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Grados de indignación

Lunes, Marzo 7th, 2016

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La policía ha capturado al violador de una chica de treinta años. Caminaba en leggins, sin ropa interior, y estaba muy rica. Lo atrapan porque los indigentes que lo miraban violarla bajo el puente, una vez terminaron de masturbarse, cayeron en cuenta de que estaba mal lo que disfrutaron minutos atrás y salieron a pedir ayuda.

Lo trasladan al Internado Judicial de Carúpano, pero horas antes una llamada les había informado de quién se trataba. El director trancó la llamada y asintió al guardia que estaba en su despacho sudando la borrachera de la noche anterior. Cinco minutos después el guardia pidió perdón por interrumpir la película que veía el pran, para luego entregar el importante recado.

Y el boca a boca hizo su trabajo, así que todos se comenzaron a preparar la punta del taco para no quedar mal ante sus compañeros. En tan solo horas la fiesta estaba prendida y largas colas se hacían para sodomizar al nuevo recluso. Cada uno espera por ser juez sin título y llenarse el mazo de sangre para castigarlo como bien se merece. Luego le meten un desodorante por el ano y lo obligan a dejárselo mientras camina por el recinto. Es imperdonable una violación, esto es bien sabido, es cultura popular.

Como malandro puedes tener un prontuario policial de cincuenta homicidios, pero eso no te hace una mala persona frente a tus compañeros. No, para nada. Eres una rata, pero no un mal sujeto, pues. Tomar la vida de alguien no está mal, siempre y cuando le respetes sus orificios. ¿Le perdonaste la vida pero la violaste? Pues te equivocaste, reventarán tu ano con cogidas interminables y luego le meterán un desodorante de bolita.

Y me parecen curiosos todos estos códigos morales implícitos. El que fue privado de libertad, por quitarle la vida a alguien, decide que no estuvo bien lo que hizo otro que está siendo encarcelado y sentencia que hay que castigarlo. No puede con tanta indignación y asco.   (más…)