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Preámbulo laboral

Jueves, Abril 21st, 2011

Otra divertida mañana en cumplimiento del preámbulo de otro rutinario día laboral. Con corbata bien amarrada espero en la parada de autobús. Me quedó un poco larga, pero no me importa, así cuando vaya a orinar me seco el saldo pendiente de orine con la punta de la misma. Escoger el carrito por puesto ideal es un arte, no todos están preparados para ello. Elegir a los de butacas minúsculas, con respaldo bajo, es una total novatada: no podrás quedarte dormido cómodamente, y si lo haces, echando tu cabeza para atrás como un contorsionista, te ahogarás con tu propia saliva, o peor: te fracturarás el cuello y te bajarán muerto en la última parada. También debes estar alerta con el tema de los escapes internos de monóxido de carbono. Los choferes son inmunes a estos dañinos gases, así que nunca te compares con los organismos blindados de ellos; nosotros respirando esa basura por una hora, llegamos mareados, intóxicados y aletargados al trabajo. Ellos no, ellos se hacen más fuertes, reforzando con dañina combustión a su sucia virilidad.

También debes bajarte si escuchas alguna radio prendida. No te confíes con noticias o reportes del tráfico, en pocos minutos ya serás víctima de una castigadora y depresiva bachata de Aventura; y estemos claros, ya bastante duro y triste es hacer frente a un nuevo día de trabajo en una economía donde nuestro sueldo se irá en un par de idas al cine, no nos hace falta más pesares en nuestra vida para ponernos a oír los infortunios amorosos de un pendejo que intenta cantar en dos idiomas. Es preferible que llegues tarde al trabajo y te boten.

Me asomo por la puerta de uno que se detiene: percibo un olor a ropa mal secada, a remojado con pequeñas ráfagas de sudor de obrero del día anterior. No sé, ese olor es de los pocos que me inducen al vómito en el acto, y por más que he intentado tolerarlo, siempre fracaso. Prefiero oler un pañal recién cagado. Lo dejo ir. Se detiene otro con buen aspecto. Todo parece estar en orden, así que subo. (más…)

¿Agradecimientos?

Miércoles, Enero 12th, 2011

Situación 1:

Voy caminando por Altamira una tarde cualquiera luego del trabajo. Al frente de mí un carro pasa a toda velocidad y, como ya es costumbre en este territorio anárquico, se come la luz roja: acto seguido dos motorizados salen volando, despedidos con furia por sus motos estrelladas en el carro infractor.

Caos, policías, multitud aglomerada tomando fotos con los celulares; amantes del cine gore miran con placer la sangrienta escena, pasando su lengua por el labio superior, mientras meten su mano en el bolsillo para estimularse la cabeza del pene. “Esto va pa’ yutú, el mío; qué lacreo, vale”, oigo que grita un desadaptado quinceañero criollo de las artes tukicias en nuestro país.

Uno de los motorizados, luego de un aterrizaje forzoso, yace boca arriba en el pavimento a unos 6 metros del carro. Lo rodea un gran charco de sangre, que a su vez, acompaña y da ambiente a un hueso quebrado que se asoma en su mano, un brazo fracturado, un jean completamente roto y varios gritos de angustia que poco a poco disminuían su intensidad por una torturadora y lenta muerte que le acechaba.

Un minuto después, la barriga del motorizado revela una respiración totalmente inestable, que pasa de lo pausada a lo rápida, y viceversa. No llega todavía la ambulancia, sólo se cuenta con docenas de policías que luchan por espantar a los colegas motorizados justicieros anónimos que se detienen para apoyar a su hermano caído, y así decidir en una tormenta de ideas quién saca la pistola y le propina 11 tiros al dueño del vehículo. (más…)