Mientras vomito…

mayo 5th, 2012

Logro salir del cuarto sin que Elena se levante. Me levanto la franela y la barriga está inflamada, su aspecto da risa. Repito desde hace horas el sabor de unas galletas María que me comí en la tarde en la oficina. Ocho láminas de manteca, para ser preciso. Me acosté sin cenar, con quebranto y escalofríos. Elena sí comió, ella está perfecta. Nos quedamos dormidos alrededor de las 10 p.m.

11:17 p.m. Aquí estoy, con diarrea y náuseas. No sé si permanecer sentado cagando o debería lanzarme una de contorsionista y mantener un pequeño giro al estilo de Regan en sus mejores segundos de El Exorcista. Sé que no puedo orinar y eyacular al mismo tiempo; pero… ¿será que el cuerpo humano es tan absurdo que podría antojarse de cagar y vomitar simultáneamente? No me extrañaría. Si anda con esta actitud infantil por comer unas galletas, pues podría esperar cualquier cosa.

Me siento, me levanto, me siento, me levanto. Es como un baile de merengue solitario. Llevo unas cinco cagadas y la barriga sigue con esta penosa facha. Parezco un jugador de sóftbol criollo, luego de su victoria y digna celebración cervecera.

Uno en estos momentos cae en un extraño retroceso de razonamiento y elaboración de ideas. Es como si el cerebro resultara perjudicado por estas aventuras estomacales. Pienso estupideces, ando más dormido que despierto, en una dura vigilia que espera un vómito inminente. Quiero vomitar, pero soy terrible induciendo esta acción. Recuerdo que justo hace unas horas estaba viendo un episodio de Tabú en Nat Geo, en el que hablaban de la exquisitez culinaria y peligro que representan el comer pez globo. La potente toxina de este pez se conoce como tetrodotoxina. Los japoneses alegan que además del placentero sabor del pez, la adrenalina que acompaña el comerlo es muy gratificante, ya que juegan ligeramente con la muerte. Desde que está reglamentada su preparación varios japoneses se han despedido con ese último gusto, aunque ya en la actualidad el número de muertes ha disminuido considerablemente. Todo depende de la meticulosidad y el conocimiento del chef a la hora de cortarlo, sacar el hígado, los órganos sexuales y el intestino, y raspar muy bien la piel (sitios donde se aloja la toxina). Pero nunca falta un chef agüevoneado que la cague y envenene a los comensales, pues.

Les digo todo esto porque mencionaron el caso de un pescador que se intoxicó con pez globo y enseguida ingirió petróleo, logrando inducir el vómito y salvar su vida. Petróleo, panas, petróleo. ¿Leyeron bien? Yo me intoxico y me enfermo con unas galletas; él salva su vida tomando petróleo. Tomaría petróleo en este momento, pero no me queda en la alacena. Leer el resto de esta entrada »

Conversaciones #6: El holograma de Tupac

abril 20th, 2012

11: 23 p.m. Cota Mil deprimida.

─¿Te enteraste de que harán una gira mundial con Dr. Dre, Snoop Dogg y el holograma de Tupac que usaron en Coachella? ─digo a Elena, mientras reclino el asiento y lo dejo como una silla de extensión.

─Mierda, no… ¿En serio?

─Sí. Así leí en internet. Hasta un holograma es capaz de producir plata, pana; un muerto de afuera es más productivo que un vivo venezolano. Hablando de Coachella, ¿no te parecieron insuficientes los aplausos cuando el holograma termina de cantar y se pulveriza con la lucecita? ¿Así como escasos?

─No llegué a esa parte…

─Coño, sí. No sé, me parece que se debió haber formado como que más algarabía, aplausos ensordecedores, gritos, desmayos… ¡Revivieron a un muerto, coño!, es algo que merece más ruido, ¿no?

 ─Jajajajaja…

─¿No crees que quemaron el cartucho de la resurrección en el sitio equivocado? Yo creo que si lo revivían en un evento con otro tipo de público la respuesta habría sido diferente. Todavía estuviesen gritando y aplaudiendo, con un fondo alucinante de disparos celebrando…

─Jajajajaja. Sí, puede ser… ¿Acá como que era más de hipsters? ─pregunta Elena, mientras chequea por el retrovisor que no tengamos alguna moto enamorada detrás.

─Me parece.

─Mierda, pero si leíste que harán una gira mundial, volverán lo del holograma una moda y revivirán a todos los muertos próximamente.

─Exacto. Tendremos festivales de muertos, uno no sabrá si celebrar o llorar y llevar claveles. Y bueno, Venezuela no se quedará aislada. Por aquí no dudes que pasará una gira de Celia Cruz, Héctor Lavoe, Selena, Rocío Dúrcal. También pudiésemos tener una de Michael Jackson, Amy Winehouse, Bob Marley, el regreso de Queen, Nirvana. Pondrían a facturar a todo ese gentío, ¿no crees? Ya lo veo todo, de la mano de Evenpro viene el “Caracas Resurrection Festival”.

─¿Es decir que podríamos tener un reencuentro de Sandy y Papo?

─Correcto. Volveríamos a disfrutar de “Bueno pa’ gozá”, “La chica sexy”, “La hora de bailar”. Ya puedo imaginar el ambiente ─digo mientras entrecierro los ojos y sonrío con algo de nostalgia.

─Mierda… Leer el resto de esta entrada »

Diplomado…

abril 19th, 2012

En el 2003 me inscribí en un curso de contabilidad en el Centro Contable Venezolano, en Chacaito. En esos años yo estudiaba de lunes a jueves administración de empresas en la universidad, así que agarré el turno de los sábados a las 8:00 a.m. para que no me chocara con ninguna materia. Yo sabía muy bien el peo en que me estaba metiendo con ese horario, pero ni recuerdo qué me dije para mojonearme, convencerme y hacer esa estupidez. La primera clase de contabilidad di un impecable concierto de bostezos; hasta el extraño chorrito de saliva que a veces sale involuntariamente cuando abres la boca como un caimán se lo disparé en la nuca al que tenía adelante. El sábado siguiente iría preparado, así que me acosté la noche anterior como a las 9:00 p.m. Desperté activado, tomé un buen desayuno y un baño de agua fría para ir bien despierto. A media mañana ya andaba con dolor de cabeza, sueño y no entendía un carajo. Comencé a odiar profundamente la contabilidad. Esa tarde salí muy obstinado; recuerdo que todo el regreso a casa escuché Slipknot a todo volumen. Eso tenía cambiar, debía hacer algo.

Y lo hice, el sábado siguiente cuando sonó la alarma, tan solo desperté, la desactivé y seguí durmiendo hasta las once de la mañana. Más nunca volví a ese castigo. Así de radical e irracional fui.

Doy este preámbulo para que ustedes se hagan una idea de lo delicado del asunto. Y es ahí, en esa intocabilidad sacrosanta que tienen los fines de semana para mí, donde radica la importancia de dejar registro escrito de este acontecimiento irrepetible y único en la historia: renuncié a mi libertad durante 22 sábados, y esta vez no me rendí en el camino. He culminado satisfactoriamente el diplomado de gerencia en seguros que estaba haciendo los sábados, con horario de 8: 30 a.m. a 4:45 p.m., y que comencé el mes de septiembre de 2011.

El diplomado vino en combo, con papas y refresco grande: talleres, exámenes, estudiar al caletre, exposiciones, trabajos, interrogatorios y, lo más extremo y desgastante, pararme esos 22 sábados a las 5:45 a.m. Recuerdo un sábado en el que Elena y yo a las 8:45 p.m. ya estábamos acostados durmiendo. Todos los sábados en la noche pasaron a ser curas de sueño. Se podrán imaginar cómo llegaba de las clases. Gracias por tu paciencia y apoyo, Elena, compartiré mi aumento de sueldo contigo de alguna forma, ya verás. Leer el resto de esta entrada »

Defendiendo la revolución…

abril 12th, 2012

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─¡Las manos arriba, escuálido de mierda!

─¡Coño, pana, no me mates! Toma, llévate mi celular, la cartera, los zapatos…

─¿Creíste que podrías frenar esta revolución? ¿Creíste que podrían volver a dominar a nuestro pueblo valiente?

─No, chica, tan solo vengo de trabajar, no voy pendiente de nada de… ¡Epa!, ya va… ¿Tú no eres la chama del video chavista que anda rodando por ahí?

─¡Oligarca majunche, no nos deten…!

─¡Sí, pana, tú eres la del video! ¡Qué bolas, chama, te vi hace poco por Youtube! ¿De pana te metiste en este peo? ¿Estás loca? Pensé que eras una actriz que andaba pelando bolas y que por necesidad aceptaste hacer esa ridiculez.

─¡A esta revolución no la para nadie!

─Y no eres fea, chama… ¿Por qué coño eres chavista? ¿Andas en drogas?

─¡Esta revolución está armada y no vacilará para…!

─Ah, ya entiendo, supongo que aplicaste lo de que “en tierra de ciegos el tuerto es rey”, ¿no? Me imagino que tienes una clara ventaja sobre la población femenina chavista.

─¡La oposición quiere quitarnos nuestras misiones!

─No, vale. Aunque puedo quitarte otras cosas…

─Capriles es un majunche, tiene rabo ‘e cochino, tiene orejas ‘e cochi…

─Ya va, cálmate. Ven, dame esa arma, corazón, no puedes ni con su peso.

─Sabemos lo que son, sabemos lo que le hicieron a nuestra patria bella…

─Ok, listo. Sin arma luces mucho mejor, ¿lo ves? Verga, apestas a cigarro, corazón, tienes aliento de borrachito apostador de caballos; pensaba que en el video te pusieron fumando para lucir un poco intelectual y filosófica, tú sabes, quedaba perfecto mientras mirabas al infinito.

─Con discursos de progreso no podrán engañar al pueblo…

─Ok. Ahora que hablas de progreso… ¿Será que me dejas progresar contigo y permites que te quite esa ridícula chaquetica de militar criollo?

─Todo 11 tiene su 13…

─Tomaré eso como un sí… Eso, quédate tranquilita mientras te desabotono esta porquería.

─¡Patria, socialis…!

─Oye, pero hecha la pendeja tienes tus teticas, vale… Déjame quitarte este trapito negro también, amor, que se ve caluroso.

─Nuestro gran Simón Bolívar dijo que… Leer el resto de esta entrada »

Desaparecido…

marzo 17th, 2012



Ya el desayuno estaba servido en la misma baldosa de todos los días. Su madre se encontraba de buen humor, así que lo levantó echándole agua fría, mientras le regalaba dos patadas en la cara con la suela de sus sandalias. Él despertó gritando y lanzando manotazos torpes al aire, como ya era costumbre. Ella dio un paso atrás, miró la comida de su hijo y la pisó.

Esto no siempre fue así, hubo una época en la que comió sentado en la mesa. Pero era muy niño en aquel tiempo, y todavía nadie en la casa había notado algo raro. A los cinco años fue el primer incidente: Ramiro comía una arepa frita con mantequilla; de repente, su mirada se perdió en un pequeño brillo escoltado por el blanco manchado de la pared, se babeó y sin motivo alguno agarró un salero de cristal y se lo lanzó a su mamá en la cabeza. Nueve puntos le agarraron a la señora.

Ningún miembro de la familia se opuso en lo decidido por el padre: el niño debía ser amarrado con un mecate a la pata de una cama sin colchón. Bañarlo y alimentarlo sería una obligación que todos se turnarían.

Ramiro fue creciendo y convirtiéndose en una persona más agresiva; ni la ropa se dejaba cambiar ya. A su tía Ángela en una oportunidad le enterró las uñas en el ojo derecho, logrando vaciarlo. El humor vítreo que sacó se lo tragó. A raíz de esto todos acordaron únicamente alimentarlo una vez al día, y que él se las arreglara para vivir entre su excremento y orine.

Pasaron dos horas y Ramiro se tranquilizó. Extendió su escuálido brazo y tomó su comida del día, la de siempre: dos rebanadas de pan Bimbo mojadas en salsa de tomate. Con esta dieta ya se mantenía en 46 kilos; lo mínimo necesario para mantener a alguien con vida si vive arrastrado en un piso lleno de mierda. Reposando la comida, jugando en un mundo ajeno a la realidad, Ramiro logró luego de varias décadas de manoteos zafarse de la vieja cuerda que le compró su madre. En cuanto se percató de su libertad, intentó despegarse del piso, pero sus piernas estaban un poco atrofiadas por la inactividad a las que fueron sometidas. Gateando llegó a la sala de la casa, siendo cautivado de inmediato por los nuevos adornos de cristal adquiridos durante su largo cautiverio. Tomó una escoba recostada del sofá, se apoyó en ella y logró ponerse de pie, mientras un hilo de baba de salsa de tomate se columpiaba de lado a lado en su labio.

Ramiro agarró con tonta felicidad el florero más grande del comedor y lentamente se dirigió al cuarto de su madre, la cual dormía su siesta de costumbre. Soltó la escoba, tomó con las dos manos el florero, lo alzó lo más alto que pudo y se dejó caer en dirección a su madre, estrellando el inútil adorno en el cráneo de su progenitora. De inmediato fue seducido por el color rojo de la sangre que brotaba, así que buscó restos de pan que quedaron en su habitación para mojarlos e intensificar el sabor de la salsa de tomate. Pudo terminarse su desayuno. Leer el resto de esta entrada »

Stand Vid Comedy Ep. 27: “Realidad profesional”

febrero 29th, 2012

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(Para ver en HD, click en el video para que lo disfruten en Youtube)

Episodio 27: “Realidad profesional”

No es nuestra intención derrumbar tus sueños e ilusiones; pero sí queremos mostrarte un poco de la realidad del mercado laboral venezolano. Somos jóvenes y pasamos por los cinco años de una universidad. Imaginamos que todo sería diferente al tener nuestro título; pensamos que nos comeríamos el mundo. ¿Algo cambió? No, nada.

Stand Vid Comedy, un capítulo nuevo cuando nos provoca y nos da la gana. Hecho por Elena Sánchez y este servidor, Gabriel Núñez.

Nota: si te ha gustado el video, la mejor forma de darnos las gracias es que lo compartas con tus amigos y conocidos, ya sea por Facebook, Twitter o Msn. ¡Gracias!

“Abuelita del cielo”: mi carta postulada este 2012…

febrero 25th, 2012

Llegó nuevamente el prestigioso, reconocido y letrado concurso “Cartas de amor”, de Montblanc. En el 2011 fui derrotado, amigos, ustedes muy bien lo saben. Sin embargo, también les señalé en un post que regresaría, que no me quedaría tirado en el campo de batalla escupiendo sangre mientras agonizo. Pues aquí estoy, rodilla en tierra, con mi escrito listo, ya postulado. Es el escrito que les presenté en aquel post amargo, en el cual lloramos juntos y lamentamos mi fracaso en esa participación. Obviamente, merecía perder; era inmaduro, torpe con las palabras, tosco al plasmar mis ideas: ¿qué es eso de querer cogerme a un cerebro? Solo a mí se me ocurre semejante cochinada.

Pero bueno, ya basta de recordar el pasado. Hoy postulé mi carta en el afamado concurso y, lleno de mucha emoción, quiero compartirla con ustedes. Quiero que juntos vivamos este momento, ya que, estoy convencido de que el triunfo será nuestro. Aunque antes la carta debe ser aceptada por el meticuloso jurado. No hay razón para preocuparse, ¿no?

Abuelita del cielo

Querida abuelita Carmencita:

Hoy se cumplen dos años de tu triste partida. Te mentiría si dijera que no me haces falta, pues el vacío que has dejado en mi corazoncito es inmenso. Ya tengo ocho añitos. Bueno, qué tontita soy, obviamente sabes la edad que tengo, ya que estás muerta y desde allá, en el cielito al lado de Papá Dios, me estás viendo en todo momento.

Hoy me senté en tu mecedora toda la tarde, abuelita. Lloré un poquito, pero me trajo muchos recuerdos bonitos de cuando me sentabas en tus piernas y me enseñabas a leer y escribir. Gracias a todas esas enseñanzas, hoy es posible que te escriba esta cartica, abuelita linda. Quiero aprovechar la ocasión para compartirte un secreto: creo que estoy enamorada. Sí, abuelita, sé que debes haber pegado un grito enorme que despertó a los angelitos allá arriba, pero es algo que no sé cómo explicar. Lo conocí en mi escuelita, su nombre es Gabriel. Le dicen “El Benjamin Button”, aparentemente porque no envejece; y bueno, lo creo, ya que tiene una cara de bebé hermosa, abuelita, es lisa y parece como si llevara talco en ella de lo suave que es. Cuando se pone  a mi lado siento maripositas alborotadas en mi estómago; bueno, también un poco más abajito, como si me estuviese orinando, abuelita. Me robó un besito la semana pasada en el recreo, me asusté cuando lo hizo, pero me gustó mucho el sabor a dulce de su saliva. Al terminar de besarme me metió su lengua en la oreja, profundamente, por cierto. Le di las gracias, tú siempre me dijiste que es importante tener aseados los oídos, para evitar infecciones y demás. Leer el resto de esta entrada »

Divagaciones financieras – Parte I

febrero 16th, 2012

Hubo una alegre época en la que podía almorzar unas tres veces por semana en la calle. Sí, recuerdo con nostalgia que podía comer en abundancia por solo 40 Bs.; con postre incluido, debo destacar. Días en los que sacaba 100 Bs. del cajero automático y tenía el privilegio de pensar en cuáles cosas los gastaría; días en los que podía pensar en plural. Pero en pocos meses ese almuerzo me costó 70 Bs., sin incluir el postre. Medio año después la cuenta marcaba 90 Bs., y ahí supe que todo se me había ido de las manos. Los almuerzos en la calle quedarían solamente para los días viernes.

Está bien, usemos la racionalización más escuchada en las oficinas: “no, mi pana, yo traigo mi lonchera con comidita de casa porque debo bajar de peso, comer en la calle es dañino, así me dice la jeva”. No, idiota, te diré la verdad: todos traemos esta puta loncherita es porque somos pelabolas y ninguno de nosotros aguanta la mecha de comer todos los días en la calle. Mejor dicho, ninguno de nuestros bolsillos.

Ahora que hablo de comer saludable y dañino, recuerdo a un profesor que tuve en primaria. Él decía algo muy lógico: «la salud es una condición que se tiene o no se tiene; por tanto, resulta estúpido hablar de “mala salud” o “buena salud”». Es decir, que si tomamos a una caraja con obesidad mórbida, es idiota decir que ella goza de mala salud; no tiene salud y punto, está a pocos días de morir por una arteria tapada. En el velorio será difícil que escuches: «qué extraño que todo haya ocurrido tan de repente, amiga; es decir, todos sabemos que ella estaba “mal saludable”, que comía pollo en Arturo’s todos los días; que nadie se la cogía en décadas porque le hacía sentir a los hombres que tenían el pene chiquito al ver que no le llegaban ni a un cuarto de vagina por la barrera adiposa antisexo que le colgaba; que debía cambiar de colchón mensualmente porque jodía hasta los ortopédicos; pero considero que no debía morir así, marica…». ¿Te quedó claro? O estás saludable, o no lo estás. Pero no puedes tener una jodida “mala salud”, porque, definitivamente, eso significa que no tienes salud.

Sigo llevando la loncherita, que cada día cuesta más llevarla de paseo por Petare, Chacao, La Castellana y La California. Sí, es una inútil turista de plástico. Los días viernes decido comer afuera e intoxicarme un poco con los alimentos vencidos que estén disponibles en los locales de la zona. Lo normal, pues.

Siempre me ha resultado incómodo cuando llega la hora de pagar y el mesonero espera una propina. Es como darle propina a un barbero porque no me trasquiló el pelo. Como cuando tenía carro y lo llevaba al autolavado: “pana, te lo dejaré limpiecito pa’ que me lances una bombita”. O como si contratara a una puta, pero aparte de los 1.000 Bs. que me cobró, debo darle propina por la buena mamada que me dio. No tiene sentido esto, yo pago por un servicio que, inherente a él, debe venir el que sea bueno, de calidad; no tiene lógica que pague por algo y luego deba premiar una buena conducta. “Muy bien hecho, Jazmine, no me cortaste el glande con tus frenillos, toma cien bolívares extras por saber ejecutar una correcta mamada”. “Gracias, mi pana, por lavar el carro bien y echarle espumita a los cauchos, mereces una propina de 50 Bs., que se adiciona a lo que ya le pagué a tu jefe por el servicio que deberías prestar con calidad”.  ¿O es que acaso pagamos para recibir un mal servicio y estamos supeditados a dar propina para transformarlo en óptimo?

Si pido comida a domicilio, debo dar propina. Si como en un restaurante, debo dar propina. Si voy a la barbería, debo dar propina. Si voy al abasto y meten mis compras en una bolsa, debo dar propina. Si cargan mis maletas en un hotel cuando viajo, debo dar propina. Si pido un vaso de agua en la barra de un restaurante, debo dar propina. Si quiero que alguna diligencia gubernamental salga exitosa en el primer intento, debo dar propina. Vayan a cagar, en serio. Quisiera yo que los clientes me dieran una propina cada vez que joden al teléfono y yo les atiendo bien. Pero no pasa nada. Si atiendo mal, me botan; si atiendo bien, pues ellos no se quejan y entonces gano el derecho de seguir en la empresa. Es simple. Leer el resto de esta entrada »

La empresa odia el sarcasmo…

febrero 1st, 2012

Debes guardar silencio, Gabriel, eso de protestar y reclamar tus derechos es muy de Globovisión, muy de abuela reclamando en Locatel que le subieron el precio a las pastillas de la tensión. Es mal visto por los que tienen el poder, ¿por qué te cuesta tanto entenderlo? Deberías tenerlo más que claro, creo que ya Chávez te ha dado suficiente tiempo para que te sitúes en el perímetro y comprendas en dónde vives. Nada debería sorprenderte a estas alturas.

Pero sí, me sorprendió que hace dos semanas no hubo agua potable durante cinco días en la oficina. Yo sospecho que se trataba de un experimento de la empresa, en el que estudiaban cómo influye la humillación del empleado en su desempeño laboral. Desde mi óptica, el experimento arrojaba un claro resultado negativo de malestar en los empleados; sin embargo, creo que a la empresa le agradó este efecto y decidió llevar su estudio a un nivel superior.

Así que, la semana pasada nos dejaron sin papel sanitario. Días difíciles en los que las mujeres caminaban lento, con dificultad, con ligera separación de piernas. Muchos machistas especularon que se podía tratar de sexo rudo propinado por sus parejas en las noches, pero esta hipótesis perdió toda credibilidad la tarde en la que encontré la papelera del baño colmada de servilletas baratas de cocina llenas de sangre: sí, mis compañeras se estaban volviendo mierda la vagina cada vez que iban a orinar.

Imagino el clítoris de ellas hinchado, irritado, con múltiples llagas que no paraban de pulular sangre. Algunas me confesaron que no sabían si se les había ido la regla o se trataba todavía de los daños vaginales causados por la suerte de lija limpiadora. También está el lamentable caso de nuestro mensajero, José, un pobre señor de más de cincuenta años que salió de emergencia en una pequeña ambulancia de Rescarven: tenía la higiénica costumbre de limpiarse la punta del pene luego de orinar; al parecer se desgarró el frenillo con la servilleta. Esperemos que no tengan que amputarle el pene.

Yo me mantenía al margen, pero una tarde tuve que cagar y pedí en la cocina algunas de estas servilletas. ¿El resultado? Pues un par de hemorroides se asomaron a saludar a los pocos segundos. Al llegar a casa dudé de mi sexo: el boxer blanco tenía un charquito de sangre, pensé que me había bajado mi primera menstruación. Me había puesto contento, lástima.

Amigos, al cuarto día sin papel no aguantamos, mis hemorroides y yo decidimos expresar nuestro descontento. Hay tres baños en la oficina, así que decidí poner en ellos los avisos que seguramente la empresa quería poner pero que no se atrevía por pena. Debo decirles que en mi trabajo somos como veinte personas, así que no fue muy difícil que pasaran por mi puesto preguntando si yo era el responsable, a lo cual respondí que sí con una retadora y elegante sonrisa. Leer el resto de esta entrada »

Reporte #10: Nochebuena y la pantaleta estafadora

enero 26th, 2012

Tomo un sorbo de mi “tinto de verano”. El nombre de la bebida me parece sumamente marico, pero bueno, qué coño, Elena planeó prepararlo para la noche del 24 de diciembre. Dice que nos refrescará y no nos dejará resaca. Antes acostumbraba pasar la noche del 24 con mi familia, pero desde el 2010 decidí pasarla solo, con Elena. No es que no me guste pasarla con ellos; el asunto es que creo que cada año estoy más viejo y adicto a la tranquilidad y el silencio. No me gusta salir esa noche a tragar pólvora. No me gusta ser juzgado cuando saco las pasas y aceitunas a las hallacas. No como pernil, pero insisten en que quedó divino. “Gracias, pero no quiero”, y entonces responden que yo me lo pierdo. Tampoco me gusta esa recibidera de “feliz navidad” indiscriminadamente; si no son devueltos, pues las personas me ven mal. Con sus ojos inquisidores me obligan a entrar en un juego de protocolos y frases prediseñadas que desde que el ser humano nace es condicionado a repetir irracionalmente. Me liberé de eso.

Antes, decido dormir un par de horas en la noche, ustedes saben, para luego no andar cabeceando del sueño como un viejo. Luego a las 10 p.m. me doy una ducha, me visto y ceno solo, mientras oigo algo de música. Sí, al mejor estilo #foreveralone. Ese estilo es muy mal visto, la gente le tiene bastante rechazo. A mí no me molestan mis voces internas; debe ser por eso que disfruto ese estilo -y más bien me causan molestia otras voces-.

Luego de medianoche llega mi novia, que busca asilo diplomático. Quiere serenidad, quiere risas, quiere abrazos y besos. Yo también quiero lo mismo, así que le doy la espalda a mi soledad, ella debe entender que hay prioridades, y Elena es una de ellas.

Mi resistencia alcohólica es la de un niño de cuatro años. No tomo casi nunca, puedo pasar años sin beber una cerveza. Con el “tinto de verano” me pongo contento; aunque también hablador y muy sincero. Así que le doy un pequeño monólogo privado a mi novia, que es buena escuchando y riendo -entre miles de cosas más-.

En definitiva, amigos, no celebro la “Nochebuena”. Pero sí celebro lo buena que es cualquier noche en la que estoy con Elena.

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