Traducción perversa…
Sábado, mayo 7th, 2011Como esa persona con carencia de meticulosidad, pero con un gran exceso de confianza en los demás. Siempre ha querido saber cómo se escribe su nombre en chino. Dice que se ve agradable, interesante, misterioso, y un tanto espiritual. Un día, en un restaurante chino con registro de sanidad de dudosa autenticidad, abrazaba con sus dedos grasientos a una lumpia sudada y desnuda, y repentinamente recordó esta inquietud que lo ha acompañado por años. Decide llamar al mesonero, que estaba aterrizando un moco en la parte externa del bolsillo de su pantalón. Con gran emoción y ansiedad comparte la trivial duda con su recién contratado asesor en escritura asiática; éste, entrecierra más todavía sus entrecerrados ojos, viendo en silencio a los comensales. Al cabo de un minuto asiente con la cabeza, saca un bolígrafo y agarra una servilleta de la mesa.
Un mes después, la persona lucirá con orgullo su nuevo tatuaje inmortalizado en el antebrazo izquierdo. Ahora tiene ínfulas de monje Shaolin caraqueño, es comprensible, su autoestima ha sido reforzada por unos cuantos trazos de tinta. Tiene ese toque de misterio, y a las mujeres les encanta absurdamente ese peo, si no escondes nada o no tienes adicciones, entonces eres un perdedor, un gallo. Desde ese día sus estadísticas se dispararon, nunca la sábana de su cama había olido tanto a vagina y sudor de nalgas desgastadas.
Al poco tiempo comienza a percatarse de algo: los chinos que lo ven en la calle lo miran burlonamente, mientras cuchichean entre ellos. Él no se deja montar la pata así, y menos creyéndose karateca con su nuevo tatuaje: los empuja y les pregunta el motivo de la risa. En todas esas ocasiones probó el sabor del piso, nunca obtuvo una respuesta verbal. No importa si un asiático es flacuchento, déjalo tranquilo, todos saben pelear alguna vaina con nombre confuso, y eso es algo que nos ha enseñado claramente el cine. (más…)









