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Conversaciones #3: Preámbulo laboral

Jueves, abril 21st, 2011

Otra divertida mañana en cumplimiento del preámbulo de otro rutinario día laboral. Con corbata bien amarrada espero en la parada de autobús. Me quedó un poco larga, pero no me importa, así cuando vaya a orinar me seco el saldo pendiente de orine con la punta de la misma. Escoger el carrito por puesto ideal es un arte, no todos están preparados para ello. Elegir a los de butacas minúsculas, con respaldo bajo, es una total novatada: no podrás quedarte dormido cómodamente, y si lo haces, echando tu cabeza para atrás como un contorsionista, te ahogarás con tu propia saliva, o peor: te fracturarás el cuello y te bajarán muerto en la última parada. También debes estar alerta con el tema de los escapes internos de monóxido de carbono. Los choferes son inmunes a estos dañinos gases, así que nunca te compares con los organismos blindados de ellos; nosotros respirando esa basura por una hora, llegamos mareados, intóxicados y aletargados al trabajo. Ellos no, ellos se hacen más fuertes, reforzando con dañina combustión a su sucia virilidad.

También debes bajarte si escuchas alguna radio prendida. No te confíes con noticias o reportes del tráfico, en pocos minutos ya serás víctima de una castigadora y depresiva bachata de Aventura; y estemos claros, ya bastante duro y triste es hacer frente a un nuevo día de trabajo en una economía donde nuestro sueldo se irá en un par de idas al cine, no nos hace falta más pesares en nuestra vida para ponernos a oír los infortunios amorosos de un pendejo que intenta cantar en dos idiomas. Es preferible que llegues tarde al trabajo y te boten.

Me asomo por la puerta de uno que se detiene: percibo un olor a ropa mal secada, a remojado con pequeñas ráfagas de sudor de obrero del día anterior. No sé, ese olor es de los pocos que me inducen al vómito en el acto, y por más que he intentado tolerarlo, siempre fracaso. Prefiero oler un pañal recién cagado. Lo dejo ir. Se detiene otro con buen aspecto. Todo parece estar en orden, así que subo. (más…)

El otro día participé en un concurso…

Lunes, abril 11th, 2011

Voy a darte un consejo: siempre que desees participar en un concurso, debes averiguar quiénes son los patrocinantes del mismo. Por ejemplo, no verás a Buchanan’s patrocinando un matiné de tukis que luchan por demostrar quién es el más flaco y tiene las mechitas más amarillas; así que, conocer a los patrocinantes te podrá dar una idea de la seriedad y magnitud del concurso en el que deseas participar. También debes prestar sumo cuidado e indagar en manos de quién queda el ir depurando la competencia, siendo más claro, quién es el jurado. De nada te sirve participar en un concurso en el que debas demostrar tus dotes culinarias, y el jurado esté conformado por la Cooperativa  Socialista de Perrocalenteros de la calle del hambre. Podrás cocinarles camarón con salsa cremosa de hongos Morel, puré de papas con ajo y espárrago escalfado, pero nada de eso servirá, el paladar de ellos sólo pedirá salsa de tomate, mucha mayonesa y un poco de suciedad, tú sabes, para el toque salado natural respectivo.

¿Tiene algo de sentido lo que has leído? La lógica puede indicarte que sí, pero los hechos parecen demostrar lo contrario.

Cuando yo escuchaba la palabra “Montblanc”, automáticamente la asociaba con elegancia, seriedad, sobriedad, distinción y nivel. Así, siendo víctima de las jodidas asociaciones creadas por la trayectoria de una marca, Elena me animó a participar en “Concurso Cartas de Amor”, patrocinado por Montblanc. Me hice muchas expectativas, tantas, que imaginé enfrentarme con puros duros en la materia en una exigente competencia. De igual forma quise probar suerte y mandar algún material mío ya escrito, pero con algunas adaptaciones. La dinámica era sencilla: el participante enviaba una carta de amor a través de la página, y posteriormente todas serían revisadas por un comité de lectura de la “Fundación Icrea”, que, como ellos señalan en la página, representan una prestigiosa escuela de escritores. Las que pasaran la rigurosa evaluación de estos eminentes críticos, pasarían a estar preseleccionadas, y luego de varias semanas, serían escogidas las diez mejores que pasarían a la gran final.

No quiero caer en intensidades, o que esto se traduzca en un berrinche histérico de mi parte. Quisiera más bien que seamos críticos y objetivos, tomando en cuenta, más aún, que una solemne escuela de escritores es la que maneja los criterios de selección. Por lo tanto, lo ideal entonces a la hora de la elección, es no ser mediocres, ¿cierto? (más…)

Andrea, la anoréxica…

Domingo, abril 3rd, 2011

Nunca me ha atraído la delgadez acentuada en una mujer. Necesito algo de carne, algo de kilos de más. Para mí interactuar carnalmente con una flaca es motivo de preocupación. Siento que se le quebrará un hueso en algún momento. Las veo frágiles, y de manipulación muy delicada. Me ocurre lo mismo cuando cargo a algún escuálido perro: lo elevo en mis brazos para jugar, y de repente, siento el crujir de sus huesos y articulaciones. No me gusta eso, decido regresarlo al piso enseguida por su seguridad y mi tranquilidad.

No malinterpreten mis palabras; he dicho que no me atraen las flacas, pero aclaro que tampoco lo hacen las obesas. Yo no me trago esas falacias lógicas criollas creadas convenientemente por ellas.  No. Eso de “las gordas somos felices” y “en donde hay grasa hay sabor”, pues no me lo creo. A más de una he visto deprimirse porque deben pasar de lado por el torniquete, su culo les impide pasar de otra forma. Otras pasan horas en las paradas, ya que ningún autobús quiere ocupar dos puestos por el precio de uno con semejante tamaño de nalgas.

Muchas de ellas señalan que en su cuerpo hay sabor y guaguancó, pero tengo mis dudas al respecto. En la calle se puede ver cómo estas sabrosuras tropicales se bajan nerviosas las camisas y franelas, escondiendo con recelo a sus condimentadas estrías. Luego, en la intimidad, quieren follar con la luz apagada, y por supuesto, ni se te ocurra tocarles un caucho o pliegue adiposo: te quitarán de inmediato la mano, se sentirán ofendidas y comenzarán a llorar en la oscuridad. Si fuiste cuidadoso y no cometiste imprudencia alguna, pues has llegado triunfalmente al coito. En esta etapa por lo general verás cómo se entregan al abandono en los brazos del colchón. Emularán a una foca y, echadas, sin ninguna consideración e intención de colaborar, aplaudirán y esperarán que tú hagas todo para así ellas poder ahorrar energía y no perder ni una aceitosa caloría. De esta manera, el plato que prometía mucho sabor, se ha quedado frío en la mesa, reinante de insipidez y aburrimiento culinario.

Me gustan las que están en el punto medio, con la cantidad adecuada de manteca. De esas que llaman “rellenitas”. De esas que te piden ayuda para poderse subir completo el jean porque se les trancó a media nalga. Eso me fascina. Ni hablar de los muslos y pantorrillas; esos ligeramente gorditos, carnosos, totalmente lisos. Sí, a esos así me encanta tocarlos; además, son una buena invitación para que  suba mis manos a par de corpulentos y bien alimentados labios vaginales. (más…)