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Divagaciones sobre Aruba…

Lunes, junio 4th, 2012

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Cuando la revisaba en Google Maps se veía pequeña. Juraba que era tan minúscula que la recorrería con Elena a pie. Esto fue bien soñador de mi parte, ya que en persona la vaina es otra historia. No es que sea imposible, pero vamos, te costaría unos buenos callos en los pies y unos cinco potes de protector solar.

Llegamos al Holiday Inn. Nos quedamos en la habitación más económica, pero haciendo honor al pelabolismo y la inocencia, debo destacar que jamás me había quedado en un sitio con tantas comodidades juntas. Teníamos nevera, cama king, televisor lcd de 32″, caja fuerte, sofá cómodo para leer -u otras cosas-, mesa redonda con dos sillas, un balcón con dos sillas de mimbre y otro pequeño mueble para poner los pies y descansar. No puedo dejar de mencionar algo destacable: mesa de planchar y una plancha. Elena vio unos videos de gente que doblaba la ropa con una técnica especial para que no se arrugaran en la maleta. Nada de eso sirvió, toda la ropa llegó como un origami. Así que bueno, se pueden imaginar: yo planchando en las noches antes de salir y Elena burlándose por mi neurosis con las arrugas en la ropa.

La vista del balcón era una de las cosas que más disfrutábamos de la habitación. Déjenme contextualizarlos: sitúense en el medio del balcón, con la mirada al frente. Luego agréguense algo de estrabismo. Bueno, con el ojo izquierdo mirarían al C.C. Paseo Herencia y a las pulcras aceras del Palm Beach, adornadas por áreas verdes bien cuidadas. Con el ojo derecho, que debe dar mucha grima verlo porque está desviado y situado en todo el rincón que apunta a la oreja del mismo lado, verían la espectacular playa de Palm Beach, con una arena ligera y clarísima, que permanece custodiada por mayúsculas palmeras inquebrantables ante la dura y fresca brisa.

Nuestra habitación fue la 5756. Si algún día van y les toca esa habitación, ya saben que estuvimos ahí. Hay restos de nosotros esparcidos en todo el cuarto; atención especial al sofá y la cama. Con suerte, si no tienen gripe y olfatean con detenimiento, podrán oler nuestro sudor impreso en las telas.

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El clima de Aruba es sencillamente espectacular. Fuertes vientos alisios se encargan de mantenerte refrescado en todo momento. Pero a su vez el sol también se encarga de atacarte en cada minuto, es traicionero. Hay que estar pendientes con eso; la temperatura de Aruba es de “cazabobos”: no sudas, no tienes calor, pero en tres horas ya sufres una insolación si no te cuidas.

Creo que muchos gringos, y sobre todo los ingleses, disfrutan insolarse. Me parece que les hace sentir vivos; además, es como un juego entre ellos, para ver a quién le salen llagas en la piel más rápido y quién logra el gran premio cancerígeno de la misma. Son artimañas para sazonar la cómoda vida del primer mundo; tenerlo todo en algún punto resulta aburrido y luego hallan divertido jugar con la muerte. Hay ancianas inglesas que se pasean alegremente con el pellejero al rojo vivo, con todos sus receptores sensoriales muertos, fruto de muchas vacaciones tropicales a lo largo de sus vidas. Pudieses quemarlas en una hoguera y no sentirían dolor ni sufrimiento alguno. (más…)