Entradas con la etiqueta ‘escritos’

La vida no es así de fácil

Sábado, Octubre 31st, 2015

PAUL_DELAROCHE_-_Ejecución_de_Lady_Jane_Grey_(National_Gallery_de_Londres,_1834)

Raúl estaba en lo cierto: el patio del salón de fiesta era un charco de sangre en el que se confundían las prendas de Daniela y sus órganos blandos. La vaina era un completo desastre, y el calor de mierda de ese mediodía lo hacía aún más desagradable.

Él sabía de mi historia con ella, así que en el mensaje me advirtió que ni por el carajo fuese a asomar mi cabeza por ese lado de la cuadra, ya que todas las amigas de ella estaban conglomeradas en la puerta del edificio y ya mi nombre había sido traído a colación.

Y no es mi culpa, en serio.

Aquella noche nos estábamos colando en una fiesta en La Urbina. Yo me encontraba un tanto borracho y, apenas entré, un rostro que nunca había visto me agarró del brazo y me dijo que pasaría la noche bailando conmigo. Peor borrachera debió haber sido la de ella, de tan solo pensar que yo era capaz de bailar más de dos canciones seguidas.

Ella no lucía nada mal. De hecho, algo extraño ocurría en mí y mi cabeza se estaba moviendo al ritmo del merengue. Sonaba «25 horas», de Proyecto Uno, y sentía una necesidad vergonzosa de bailarla. Apenas cruzamos la entrada del salón de fiesta la tomé de la mano y nos perdimos entre la multitud maloliente y vaporosa.

Por fortuna, bailo mejor borracho que sobrio; así que, aferrándome a esa delicada cintura, iba repasando y sacando del baúl mis mejores vueltas y habilidades en el tema del baile, las cuales son bastante pobres.

Daniela se mareó, supuestamente, en una de tantas vueltas que dimos, así que me dijo que iría un momento al baño.

—Eso es paja, marico, es una punta que te está lanzando para que la alcances en el baño —dijo Raúl mientras se servía más ron en el vaso de plástico y un ojo se le iba para un costado.

—¿Tú dices, bicho? —pregunté, para luego tantear las caras del resto de mi grupo y sacar conclusiones.

Solamente un borracho se atrevería a seguir los consejos de otros borrachos. Así que, saqué una tarjeta de teléfono de la cartera para abrir esa puerta y, abriéndome paso entre la multitud sudada, me dirigí al baño donde ella, según mis panas, me esperaba con su cabeza y brazos recostados en la tapa de la poceta, y sus nalgas abiertas, felices, dándome la bienvenida y aplaudiendo para que las tomara. (más…)