Archivo de la ‘Escritos Septiembre 2011’ Categoría

Piropo…

Miércoles, septiembre 28th, 2011

Hoy había sido un excelente día laboral: poco trabajo, ningún cliente ladilla, cagué en un cubículo con olor a uva recién aseado por las de mantenimiento. Sí, todo fue perfecto, hasta que se me atravesó un clan de féminas adolescentes, en el que una de ellas sacó la lengua al verme y mojó su labio superior.

─Psst, psst. Mira, amol, regálame esos ojos veldes.
─¿A ustedes no se les ocurre otro piropo más elaborado en torno a los ojos? ─dije.
─¿Y si te doy un beso no me los regalas? ─insistió la tuki.
─Peor. ¿Quieres negociar y de paso me vas a perjudicar con un beso? No eres muy buena comerciante.
─¿Y si te lo mamo?
─Pues me lo corto apenas te lo saques de la boca; igual quedará inutilizado de por vida por tu culpa.
─¡Pajúo!
─Soñadora…

Conversaciones #5: La pulsera de la amistad

Lunes, septiembre 5th, 2011

Ella rasguña mi antebrazo con su pezón erecto. Lo arrastra una y otra vez, como si estuviese lijándome la epidermis. Oigo voces con gran intensidad. ¿Será que lo estoy haciendo en público? Bueno, qué coño, eso igual siempre me ha parecido excitante. Todavía recuerdo aquel legendario mamerto que me dio Beatriz en el buscama de Aeroexpresos Ejecutivos; nunca ir a Barquisimeto de noche fue tan placentero. También recuerdo con nostalgia todas las veces que me la follé en las escaleras del piso cuatro de su edificio, mientras nos acompañaba de hilo musical las tertulias de pasillo de amas de casa jubiladas del látigo de sus maridos. Sí, vaya que se me pone duro cuando recuerdo esas andanzas. ¡Mierda, me estoy ahogando, auxilio! La muy desconsiderada intenta meter su seno completo en mi boca, su largo pezón ataca a mi campanilla. La derrumba, intenta acceder a mi tráquea. Comienzo a toser con desespero. Respiro profundo; de foma acelerada también. Maldita sea, estaba soñando. Trago varias veces, aún el buche de saliva que se fue por el camino incorrecto está entre el mundo respiratorio y el digestivo. Sigo en este carrito por puesto de mierda, maldito tráfico caraqueño. ¿Pero qué mierda es ésta, vale?

─¡Coño, chama, me estás clavando esta vaina desde hace rato! ─digo, al tiempo que alejo de mí la punta de un gancho de ropa casi enterrada en mi brazo.

─Ah, verga, mala mía, catire ─dice una pequeña preadolescente afrodescendiente, con una voz chillona y de difícil soportar; con un cantadito malandreico,  que suspicacia a cualquier policía podría despertar.

Está sentada al revés, recostando su mandíbula en el espaldar del asiento, pudiendo así mantener una cháchara sudada de cinco de la tarde con sus amigas sentadas en el asiento de atrás y el contiguo. Todas tienen como elemento común una camisa manga corta de color azul liceista. También un olor a sudor de recreo, sin baño en la mañana antes de salir de casa.

─Éste es el mundo, chamo, nuestro planeta. Cartelúo, ¿no?

─¿Esa pelota de anime manchada con escupitajos de tempera es la tierra?

─Sí. Dígalo que está arrecha, el mío.

─…

─¿Y el gancho de ropa con el que me estabas arrancando el brazo, más o menos qué viene a representar? ─pregunto con una ligera mirada de asco, dirigida a la escuálida maqueta.

─Marico, el gancho de ropa es un satélite en el espacio.

─…

─Quedó pavo, ¿no?

─Sí, chama, es una obra de arte ─respondo fríamente, mientras vuelvo a cerrar los ojos y echo para atrás mi cabeza.

Me obligo a dormir, siempre he pensado que es la mejor forma de escapar a la mierda. Como cuando raspé nueve materias en octavo grado: mis padres iban a buscar la boleta esa mañana; yo sólo me dispuse a dormir y no pensar en la coñaza que me esperaba en pocas horas.  No logro dormir, cierta verborrea tukituxoide representa un castigo auditivo inclemente. (más…)