Archivo de la ‘Escritos Julio 2012’ Categoría

Un hombre. Un mango. Un perro

Domingo, julio 8th, 2012

metrobuseroblog

─Carlos, con todo el dolor de mi alma, debo pedirte que me entregues tu carné y uniforme.

Así fue como me recibió en su oficina. No dormí nada la noche anterior. Ya tenía más de doce horas echado en la cama viendo el techo, repitiendo en mi cabeza todo lo que ocurrió. Pero desde hace años soy un tipo de metas, de objetivos, de visualizaciones. De otra forma no funciono. Así que no iba a rendirme por un altercado que posiblemente me estaba haciendo ver todo de una manera dramática y exagerada. Me dejé de mariqueras y tomé una ducha. Debía verlo como un día de trabajo cualquiera. Me puse la ropa y salí a cumplir mi turno que comenzaba a media tarde. Al llegar me dijeron que debía pasar por su oficina.

─No me haga eso, jefe. Se lo suplico, usted me conoce muy bien, sabe que…

─Carlos. Me duele hacer esto ─dijo mientras se rascaba la barba─, estoy consciente de que eres uno de los mejores recursos de la organización; pero quiero que entiendas que hago esto para protegerte. ¿O es que acaso quieres ir preso? ¿Cómo coño de la madre se te ocurre venir a trabajar? Tengo a toda la policía metiendo sus malditas narices en esta mierda desde ayer, oliéndome los peos. Lo más conveniente para ti y la organización es que te saquemos del mapa. Huye de la ciudad, yo diré que no sabemos nada de ti.

─Jefe, usted sabe que vivo para esta institución desde hace varios años. Entré persiguiendo un sueño; usted lo sabe, jefe, usted lo sabe. Juré a mi familia que lo lograría, que yo…

─Silencio, Carlos. Sé por qué entraste aquí, no hace falta que me lo repitas, carajo. Pero lo siento, realmente lo siento. Infringiste una norma, y hacerlo trajo una consecuencia. ¿Sufres de amnesia o qué coño te pasa? Aún no entiendo cómo puedes estar aquí al frente de mí… No te lo vuelvo a repetir, entrégame tu carné y quítate el maldito uniforme.

─No tengo más ropa aquí, jefe ─le respondí.

Me dio la espalda y llamó por su radio a una señora de servicios generales. Le dijo que trajera cualquier mono que sobrara y alguna franela de la última marcha. A los pocos segundos apareció con actitud aduladora una señora que sacó de un tobo de plástico lo solicitado.

─Ya tienes la ropa. Así que quítate esa mierda.

Me puse a llorar. Comencé por la chaqueta. La llevaba siempre, así estuviese el sol más arrecho. Las mujeres decían que me hacía ver musculoso. Seguí con la camisa manga corta; luego el pantalón. Me quedé con un interior rojo y los zapatos negros perfectamente lustrados.

─Carlos, deja el llanto y la mariconería. ¿Por qué no pensaste un puto segundo antes de hacer lo que hiciste? (más…)