Archivo de la ‘Escritos Junio 2011’ Categoría

Soy un aburrido…

Jueves, junio 23rd, 2011

Sí, amor, soy un aburrido…

Puedo ver tu retahíla de bostezos que claman en silencio por el cese de mis divagaciones reflexivas que castigan sin piedad a tus anoréxicas neuronas. Puedo ver tu confusión, que es acompañada por una molesta indigestión cerebral que te deja en estado catatónico. Yo que insistía, yo que te daba el beneficio de la duda y racionalizaba el asunto, convenciéndome con la mentira autoinfligida de que no eras tan básica, de que el motivo de tu déficit de atención era el agotamiento por el desarrollo de tus actividades diarias. Luego comprendí que dormir y ver televisión no genera agotamiento alguno.

No salíamos mucho, ya que mis sitios, no eran los tuyos. Pero yo era más pendejo: los tuyos, intenté hacerlos míos. Las ocasiones en las que me aventuré a compartir contigo en una discoteca, tu hábitat favorito, fueron más ridículas que mi primera masturbada de preadolescente: juraba que me orinaba, pero más bien se trataba de una eyaculación de aire que finalizaba con una débil burbuja formada por un intento fallido de semen. Te complacía, y siendo condescendiente, ejecutaba esos movimientos pélvicos tan aceptados y reforzados socialmente.

Realmente reconozco el aporte del baile como activador de procesos lubricantes de órganos reproductores; pero también reconozco que es muy alto el precio que cobra por ofrecer llegar húmedo, caliente y sudado a la penetración: escuchar reggaeton y bailar como zombie un triste misionero vertical con ropa. Sí, tuve que abortar rápidamente esa condescendencia que te regalé. Decido alejarme, decido dejar de hacer el ridículo bailando como reo que no ve a una mujer desde hace años; decido sentarme en un sofá del local y ver como mi hombro sirve de almohada para un desconocido borracho que perdió el conocimiento con su trago en la mano. Él, ahogado en el alcohol; yo, ahogado en el aburrimiento, mientras veo como se estrellan testículos sobre tu vagina resguardada por una fina tela, al ritmo de canciones que invitan a abandonar el recinto, para así concretar en silencio la copulación. Yo lo abandonaba… pero no para copular; más bien para ir decepcionado de ti a reencontrarme con mi computadora en la tranquilidad de la casa. Eras un fraude de novia.

Solamente tu madre te veía con orgullo… Pero bueno, ¿qué madre no lo hace? Hasta en las noticias veo madres llorando, gritando ante las cámaras de Globovisión que su hijo no merecía haber sido asesinado por esos quince tiros y treinta puñaladas que le propinaron; por supuesto, aclarando que él no era un azote de barrio como decían las autoridades, más bien era un muchacho deportista, sano, que no se metía con nadie y que estaba a punto de culminar la Misión Robinson, ya que su sueño era ser Ingeniero Aeronáutico. Así era tu madre, y recuerdo lo insistente y obsesiva que se ponía con el tema de tener nietos, los ansiaba con locura. Creo que son las secuelas del divorcio en edad avanzada: querer un gato, querer un nieto, oír noticias todo el día con el trasero enterrado en un sofá, ver a Locatel como un Centro Comercial. (más…)

Conversaciones #4: La panadería

Jueves, junio 2nd, 2011

─Corazón, que no esté tan tostada la canilla, por favor ─ordenaba a la chica que se encontraba detrás de la barra de la panadería.

Siempre se me queda mirando con picardía, haciéndose la sorda para que le vuelva a repetir lo que deseo. Yo, por el contrario, me hago el pendejo y dirijo mi mirada hacia los dulces viejos del estante inferior. En ellos, las abejas y moscas encontraron vivienda digna, revolcándose alegres sobre el almíbar de los diferentes intentos de postre que se niegan a ser botados. Mi vista se cuela entre los Milhojas, dejando ver a través del vidrio los pies de mi despachadora. Carga unas cholas maltratadas; una suela totalmente desgastada así lo confirma. Puedo observar un dedo gordo reposando sobre el piso. Tiene una escuálida uña que parece que no fue cortada con cortauñas, más bien fue comida con los dientes en algún ataque de hambre de madrugada. Emulan a unos tequeños sucios que fueron recogidos de una alcantarilla. Es una empleada cómoda y viciada, no hay duda.

─¿Qué pasó, papi, quieres alguno en particular? ─dijo.

─No, ni de vaina quisiera uno de ellos. Quédatelos, la ausencia de algún dedo del pie perjudica demasiado el equilibrio.

─No te entiendo, amor. Te estoy preguntando que si quieres algún dulce.

─Ah, coño, no; a esta hora poco me provoca comer alguna mosca o abeja, ellas caen pesadas en la noche.

─Sí eres tontito, gordo, esos dulces están fresquitos, son de hoy.

La inteligencia de uno es subestimada hasta por una despachadora de panadería. Te dan una canilla que pudiese ser usada como bate en alguna caimana de béisbol, pero “está fresca”. Te dan un dulce que lleva en su lomo a dos moscas follando sobre una alfombra de hongos, pero “está fresco”. He llegado a pensar que tanto trabajo pasan en su vida, que comer alimentos en esas condiciones es realmente para ellas comer algo normal, algo fresco y saludable. Es eso, o que con toda la desfachatez e intención pretenden hacernos comer alimentos que parecen ya de utilería. Creo que es la cobarde manera que encontraron para vengarse de la sociedad.

─Toma tu canilla, ojos lindos ─dijo, al tiempo que extendía mi futura cena de carbohidratos.

Tomé la bolsa. Nuevamente ocurría lo de todos los días: una canilla de más me estaba dando. No me molesta que me regalen comida, mucho menos con mi triste situación económica; el problema es que todo eso es una emboscada, un “niño envuelto”, una estafa, un timo. Ellas no plantean un trueque cualquiera, no, ellas sólo desean sexo a cambio de regalarte la comida de su patrono. Ellas te dan un pan canilla; tú, debes llevártelas a un rincón del depósito, quitarles el precario pantalón pestilente de orina y frenazos de bicicleta, sacarte el pene, asignarle una misión suicida y estrellarlo sin misericordia alguna en una vagina que rompió relaciones diplomáticas con cualquier tipo de jabón. Es la vida de tu pene por un trozo de pan. Este escenario no es negociable para mí. (más…)