
Nada como agarrar un buen libro y defecar en tu propio baño, en tu retrete; donde los pelos que ves en la tapa sabes que son los de tus nalgas, los de tus testículos. Si eres mujer, sabes que se trata de un corpulento pelo de tu poblada y selvática vagina. No hay trampas, no hay letras pequeñas. Tu trasero no probará el orine de otros con mal puntería. Estás en territorio seguro, te sientas descalzo, te tomas todo el tiempo del mundo, disfrutas el sonido de cada árbol que cae en el silencioso y húmedo bosque. Algunos árboles al caer con violencia chapotearán alguna salvaje gota a tu nalga, pero no importa, como dije, estás seguro, pura materia de tu propiedad.
Regalas al Guaire lo mejor de ti, haces un donativo excremental al universo. Piensas verde, te unes a la hipócrita moda ecológica de turno, le devuelves al medio ambiente y al mundo lo que él te ha dado desde que naciste: mierda.
Pero no siempre el donativo es tan hermoso, tan elegante y agradable. Reza un sabio proverbio criollo: “cuando sientas un feroz retortijón acompañado de un encrespamiento de pelos gatuno, solamente tendrás 30 segundos para alcanzar un baño, de lo contrario prepárate a liberar tu interior pastoso en la tela de algodón que lleves puesta”. Como verán, 30 segundos es una miseria, una ridiculez, una macabra prueba que hace nuestro organismo a la neurosis, a las pendejadas mentales que nos invaden y giran alrededor del tema sanitario. Es un tema universal, nadie quiere hablarlo; pero, así como a ti te dio diarrea un Whopper Triple que te comiste, a un ruso lo jodió un Pirozhki con hígado que le cayó mal.
Señorita, esto es para ti también, no veas con asco las palabras. Te veo maquillada, hueles a splash de melón, tu piel brilla borracha de crema, las uñas moradas te lucen, sin duda me encanta como te ves. Eres fina y elegante, te quejas de los malos olores, te molestan las palabras sucias. La pulcritud es uno de tus fuertes, pudiese lamerte el dedo gordo del pie un lunes a las 5 de la tarde y no encontraría algo más que sabor a vainilla. Tu piel tersa, sólo me invita a cuestionarme si me alcanza la saliva para mojártela completa con mi lengua. Pero escondes algo, lo sabes. No me como el cuento de las toallitas de bebé en la cartera. No me convences con tu gel antibacterial de peloticas azules flotando. Tienes historia de baño también, te las has visto negras alguna vez; o rojas por qué no, ésa también es responsable de muchas aventuras en la que jurabas tener el control, y para desgracia tuya tomó el ascensor a PB antes de tiempo. No te molestes, más bien libera eso que no has compartido con nadie en estos años. ¿Recuerdas cuando dejaste la tapa de la poceta a la moda? Sí, quedó muy chic ese detalle de puntos rojos sobre el retrete blanco, te la comiste. Te diste a la fuga, riéndote de tu roja travesura. De vez en cuando la recuerdas, quisieras compartirla, pero te da temor el duro juicio que te harán. (más…)