Veo pasar a centenares de turistas riendo, con sus cámaras colgando. Una pareja británica de avanzada edad se come un helado al frente de mí, ambos con una insolación típica de verano bastante respetable. Se dan el helado en la boca. Un pequeño niño asiático pasa corriendo espantando a las palomas. Me rodea felicidad, pero en este momento yo estoy hundido en la mierda. Saco la carpeta para apoyar y hacer anotaciones de esta basura de momento. También saco el celular y me tomo una selfie de recuerdo, pocas veces lograré sentirme como ahorita.

Es cuero falso, pero está intacta la carpeta. Me la compraron mis padres en Rattan, en nuestro primer viaje a Margarita. Tendría yo unos 13 años en esa época. Siempre la cuidé y reservé para usar en las diligencias que involucraran documentos a los cuales había que proteger con la vida. También la usaba a diario para visitar a las compañías de seguros y mandar señales correctas y acordes al traje y la corbata que vestía. Recuerdo esa noche perfectamente. No entendía bien lo que ocurría con Margarita, pero mis padres nos compraban zapatos, ropa y otros caprichos, destacando que la isla era mucho más barata que Caracas. Siempre me sorprendía la cantidad exagerada de bolsas de chucherías importadas que llevábamos de regreso a casa. O cuando mis padres iban al casino de noche y regresaban a casa felices por haber ganado y nos daban a cada uno algunos billetes para que gastáramos en lo que deseáramos.

Y viendo la carpeta comienzo a rememorar esos viajes familiares. Sin darme cuenta me encuentro llorando al frente de dos ancianos con quemaduras de segundo grado que muerden una barquilla. Todo es como una jodida pesadilla. Acudo a desempolvar todos los momentos geniales que tengo archivados en mi cabeza. Aparecen fragmentos en los que  están presentes mis padres, mis hermanas, Elena, mis dos mejores amigos, mi abuela fallecida, y mi sobrina, la cual ni sabe que existo. Y aquí estoy, llorando a pocos metros de donde estuvo Julia Roberts. Nada podía ser peor.

Tres palomas llegan y andan comiéndose un pan con hongos en el piso. A pocos centímetros de mí llega una que sólo tiene una pata. Va dando brincos para desplazarse, al tiempo que se estabiliza con las alas. Alguien trató en el pasado de ayudarle colocándole a lo mejor una suerte de miembro falso que hiciera de soporte, pero Londres se encargó de quitárselo con la fuerte brisa y ahora no es más que un teipe negro que le cubre y guinda, con pegostes de comida, el cuarto de muñón que le quedó de pierna. (más…)

101 cosas que debes hacer en Venezuela antes de morir…

Miércoles, noviembre 27th, 2013

Para nadie es un secreto que Venezuela fue bendecida de una riqueza y majestuosidad única. Como habitantes, lo tenemos presente; pero muchas veces son tantas las opciones y hermosas vivencias que este bello país está dispuesto a regalarte, que a veces, hasta teniendo toda una vida viviendo en él desconoces muchos nuevos y especiales momentos que están a tu entera disposición. Hoy, nosotros, Gabriel Núñez y Luis Acuña, queremos regalarte una valiosa guía para que disfrutes lo mejor que tiene Venezuela preparado para ti.

¿Aceptas el reto? ¡Pues atrévete a cumplir esta guía y compartirla con tus amigos! ¡Qué viva Venezuela!

  1. Comprar ropa en el cementerio y que te la roben a la salida.

  2. Subir al Ávila por La Julia o Sabasnieves y ser testigo de una violación entre sus arbustos.

  3. Perder la cuenta de cuántos muertos has visto.

  4. Asistir a clases de motopiruetas en cualquier barrio de Caracas.

  5. Convencerte a ti mismo de que si tienes cara de culo todo el tiempo los malandros no te van a robar.

  6. Tirarle una bombita pal fresco a algún fiscal, para que cambie los hechos en la declaración y así la compañía de seguros te pague el siniestro.

  7. Lograr que alguien te diga “agarra un taxi” por quejarte en el metro.

  8. Tener amibiasis por comer en algún perrero del Centro de Caracas.

  9. Visitar al cunaguaro mutilado del Pinar.

  10. Cantar una canción de Alí Primera mientras campaneas un dieciocho años.

  11. Caerte por las escaleras del metro un día lluvioso porque la gente no se aparte de la salida.

  12. Darte unos besos en algún mirador de Caracas y ser secuestrado por la propia policía.

  13. Caminar por Playa Pantaleta y cortarte el pie con una botella rota.

  14. Acostarte a tomar una siesta en la grama del Parque del Este y luego levantarte con semen en tu espalda o mierda de perro.

  15. Pararse a recoger agua bendita de Betania en una botella de refresco.

  16. Tener a un familiar con un ACV que no dejan pasar de la recepción de la Clínica El Ávila porque esperan por la clave de la compañía de Seguros.

  17. Cambiarte de canal en la autopista sin que te dispare un motorizado.

  18. No haber visitado algún país del primer mundo, pero mantener y discutir que Venezuela es el mejor país del universo.

  19. Contar cuántas veces suenan Arjona y Maná en las tiendas del Sambil.

  20. Enterarte de que la buhonera que vende ponqués y conservas en la acera, gana ocho veces tu sueldo como profesional.

  21. Que te asalten en Los Roques.

  22. Hacerte el dormido en un vagón de Metro para no darle el puesto a una anciana con bastón que carga a su nieto.

  23. Hacer la cola de los que van sentados en los autobuses de Chacaíto.

  24. Esperar al menos 10 horas en Maiquetía por la salida de un vuelo nacional de media hora. (más…)

Juez Dredd no existe…

Viernes, septiembre 6th, 2013

Tengo una teoría dantesca y pesimista sobre el futuro del país: Venezuela es líder Maltín en embarazo adolescente. Estos embarazos son mayoría aplastante en pequeñinas de pocos recursos y con poca educación, que fueron llenadas de amor en algún matiné de changa tuki o en alguna esquina oscura cercana a la cantina del liceo. El problema viene con el entorno en el que ese desafortunado ser vendrá al mundo: leche materna con sabor a ron, almohada de cocaína, eructos de anís del papá y par de pistolas escondidas debajo de la cuna. Escorias adolescentes que juegan a ser padres.

Y entonces viene la escena escalofriante, en la que todas las personas de bien serán arrinconadas: cientos de miles terminan emigrando, tan sólo buscando poder resguardar la vida propia y la de su familia; todos los demás que deciden quedarse son exterminados sistemáticamente, sin importar ninguna pendejada política. Esto no es nuevo, ya esto ocurre. El peo es que estas nuevas camadas vienen con todo, ya dispuestas a los 11 años a perseguir sus sueños, comprar armas a los policías y ser los más guapos del barrio. No hay ningún ápice de piedad, se tocan el mostachito amarillo y matan así sea por un celular Huawei. Serán mayoría, acéptalo. Dominarán todo el territorio y no te quedará otra opción que vivir en cautiverio para bajar las probabilidades de tu asesinato. Ya el número de muertos que llevan a los doce años es similar al número de carajitas que se cogen sin protección alguna. Son conejos malandros que tiran y se multiplican sin conciencia alguna. Se repite el jodido ciclo. Pequeñas llagas que en este mismo momento están recibiendo su primera pistola y ya salivan por matar al primer pendejo que lleve un iPhone en la calle.

Siempre se puede estar más bañado en mierda de lo que uno piensa que está. Es posible superarse y tocar más fondo de lo que se toca.

El país está dividido claramente en tres grupos: una pequeña burbuja blindada, que viene a ser el gobierno. A esos les sabe a mierda cualquier muerte. Olvídate el reclamar y llorar pidiéndoles alguna acción. El segundo elemento de la torta está compuesto por los consentidos del gobierno, los bebés de la casa: el hampa, tukis, malandros, escoria, ratas; como los quieras llamar. Es política de Estado mantenerlos seguros y divirtiéndose, es fundamental que el caos y el miedo reinen en el país. Ellos tienen el control real del país. Ellos son los dueños del país. El tercer grupo somos los güevones: los que emigraron o emigrarán, y los que serán asesinados tarde o temprano. Es posible retrasar la muerte si te resignas y te mimetizas: dedos desnudos, saber la hora por el sol, carro de mierda o seguir relajado en tu camioneta por puesto. Hablar medio malandro en la panadería y portar bien la cara de guevón para que ninguno se encapriche contigo. Llega a tu casa antes de las 7 p.m. todos los días y ten un tobo de películas quemadas en tu casa para mantenerte entretenido todo el fin de semana sin exponerte de gratis por ahí.

Venezuela está destinada a ser, a nivel macro, un bloque de anarquía y muerte; una suerte de “Mega City One”: pero no tenemos Dredd. Estamos por nuestra cuenta, sin juez altruista alguno. Y estamos en clara desventaja en la batalla. Sólo tenemos chistes de Facebook y burlas de los discursos de Maduro. Sólo eso tenemos. Entiéndelo.

Como Andy Dufresne me enseñó…

Miércoles, enero 16th, 2013

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“Andy crawled to freedom through five hundred yards of shit-smelling foulness I can’t even imagine. Or maybe I just don’t want to. Five hundred yards. The length of five football fields. Just shy of half a mile” (The Shawshank Redemption).

Amigos, ha sido un honor compartir con todos ustedes estos 29 años en esta enorme piscina de excremento que tenemos como país. Nadamos entre mojones, tragamos orine, regla con grumos y degustamos toda clase de consistencias de mierda.

Como ya saben, mi esposa y yo en pocas horas tomaremos un nuevo camino (y no el de Capriles), dejando la piel en un nuevo proyecto de vida juntos, con la ilusión de vivir en un entorno algo más sano y humano para nosotros.

Dejo a mi familia, dejo a una hermosa sobrina que me tiene mariquísimo. Dejo a amigos que considero hermanos. También dejo a muchas personas valiosas, con un talento espartano merecedor de otro contexto.

A todos ustedes, gracias por el apoyo en este nuevo reto que enfrentaremos.

Seguiré activo por las redes sociales. Este blog sigue también, ahora más que nunca.

Beso lleno de excremento a todos en el cachete.

Gabriel Núñez

De por qué recapacité y decidí quedarme…

Viernes, diciembre 28th, 2012

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Lo primero, es disculparme por mis fuertes palabras en mi post de las divagaciones financieras. No fue mi intención ofender a nadie.

No solamente estacionarme en esas disculpas, sino más bien agradecer a todos aquellos que me criticaron con rudeza. A ellos les debo el haber llegado a ese momento de lucidez que me permitió recapacitar y, hoy por hoy, retractarme de muchos señalamientos que hice.

No es fácil venir a pedir disculpas públicamente. Se requiere gallardía y humildad. Espero que mis consecuentes detractores me den, al menos, el beneficio de la defensa. Y a todos los que siempre me han apoyado, pues nada, que entiendan y respeten esta decisión.

He decidido quedarme a luchar por el país. Entendí que la lucha consiste en repetir lo mismo que ya venía haciendo durante años: ejercer mi profesión, trabajar y seguir percibiendo un salario que se gasta en productos de aseo personal en Farmatodo. Comprendí que de esa manera es que todos los jóvenes echamos adelante al país. Fui gafo y obtuso, ¿qué más puedo decir?

Todo ocurrió a los pocos días de haber publicado ese nefasto post. Abrí los ojos con dificultad. Estaba sin ánimos, totalmente deprimido. Eran las once de la mañana. No me había bañado en dos días, ese bombardeo de comentarios negativos me dejó sin fuerzas. Me intenté arropar para seguir durmiendo. El interior de mi sábana escupió un vapor apestoso de orine y semen rancio. Recordé que soñé pendejadas en las que tenía sexo con prostitutas de un burdel del centro de Caracas. Todas las empleadas eran exnovias mías. No todo fue placentero, muchas de esas exnovias tengo más de quince años sin ver. Entonces se me aparecieron unas con chemise azul; otras con blanca. Y yo desbocado, pues. Una maldita pesadilla pedófila nostálgica intensa, muy intensa.

En una de tantas penetradas sentí que me orinaba y pues me empatuqué durmiendo. Todo por culpa del jodido post, si nos ponemos a analizar. Días de depresión, encierro, nada de sexo marital. Excesiva producción de semen sin los usuales canales de distribución. (más…)

Infografía del emigrante venezolano: legalización de los documentos

Jueves, diciembre 13th, 2012

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Cuando comenzó a gestarse todo este proyecto fui a un despacho de uno de estos abogados que tiene su empresa para legalizar y apostillar documentos. Un gestor proxeneta con corbata, pues. Recibe tus documentos, pega tres gritos a su red de gestores contratados, los despliega por los ministerios y listo, sacará tus documentos. Pero no sin antes sacarte unos 600 Bs. por trámite.

Para que se hagan una idea: si Elena y yo hubiésemos legalizado nuestros documentos con este gestor, la cifra daba unos 16.000 Bs. Por ese precio seguro piensas que incluía el llevarnos cargados a Maiquetía. Pero no.

Desde ese momento supimos que no le daríamos ni dos bolívares a este depravado. Renunciaríamos a nuestros trabajos y nos dispondríamos con toda la paciencia del mundo a preparar lo necesario para al menos irnos con los papeles en regla. Ya bastante dura es la etapa de emigrar; pero puede ser mucho peor si llevas puras hojas de adorno, no teniendo nada apostillado.

Esta labor de gestoría requiere de tu tiempo y paciencia. Es la antesala que te prepara el Estado para ver si son genuinas tus ganas de irte. Algunos con rodillas débiles caerán llorando por las escaleras del Registro Principal de Miranda en El Tambor. Otros se desplomarán botando espuma por la boca en el centro de Caracas; sus rostros caerán sobre algún vómito indigente de la acera.    (más…)

Divagaciones financieras – Parte II

Jueves, diciembre 6th, 2012

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Venezuela, tierra de propinas y ponqués

Andaba almorzando con Elena en un local de Los Palos Grandes. Todo de pinga, todo muy sabroso. Pero me percato de que el sitio tiene contratado a un empleado únicamente para cuidar los carros de los clientes. También para levantar y poner un cono de seguridad, mientras con la mano te dice cuando avanzar o detenerte con el carro. El pana tiene su silla, no es que anda de pie todo el día jodiéndose las rodillas y la columna. Asimismo veo que pasa cómodamente al local y se echa un refill de refresco; al lado de su silla reposan otros tres vasos de plástico que le surtieron de azúcar anteriormente.

Elena me habla, pero estoy desconcentrado. El empleado luce contento y bastante activo. Pudiese ser por la cafeína, pero sospecho que hay algo más que eso. Llevamos más de una hora en el sitio. He recolectado datos. Va retrocediendo una Caliber con un grupo de pendejas a bordo. Cambia de velocidad, baja el vidrio y lanza un billete de 10 Bs. El pana se lanza al piso a salvar su propina del caucho trasero izquierdo, arriesgando la integridad de su propia mano. Logra hacerlo. Limpia el billete, sonríe y se lo guarda. No aguanto más y dejo a Elena en la mesa.

─¡Epa, mi pana! ─le digo, mientras voy sacando un billete de 10 Bs. de mi bolsillo.

─Cuénteme, ¿va saliendo?

─Sí, voy saliendo.

─Plomo, ¿cuál es su carro?

─Ninguno, no tengo carro.

─¿Entonces?

─Requiero información ─le preciso, al tiempo que le pongo el billete sobre la silla.

─No entiendo, ¿qué información?

─Digamos que ando desempleado y consideraría la posibilidad de ser cuidador de carros como tú. Quiero saber cuánto haces en propina.

─…

─En casi una hora más de siete carros te han dado propina. Hace segundos casi pierdes la mano por 10 Bs. Estos diez bolívares también pueden ser tuyos. ¿Cuánto haces en un día?

Me mira, mira el billete; me mira, mira el billete. Lo toma.

─Bueno, eso varía, hay días malos y días buenos.

─Ok, cuéntame. (más…)

Ejercicio a cuatro manos: troleo

Martes, noviembre 13th, 2012

gimp

Adriana Pérez Bonilla, pana de panfletonegro.com, me invitó a participar en su sección de costumbre, “Ejercicio a 4 manos”. Adriana ocasionalmente extiende la invitación a algún pana para que escriba libremente sobre algún tema que a ella se le ocurra; cada uno a distancia elabora y luego se ensambla así como haya salido, alternando los párrafos. En esta ocasión en la que me invita, el tema es el troleo. Ese que sueñas, ese que lograste cumplir, o ese que te hicieron magistralmente y habías callado todo este tiempo por vergüenza.

Bloques I, II y III: este servidor, Gabriel Núñez.

Bloques A, B y C: Adriana Pérez Bonilla.

I

Todo gran actor comienza en la quinta

El desempleo me golpeaba fuertemente en el año 2003. A un amigo cercano también. Acordamos avisarnos cualquier oportunidad o tigre decente para rebuscarnos mientras salía algo bueno. Un tigre fijo era cazar algún focus group en el periódico, de esta manera al menos comíamos un refrigerio y nos traíamos 50 Bs. cada uno en el bolsillo. Era algo, pues.

Una tarde me llamó un poco emocionado, diciendo que había encontrado un anuncio en la prensa donde solicitaban jóvenes y adultos que quisieran participar en trabajos audiovisuales, como actores, usando una máscara. Ya habíamos hecho de extras un par de ocasiones, así que sabíamos que esto podía ser algo con paga aceptable.

Esa misma tarde nos lanzamos al sitio. Era una quinta azul con rejas blancas, pasando desapercibida en alguna transversal inmunda entre Sabana Grande y Plaza Venezuela. A través de la reja se podía ver una larga escalera de piso de granito. Informamos por el intercomunicador que veníamos por el aviso del periódico. Desde arriba nos abrieron y nos indicaron que cerráramos la reja con fuerza.

Subimos las escaleras y apareció una pequeña sala con paredes blancas. Salió un muchacho de un cuarto y nos mandó a esperar sentados en un sofá un tanto desaliñado. Regresó a la habitación y nos dejó solos. La sala tenía afiches de Bananín y Bananón, Los Teletubbies, El Pato Donald, y muñequitos extraños que no identifiqué. Al frente de nosotros un vaso reciclado de Cheez Whiz reposaba encima de una mesa de madera. En una esquina, tirado en el piso, estaba un peluche barato de un perro con ojos tristes depresivos. Todo era muy extraño. Miramos el techo, un par de cámaras de circuito cerrado montaban guardia: una apuntaba a las escaleras; otra al sofá donde estábamos sentados.

─Posiblemente será que necesitan actores para programas infantiles. Eso tiene demanda actualmente ─me dice el pana intentando no mover los labios.

─O tal vez sea para animar fiestas de niños. Es común que los contraten. Pagan bien, creo ─dije yo. (más…)

Un hombre. Un mango. Un perro

Domingo, julio 8th, 2012

metrobuseroblog

─Carlos, con todo el dolor de mi alma, debo pedirte que me entregues tu carné y uniforme.

Así fue como me recibió en su oficina. No dormí nada la noche anterior. Ya tenía más de doce horas echado en la cama viendo el techo, repitiendo en mi cabeza todo lo que ocurrió. Pero desde hace años soy un tipo de metas, de objetivos, de visualizaciones. De otra forma no funciono. Así que no iba a rendirme por un altercado que posiblemente me estaba haciendo ver todo de una manera dramática y exagerada. Me dejé de mariqueras y tomé una ducha. Debía verlo como un día de trabajo cualquiera. Me puse la ropa y salí a cumplir mi turno que comenzaba a media tarde. Al llegar me dijeron que debía pasar por su oficina.

─No me haga eso, jefe. Se lo suplico, usted me conoce muy bien, sabe que…

─Carlos. Me duele hacer esto ─dijo mientras se rascaba la barba─, estoy consciente de que eres uno de los mejores recursos de la organización; pero quiero que entiendas que hago esto para protegerte. ¿O es que acaso quieres ir preso? ¿Cómo coño de la madre se te ocurre venir a trabajar? Tengo a toda la policía metiendo sus malditas narices en esta mierda desde ayer, oliéndome los peos. Lo más conveniente para ti y la organización es que te saquemos del mapa. Huye de la ciudad, yo diré que no sabemos nada de ti.

─Jefe, usted sabe que vivo para esta institución desde hace varios años. Entré persiguiendo un sueño; usted lo sabe, jefe, usted lo sabe. Juré a mi familia que lo lograría, que yo…

─Silencio, Carlos. Sé por qué entraste aquí, no hace falta que me lo repitas, carajo. Pero lo siento, realmente lo siento. Infringiste una norma, y hacerlo trajo una consecuencia. ¿Sufres de amnesia o qué coño te pasa? Aún no entiendo cómo puedes estar aquí al frente de mí… No te lo vuelvo a repetir, entrégame tu carné y quítate el maldito uniforme.

─No tengo más ropa aquí, jefe ─le respondí.

Me dio la espalda y llamó por su radio a una señora de servicios generales. Le dijo que trajera cualquier mono que sobrara y alguna franela de la última marcha. A los pocos segundos apareció con actitud aduladora una señora que sacó de un tobo de plástico lo solicitado.

─Ya tienes la ropa. Así que quítate esa mierda.

Me puse a llorar. Comencé por la chaqueta. La llevaba siempre, así estuviese el sol más arrecho. Las mujeres decían que me hacía ver musculoso. Seguí con la camisa manga corta; luego el pantalón. Me quedé con un interior rojo y los zapatos negros perfectamente lustrados.

─Carlos, deja el llanto y la mariconería. ¿Por qué no pensaste un puto segundo antes de hacer lo que hiciste? (más…)

Divagaciones sobre Aruba…

Lunes, junio 4th, 2012

blog

Cuando la revisaba en Google Maps se veía pequeña. Juraba que era tan minúscula que la recorrería con Elena a pie. Esto fue bien soñador de mi parte, ya que en persona la vaina es otra historia. No es que sea imposible, pero vamos, te costaría unos buenos callos en los pies y unos cinco potes de protector solar.

Llegamos al Holiday Inn. Nos quedamos en la habitación más económica, pero haciendo honor al pelabolismo y la inocencia, debo destacar que jamás me había quedado en un sitio con tantas comodidades juntas. Teníamos nevera, cama king, televisor lcd de 32″, caja fuerte, sofá cómodo para leer -u otras cosas-, mesa redonda con dos sillas, un balcón con dos sillas de mimbre y otro pequeño mueble para poner los pies y descansar. No puedo dejar de mencionar algo destacable: mesa de planchar y una plancha. Elena vio unos videos de gente que doblaba la ropa con una técnica especial para que no se arrugaran en la maleta. Nada de eso sirvió, toda la ropa llegó como un origami. Así que bueno, se pueden imaginar: yo planchando en las noches antes de salir y Elena burlándose por mi neurosis con las arrugas en la ropa.

La vista del balcón era una de las cosas que más disfrutábamos de la habitación. Déjenme contextualizarlos: sitúense en el medio del balcón, con la mirada al frente. Luego agréguense algo de estrabismo. Bueno, con el ojo izquierdo mirarían al C.C. Paseo Herencia y a las pulcras aceras del Palm Beach, adornadas por áreas verdes bien cuidadas. Con el ojo derecho, que debe dar mucha grima verlo porque está desviado y situado en todo el rincón que apunta a la oreja del mismo lado, verían la espectacular playa de Palm Beach, con una arena ligera y clarísima, que permanece custodiada por mayúsculas palmeras inquebrantables ante la dura y fresca brisa.

Nuestra habitación fue la 5756. Si algún día van y les toca esa habitación, ya saben que estuvimos ahí. Hay restos de nosotros esparcidos en todo el cuarto; atención especial al sofá y la cama. Con suerte, si no tienen gripe y olfatean con detenimiento, podrán oler nuestro sudor impreso en las telas.

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El clima de Aruba es sencillamente espectacular. Fuertes vientos alisios se encargan de mantenerte refrescado en todo momento. Pero a su vez el sol también se encarga de atacarte en cada minuto, es traicionero. Hay que estar pendientes con eso; la temperatura de Aruba es de “cazabobos”: no sudas, no tienes calor, pero en tres horas ya sufres una insolación si no te cuidas.

Creo que muchos gringos, y sobre todo los ingleses, disfrutan insolarse. Me parece que les hace sentir vivos; además, es como un juego entre ellos, para ver a quién le salen llagas en la piel más rápido y quién logra el gran premio cancerígeno de la misma. Son artimañas para sazonar la cómoda vida del primer mundo; tenerlo todo en algún punto resulta aburrido y luego hallan divertido jugar con la muerte. Hay ancianas inglesas que se pasean alegremente con el pellejero al rojo vivo, con todos sus receptores sensoriales muertos, fruto de muchas vacaciones tropicales a lo largo de sus vidas. Pudieses quemarlas en una hoguera y no sentirían dolor ni sufrimiento alguno. (más…)