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No todos te salvarán

Domingo, Febrero 14th, 2016

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Porque una cosa es ser devota; otra, muy diferente y penosa, ser pendeja.

Entonces veo cómo muchas personas se encaprichan con santos equivocados o representaciones inútiles de nuestra Virgen María. Sí, lo sé, son palabras duras y más de una amiga dejaría de hablarme si leyera esto. ¿Acaso creen que no tengo miedo escribiendo esto? Pero las cosas como son; además, considero que puedo aportar mi grano de arena en evitar fatalidades por veneraciones inservibles.

Seguro que ya me andan señalando y tildando de satánica o atea. ¡Pues déjenme decirles que jamás sería seducida por el diablo o ninguna basura científica de depravados que dudan de la palabra de nuestro Señor! Es más, allá afuera hay una cuerda de ateos ignorantes sueltos que nos tildan de arrogantes y ciegos. Una vez escuché a uno diciendo que cada persona religiosa se siente exclusiva e intocable gracias a su Dios personal, y que si yo veo a cinco católicos rodeados de tragedias y fatalidades, yo me sentiría lejana a todo eso, teniendo la certeza de que mi Dios no me abandonaría como hizo con ellos.

Y todo eso es basura, por supuesto. Ojo, yo sé que a millones de creyentes y sinceros feligreses les ocurren cosas malas, eso yo lo sé. La cosa es que los motivos yo los tengo claro. Y no me siento intocable por arrogancia o ceguera, me siento así porque sé que hago las cosas como debo hacerlas, y que no caigo en tontos errores comunes en los que el resto cae.

Yo me autodenominaría «católica pragmática». Es decir, creo con infinito fervor en nuestro Señor Jesucristo, la Virgen María y algunos santos; sin embargo, en mis sesenta años de vida he notado cómo la adoración no debe ser realizada sin fundamento, de mala gana o con pichirrez, ya que romperías el vínculo, la comunicación efectiva, las buenas relaciones y la protección que habías ganado con cualquiera de ellos. Es peligroso. Yo lo veo como jugar a la güija (que jamás la he jugado, por supuesto) y dejar un portal abierto con algún demonio que luego te hará oír voces y poseerá tu cuerpo para hacerte matar personas. Pruebas de esto y películas hay de sobra, no son inventos míos.

Por ejemplo, Martica, mi vecina. Tú entras a su casa y ves la mesa central de la sala forrada de estatuillas de San Judas Tadeo y el Divino Niño. Sí, dice que le encantan desde chiquita. ¿Pero cómo es la pintura que cubre esas figuras? Pues un asco, y me disculpan la sinceridad. Se ve que son baratijas compradas en alguna visita de vacaciones que hizo al pueblito de algún monte venezolano; la pintura fuera del área, gotitas de un color que se secaron corridas encima de otro color. Un desastre, pues, ya deben imaginarse la cosa. Y luego vas a su cuarto: una peinadora bien bonita, su camita arreglada con un cubrecama blanco que ella misma cosió. Sigues paseando la vista por la cama y justo arriba de la cabecera ves a nuestro Jesús en la cruz. ¿Y cuál es el problema?, me dirán ustedes. Pues bueno, que no es ni siquiera de madera la bendita cruz. Una vez le dije que me prestara el baño y fui rapidito a su cuarto, cargué la cruz y eso no pesaba es nada, eso parecía cartón. (más…)