Archivo de la ‘Escritos Octubre 2010’ Categoría

Finalmente…

Sábado, octubre 23rd, 2010

Finalmente logré someter a los saboteadores de turno, mis pensamientos han sido destilados nuevamente. Finalmente llegó el día en que mandé al carajo mis temores, que busquen a otro pendejo para joder. Finalmente llegó el día en que conocí la textura de tus labios;  labios que acechaba con mirada codiciosa día tras día. Finalmente nuestras lenguas pudieron medirse en combate; ambas declarándose en igualdad de condiciones, dispuestas a mantener una lucha perenne cada vez que sean presentadas. Finalmente pude violentar tu espacio físico, sin tensiones ridículas ni cuestionamientos infantiles.  Toqué tu piel; jugué con la sutileza y gracia de tu cabello, dejando mis manos empapadas a  tu feminidad exquisita. Finalmente pude robar tu olor como merecía ser robado: sin buscar excusas me acerqué a tu cuello, luego, con una colosal inhalación que pondría en problemas a un asmático, me encargué de registrar y archivar el aroma natural que te define.

Finalmente puedo tomar tu mano, besarte cuando mis labios lo decidan, cuando les dé la real gana; tienen inmunidad diplomática para invadir el espacio de los tuyos. Serán desde este día unos labios arbitrarios, caprichosos, que abusarán del poder  implacablemente; no darán explicaciones de nada, sólo se acercarán, tomando lo que deseen de ti, en el momento que les provoque.

Finalmente llegó el día…

 

Cuéntame tu historia de baño…

Lunes, octubre 18th, 2010

Nada como agarrar un buen libro y defecar en tu propio baño, en tu retrete; donde los pelos que ves en la tapa sabes que son los de tus nalgas, los de tus testículos. Si eres mujer, sabes que se trata de un corpulento pelo de tu poblada y selvática vagina. No hay trampas, no hay letras pequeñas. Tu trasero no probará el orine de otros con mal puntería. Estás en territorio seguro, te sientas descalzo, te tomas todo el tiempo del mundo, disfrutas el sonido de cada árbol que cae en el silencioso y húmedo bosque. Algunos árboles al caer con violencia chapotearán alguna salvaje gota a tu nalga, pero no importa, como dije, estás seguro, pura materia de tu propiedad.

Regalas al Guaire lo mejor de ti, haces un donativo excremental al universo. Piensas verde, te unes a la hipócrita moda ecológica de turno, le devuelves al medio ambiente y al mundo lo que él te ha dado desde que naciste: mierda.

Pero no siempre el donativo es tan hermoso, tan elegante y agradable. Reza un sabio proverbio criollo: “cuando sientas un feroz retortijón acompañado de un encrespamiento de pelos gatuno, solamente tendrás 30 segundos para alcanzar un baño, de lo contrario prepárate a liberar tu interior pastoso en la tela de algodón que lleves puesta”. Como verán, 30 segundos es una miseria,  una ridiculez, una macabra prueba que hace nuestro organismo a la neurosis, a las pendejadas mentales que nos invaden y giran alrededor del tema sanitario. Es un tema universal, nadie quiere hablarlo; pero, así como a ti te dio diarrea un Whopper Triple que te comiste, a un ruso lo jodió un Pirozhki con hígado que le cayó mal.

Señorita, esto es para ti también, no veas con asco las palabras. Te veo maquillada, hueles a splash de melón, tu piel brilla borracha de crema, las uñas moradas te lucen, sin duda me encanta como te ves. Eres fina y elegante, te quejas de los malos olores, te molestan las palabras sucias. La pulcritud es uno de tus fuertes, pudiese lamerte el dedo gordo del pie un lunes a las 5 de la tarde y no encontraría algo más que sabor a vainilla. Tu piel tersa, sólo me invita a cuestionarme si me alcanza la saliva para mojártela completa con mi lengua. Pero escondes algo, lo sabes. No me como el cuento de las toallitas de bebé en la cartera. No me convences con tu gel antibacterial de peloticas azules flotando. Tienes historia de baño también, te las has visto negras alguna vez; o rojas por qué no, ésa también es responsable de muchas aventuras en la que jurabas tener el control, y para desgracia tuya tomó el ascensor a PB antes de tiempo. No te molestes,  más bien libera eso que no has compartido con nadie en estos años. ¿Recuerdas cuando dejaste la tapa de la poceta a la moda? Sí, quedó muy chic ese detalle de puntos rojos sobre el retrete blanco, te la comiste. Te diste a la fuga, riéndote de tu roja travesura. De vez en cuando la recuerdas, quisieras compartirla, pero te da temor el duro juicio que te harán. (más…)

La chica del dedo…

Domingo, octubre 10th, 2010


El común denominador de todas mis relaciones amorosas han apuntado al fracaso desde el comienzo por una simple razón: la personalidad de ellas me aburre garrafalmente, haciendo que más bien estorbe con mis actividades diarias, forma de pensar y estilo de expresión. Me limitan, me joden la creatividad y hacen que yo mismo me vea aburrido y fuera de contexto. Retrospectivamente hablando, solamente tres mujeres han logrado dar con la fórmula, no me importa si de forma natural o con una magistral actuación, el punto es que lograron tener mi respeto, lograron que las pensara una y otra jodida vez en mi cabeza, ganándose un inmortal puesto en mi memoria. Una de ellas fue Ana, la chica del dedo. Rememorar el final de mi historia con ella me hace ver como un completo miserable, un neonazista, un grandísimo hijo de puta. No puedo cambiar eso.

Transcurría el año 2006, estaba terminando ya mi carrera en la universidad. En alguna noche como cualquier otra, estaba yo fastidiado en la computadora, no recuerdo si jugando ajedrez online o qué carajo, pero conocí a una chama por internet. Un paréntesis personal importante  a señalar, es que curiosamente las tres mujeres que han logrado encajar con mi personalidad las conocí primero de forma escrita, no personal. Esa noche que nos “conocimos”, hablamos durante unas 4 horas, la vaina fue química desde la primera línea lanzada. Ana vivía en Valencia, Edo. Carabobo. En todo ese proceso me mandaba fotos de ella y, debo confesarles, lo más difícil Ana ya lo había logrado: me había capturado de forma escrita. Era una chama culta, con mucha conversación e intereses parecidos a los míos; así que, el físico no representaba un gran problema para mí a esas alturas, ya teniendo uno aceptable, oler bien, tener buen aliento y verse limpia, era suficiente. (más…)