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Conversaciones #4: La panadería

Jueves, junio 2nd, 2011

─Corazón, que no esté tan tostada la canilla, por favor ─ordenaba a la chica que se encontraba detrás de la barra de la panadería.

Siempre se me queda mirando con picardía, haciéndose la sorda para que le vuelva a repetir lo que deseo. Yo, por el contrario, me hago el pendejo y dirijo mi mirada hacia los dulces viejos del estante inferior. En ellos, las abejas y moscas encontraron vivienda digna, revolcándose alegres sobre el almíbar de los diferentes intentos de postre que se niegan a ser botados. Mi vista se cuela entre los Milhojas, dejando ver a través del vidrio los pies de mi despachadora. Carga unas cholas maltratadas; una suela totalmente desgastada así lo confirma. Puedo observar un dedo gordo reposando sobre el piso. Tiene una escuálida uña que parece que no fue cortada con cortauñas, más bien fue comida con los dientes en algún ataque de hambre de madrugada. Emulan a unos tequeños sucios que fueron recogidos de una alcantarilla. Es una empleada cómoda y viciada, no hay duda.

─¿Qué pasó, papi, quieres alguno en particular? ─dijo.

─No, ni de vaina quisiera uno de ellos. Quédatelos, la ausencia de algún dedo del pie perjudica demasiado el equilibrio.

─No te entiendo, amor. Te estoy preguntando que si quieres algún dulce.

─Ah, coño, no; a esta hora poco me provoca comer alguna mosca o abeja, ellas caen pesadas en la noche.

─Sí eres tontito, gordo, esos dulces están fresquitos, son de hoy.

La inteligencia de uno es subestimada hasta por una despachadora de panadería. Te dan una canilla que pudiese ser usada como bate en alguna caimana de béisbol, pero “está fresca”. Te dan un dulce que lleva en su lomo a dos moscas follando sobre una alfombra de hongos, pero “está fresco”. He llegado a pensar que tanto trabajo pasan en su vida, que comer alimentos en esas condiciones es realmente para ellas comer algo normal, algo fresco y saludable. Es eso, o que con toda la desfachatez e intención pretenden hacernos comer alimentos que parecen ya de utilería. Creo que es la cobarde manera que encontraron para vengarse de la sociedad.

─Toma tu canilla, ojos lindos ─dijo, al tiempo que extendía mi futura cena de carbohidratos.

Tomé la bolsa. Nuevamente ocurría lo de todos los días: una canilla de más me estaba dando. No me molesta que me regalen comida, mucho menos con mi triste situación económica; el problema es que todo eso es una emboscada, un “niño envuelto”, una estafa, un timo. Ellas no plantean un trueque cualquiera, no, ellas sólo desean sexo a cambio de regalarte la comida de su patrono. Ellas te dan un pan canilla; tú, debes llevártelas a un rincón del depósito, quitarles el precario pantalón pestilente de orina y frenazos de bicicleta, sacarte el pene, asignarle una misión suicida y estrellarlo sin misericordia alguna en una vagina que rompió relaciones diplomáticas con cualquier tipo de jabón. Es la vida de tu pene por un trozo de pan. Este escenario no es negociable para mí. (más…)

Conversaciones #3: Preámbulo laboral

Jueves, abril 21st, 2011

Otra divertida mañana en cumplimiento del preámbulo de otro rutinario día laboral. Con corbata bien amarrada espero en la parada de autobús. Me quedó un poco larga, pero no me importa, así cuando vaya a orinar me seco el saldo pendiente de orine con la punta de la misma. Escoger el carrito por puesto ideal es un arte, no todos están preparados para ello. Elegir a los de butacas minúsculas, con respaldo bajo, es una total novatada: no podrás quedarte dormido cómodamente, y si lo haces, echando tu cabeza para atrás como un contorsionista, te ahogarás con tu propia saliva, o peor: te fracturarás el cuello y te bajarán muerto en la última parada. También debes estar alerta con el tema de los escapes internos de monóxido de carbono. Los choferes son inmunes a estos dañinos gases, así que nunca te compares con los organismos blindados de ellos; nosotros respirando esa basura por una hora, llegamos mareados, intóxicados y aletargados al trabajo. Ellos no, ellos se hacen más fuertes, reforzando con dañina combustión a su sucia virilidad.

También debes bajarte si escuchas alguna radio prendida. No te confíes con noticias o reportes del tráfico, en pocos minutos ya serás víctima de una castigadora y depresiva bachata de Aventura; y estemos claros, ya bastante duro y triste es hacer frente a un nuevo día de trabajo en una economía donde nuestro sueldo se irá en un par de idas al cine, no nos hace falta más pesares en nuestra vida para ponernos a oír los infortunios amorosos de un pendejo que intenta cantar en dos idiomas. Es preferible que llegues tarde al trabajo y te boten.

Me asomo por la puerta de uno que se detiene: percibo un olor a ropa mal secada, a remojado con pequeñas ráfagas de sudor de obrero del día anterior. No sé, ese olor es de los pocos que me inducen al vómito en el acto, y por más que he intentado tolerarlo, siempre fracaso. Prefiero oler un pañal recién cagado. Lo dejo ir. Se detiene otro con buen aspecto. Todo parece estar en orden, así que subo. (más…)