Archivo de la ‘Escritos Enero 2011’ Categoría

El otro día me mudaron de oficina…

Martes, enero 25th, 2011

Hace un par de semanas avisaron que nos mudarían de oficina. Sí, del piso 7 nos mandarían al piso 10 de la misma torre. Me declaro novato en este tema, lo confieso. Pensaba que en una mudanza lo importante era cubrir los detalles fundamentales para la felicidad de cualquier empleado: qué tan buena era la ubicación del nuevo puesto, qué tal enfriaba el aire acondicionado, cómo lucían los baños y las pocetas que tanto me acompañarían en la tarde cuando el almuerzo comienza a empujar al desayuno almacenado en mi intestino grueso. También qué tan amplio era el pasillo para hacer emocionantes carreras con las sillas cuando llegara la hora del burro, o qué tan cerca nos quedaría aquel compañero víctima continua de chalequeos.

Nuestro nuevo sitio de trabajo cubría todas estas expectativas, y muchas más. Compartiríamos oficina con un par de empresas que ya tenían tiempo ahí, por lo tanto, seríamos los “nuevones”, los gallos que no saben cuál es el microondas que no calienta bien, ni cuál botón abre en realidad la puerta de recepción. No importa, igual estábamos muy emocionados con el asunto de tan elegante oficina.

Llegado el día de la mudanza, la nueva oficina comenzaba a agarrar forma, ya las mujeres comenzaban a joderla con noticas, portarretratos de plástico, peluchitos baratos y globitos de Piolín que regaló el esposo por haber llegado borracho y con marcas de semen en el interior la otra noche. Yo, por mi parte, soy un tanto minimalista y práctico, me basta con tener el cepillo, pasta de diente y el gel antibacterial, por si acaso nos visita algún cliente tuki con ganas de dársela de educado y querer estrechar mi mano.

Ya en nuestro segundo día de trabajo estábamos operativos totalmente. También lo estaba mi estómago, que gritando de emoción por haberle lanzado una hamburguesa en Chipi’s, decidió manifestarse para estrenar el nuevo baño corporativo. Un baño hermoso, sin duda. Entré y había alguien cepillándose, pero sin dar mucha importancia hice un pequeño recorrido por los cuatro cubículos que ofrecía. Me decidí por el segundo; una poceta ejemplar, que del exceso de pulcritud inspiraba una confianza tal que descartabas de inmediato la idea de pasarle un papel por la tapa. No sería justo con ella.

Ya estaba en pleno proceso defequístico, lanzándome un Sudoku en el Blackberry; de repente, oigo que la persona que estaba cepillándose termina y, justo al cerrarse la puerta, me quedo completamente a oscuras. Es un baño sin ventana, por lo cual, les hablo de una jodida oscuridad absoluta, literalmente. (más…)

Conversaciones #2: La tolerancia y diversidad

Sábado, enero 15th, 2011

Es sábado en la noche, Elena y Gabriel deambulan en las calles de Caracas, disfrutando de la extrema y exquisita sensación de seguridad y quietud que proporciona uno de los países mas envidiados por cualquier ser con vida en el mundo. Manejar con los vidrios abajo mientras la brisa fría golpea tus ojos haciéndote sacar un par de lágrimas; sin duda, un orgullo y privilegio para cada habitante de este  hermoso país.

Pasando por Los Dos Caminos, el pie de Elena decide que es oportuno desacelerar un poco, al mismo tiempo que señala al Centro Comercial Millennium.

─Gabriel, ¿sabías que este centro comercial fue nombrado recientemente como el “Centro Comercial de la tolerancia y la diversidad”? ─indica Elena con tono informativo y de primicia.

─Ahh, coño, no sabía eso.

─Sí, y la plaza que está al frente también forma parte de esa iniciativa.

─Hmmnn… ¿Y has entrado a ver por qué lo llaman así? ─pregunta Gabriel con ínfulas de investigador.

─No, no he entrado, sólo lo escuché por radio. ¿Quieres dar un paseo por la plaza a ver qué tal es?

─Está bien, de igual forma me estoy meando, así que aprovecho. (más…)

¿Agradecimientos?…

Miércoles, enero 12th, 2011

Situación 1:

Voy caminando por Altamira una tarde cualquiera luego del trabajo. Al frente de mí un carro pasa a toda velocidad y, como ya es costumbre en este territorio anárquico, se come la luz roja: acto seguido dos motorizados salen volando, despedidos con furia por sus motos estrelladas en el carro infractor.

Caos, policías, multitud aglomerada tomando fotos con los celulares; amantes del cine gore miran con placer la sangrienta escena, pasando su lengua por el labio superior, mientras meten su mano en el bolsillo para estimularse la cabeza del pene. “Esto va pa’ yutú, el mío; qué lacreo, vale”, oigo que grita un desadaptado quinceañero criollo de las artes tukicias en nuestro país.

Uno de los motorizados, luego de un aterrizaje forzoso, yace boca arriba en el pavimento a unos 6 metros del carro. Lo rodea un gran charco de sangre, que a su vez, acompaña y da ambiente a un hueso quebrado que se asoma en su mano, un brazo fracturado, un jean completamente roto y varios gritos de angustia que poco a poco disminuían su intensidad por una torturadora y lenta muerte que le acechaba.

Un minuto después, la barriga del motorizado revela una respiración totalmente inestable, que pasa de lo pausada a lo rápida, y viceversa. No llega todavía la ambulancia, sólo se cuenta con docenas de policías que luchan por espantar a los colegas motorizados justicieros anónimos que se detienen para apoyar a su hermano caído, y así decidir en una tormenta de ideas quién saca la pistola y le propina 11 tiros al dueño del vehículo. (más…)

Conversaciones #1: Ser bello

Domingo, enero 9th, 2011

Elena y Gabriel pasean una noche por el elitesco centro comercial Galerías Los Naranjos. Hay actividad en sus pasillos: centenares de leggins se pasean, rescatando traseros a niñas, adolescentes, jóvenes, mujeres milf, y por qué no, ancianas en intentos desesperados de abrazar con vaginas arrugadas a algún pene inquieto con billetera suculenta que quiera aumentar su lista de víctimas y así inyectar un poco su ego. Olor a crema Dove. Olor a pulcritud, elegancia. Olor a piernas depiladas, olor a ropa interior ubicada estratégicamente entre dos frías y perfumadas nalgas arrogantes que sólo son conquistadas por penes de la misma calaña.

─Verga, Elena, esta vaina es puro caché, ¿no? ─comenta inocentemente Gabriel, que no deja de ver para todos lados.

─Jajaja, ¿por qué lo dices?

─Coño, no sé, veo pura gente bella; todos sin excepción son bellos.

─Estás loco, jaja.

Cinco minutos después…

─Ser bello es bello, Elena.

─Jajaja, ¿y ser feo es feo?

─Coño… es feo.

Crónicas del Benjamin Button venezolano: "El asalto"

Martes, enero 4th, 2011

La sociedad me ha vuelto a escupir en la cara. Yo, trato de incorporarme, de aceptarla; ella, sólo desea humillarme y neurotizarme más con el castigo al que fui sometido: la maldición de la perenne juventud. Es el cerebro y pensamiento crítico de un inusual adulto, encerrado arbitrariamente en una cara de bebé. Tengo 27 años, y soy Gabriel Núñez, el Benjamin Button venezolano.

Hoy regresaba de un arduo día de trabajo, como siempre, en una acostumbrada maloliente y bachatera camionetica por puesto. Siempre me quedo dormido, puede que sea el ambientador de monóxido de carbono con vapor pestilente de obrero con ropa mal secada que nos regala el oscuro interior del transporte; puede ser también que las bachatas activan algún mecanismo de defensa en mi organismo, y para proteger la integridad de mis neuronas, opta sabiamente por desconectarme.

Mi baba deslizándose por el hombro del obrero a mi lado fue interrumpida por una orden clara y malandril:

─Bueno, ¡todo el mundo quieto, sapos! Tú, mamagüevo, mira al frente y sigue manejando sin detenerte si no quieres que te explotemos. ¡Bueno, pasajeros, con la educación por delante, el mío y yo les damos las buenas tardes!; pa’ que se enteren: esto es un asalto. Mi compadre pasará por sus puestos con una bolsa, agradecemos su colaboración y metan en ella relojes, zarcillos, cadenas, carteras y, por supuestos los Blackberry, no queremos charla de nadie, ahorita hasta la señora de servicio tiene uno, no nos vengan con mamagüevadas y mariqueras. (más…)