La ley del monte

mayo 24th, 2019

Maneja su Malibú rojo del 79. Un cassette de Vicente Fernández va sonando en el reproductor. Un sol de mediodía forma en el interior del carro una niebla pegajosa y tibia que le hace desear una siesta en el asiento de atrás. Pero hay responsabilidades de las que uno no puede escapar. Conduce ahora recostando sus escuálidos antebrazos en el volante, para así poder quitar el papel de aluminio que esconde la mitad de una canilla rellena de jamón y mantequilla.

Se mira en el retrovisor para chequear que el efecto de la gelatina no se estuviese perdiendo con el sudor. Y no, su peinado hacia atrás se mantiene intacto. Se regala una sonrisa y descubre un pedazo de pan justo en el hueco donde se supone que uno de sus colmillos debería estar, así que se mete la uña larga del dedo meñique y luego le pasa la lengua para no perder nada de comida. Suena «La ley del monte». Le sube volumen y comienza a cantarla a todo pulmón, superponiéndose a la voz del cantante. Su codo es ahora una quilla que reposa asomada por la ventana y va cortando el viento con armonía.

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Linchamiento de amor

mayo 24th, 2019

Lo más común es que se trabaje en equipo. Por lo general se trata de dos buenos amigos visionarios que emprenden el proyecto juntos. Se va a medias en todo, por supuesto. Los más desconfiados o tímidos optan por hacerlo solo. Pero solamente unos pocos tienen presente que estrechar lazos y mantener viva la llama del amor es fundamental. Y eso solo se hace compartiendo momentos; invirtiendo tiempo de calidad a tu pareja, pues.

Y a Mireya le encanta salir en la moto con su novio. Se siente tomada en cuenta, amada, cómplice, socia. Y a ver, si te dicen que además de estar al lado de la persona que amas, compartiendo y fortaleciendo la relación, te dijeran que vas a ganar buen dinero, ¿no lo harías? Por supuesto que lo harías, no hace falta ni que respondas.

Entonces a las nueve de la noche ya estaba activo el toque de queda en La Urbina. Bueno, desde hace dos horas, para ser exactos; a las siete de la noche, en punto, hasta las ratas se han recogido para dormir o compartir con su familia en las alcantarillas y bolsas de basura. Solo se atreven a salir los reyes de la calle, los príncipes en moto que están de pesca en sus botes de dos ruedas, esperando que algún pescadito ande en la calle confundido.

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Grados de indignación

mayo 24th, 2019

La policía ha capturado al violador de una chica de treinta años. Caminaba en leggins, sin ropa interior, y estaba muy rica. Lo atrapan porque los indigentes que lo miraban violarla bajo el puente, una vez terminaron de masturbarse, cayeron en cuenta de que estaba mal lo que disfrutaron minutos atrás y salieron a pedir ayuda.

Lo trasladan al Internado Judicial de Carúpano, pero horas antes una llamada les había informado de quién se trataba. El director trancó la llamada y asintió al guardia que estaba en su despacho sudando la borrachera de la noche anterior. Cinco minutos después el guardia pidió perdón por interrumpir la película que veía el pran, para luego entregar el importante recado.

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No todos te salvarán

mayo 24th, 2019

Porque una cosa es ser devota; otra, muy diferente y penosa, ser pendeja.

Entonces veo cómo muchas personas se encaprichan con santos equivocados o representaciones inútiles de nuestra Virgen María. Sí, lo sé, son palabras duras y más de una amiga dejaría de hablarme si leyera esto. ¿Acaso creen que no tengo miedo escribiendo esto? Pero las cosas como son; además, considero que puedo aportar mi grano de arena en evitar fatalidades por veneraciones inservibles.

Seguro que ya me andan señalando y tildando de satánica o atea. ¡Pues déjenme decirles que jamás sería seducida por el diablo o ninguna basura científica de depravados que dudan de la palabra de nuestro Señor! Es más, allá afuera hay una cuerda de ateos ignorantes sueltos que nos tildan de arrogantes y ciegos. Una vez escuché a uno diciendo que cada persona religiosa se siente exclusiva e intocable gracias a su Dios personal, y que si yo veo a cinco católicos rodeados de tragedias y fatalidades, yo me sentiría lejana a todo eso, teniendo la certeza de que mi Dios no me abandonaría como hizo con ellos.

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La felicidad te mata

mayo 24th, 2019

Y entonces nos encontramos en plena sobremesa, tomándonos un café y hablando de trivialidades de nuestras vidas. Y mientras la escucho, tengo mi mano acariciando su nuca, con su cabello reposando en el dorso de mi mano. En cada sorbo que ella da, acudo con rapidez a quitarle con un beso la espuma restante del capuchino en sus labios. Ella ríe cada vez que lo hago y sus ojos brillan y me muestran su mejor cara. Esa donde se ponen de acuerdo su cabello, sus labios, sus ojos; esa en la que la inclinación de la cara es la ideal y todo ocurre con armonía en el mismo segundo. Como si ella lo supiese, como si ella lo hubiese practicado por días frente a un espejo y sabe cuándo debe hacer que todo eso ocurra.

Cinco minutos después le digo al oído que quiero que nos vayamos a casa para hacer el amor. Luego le paso la lengua por la oreja y finalizo con un suave mordisco al lóbulo. Pago la cuenta, y estoy tan contento que decido dejarle propina al mesonero. Él me sonríe y se queda viendo con admiración. O puede ser algo de envidia. Pero no porque desee tener mi vida o mi novia: quiere es mi felicidad.

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Solo quiero gritar su nombre

mayo 24th, 2019

Me perseguía. Era como una pesadez en el pecho que me obligaba a no quedarme quieta. Entonces movía la cabeza de un lado a otro, como esquivando algo que se dirigía hacia mí y no terminaba de llegarme a la cara. Las manos me comenzaban a sudar. Era un sudor muy frío. Yo me las secaba pasándolas por el pecho y, haciendo un esfuerzo por actuar de manera natural, me aseguraba de sentir todavía el bulto del celular.

Me lo había traído Samuel, mi muchacho, mi hijo adorado, en la última visita que me había hecho seis meses atrás. «Es inteligente, mamá, de última generación. Te enseñaré a usarlo para que podamos hablar todas las noches por Skype», me dijo, mientras me daba un beso en la frente y se reía al verme volteando el teléfono para investigar en dónde tenía las teclas ese aparato tan grande.  

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La vida no es así de fácil

mayo 24th, 2019

Raúl estaba en lo cierto: el patio del salón de fiesta era un charco de sangre en el que se confundían las prendas de Daniela y sus órganos blandos. La vaina era un completo desastre, y el calor de mierda de ese mediodía lo hacía aún más desagradable.

Él sabía de mi historia con ella, así que en el mensaje me advirtió que ni por el carajo fuese a asomar mi cabeza por ese lado de la cuadra, ya que todas las amigas de ella estaban conglomeradas en la puerta del edificio y ya mi nombre había sido traído a colación.

Y no es mi culpa, en serio.

Aquella noche nos estábamos colando en una fiesta en La Urbina. Yo me encontraba un tanto borracho y, apenas entré, un rostro que nunca había visto me agarró del brazo y me dijo que pasaría la noche bailando conmigo. Peor borrachera debió haber sido la de ella, de tan solo pensar que yo era capaz de bailar más de dos canciones seguidas.

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Lo que pude aportar

mayo 24th, 2019

Ése es el título de mi libro.

En él cuento, sin reserva alguna, todo lo que he vivido desde que me fui de Venezuela.

Comencé a escribir su primer capítulo esa primera noche que pasé en Londres, mientras lloraba recordando el estado en el cual había dejado a mis padres en el aeropuerto. Me propuse cargar siempre encima un pequeño bloc de notas para no perder registro alguno. Las efímeras alegrías, las largas tristezas. La calma, la plenitud; el caos, la desesperación. Todo sería llevado al papel.

Al cabo de dos años me parecía que estaba creando una detallada y completa bitácora personal; y, sin quererlo, mis apuntes respondían a reiteradas dudas de personas que deseaban emigrar, así que mis anotaciones mostraban cierto potencial de guía práctica para cualquier emigrante.

Pero luego decidí que el libro no iba a ver la luz jamás.

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Ella está divina

mayo 24th, 2019

I

—Siento que a veces exageras y eres como un niño que sólo quiere atención —dijo Emilia, al tiempo que me bajaba el cierre del pantalón y escarbaba entre mis bolas para dar con mi pene—. Lo tienes todo, gordo, no puedes ser tan descarado: carro, apartamento, eres ingeniero, tienes dinero por coñazo, un buen trabajo. En cambio otras nos partimos el culo puteando para tener al menos un cuarto de lo que tú tienes, llegando de madrugada, llenas de…

—¿Estás viendo, Emilia? A ella no la nombras. ¿No es que lo tengo todo, pues?

—Aquí vienes de nuevo… Está bien, Carlos, no es tan bonita como antes, no te la coges como antes, y no estás enamorado como antes; pero, coño, ¿no vienes y tiras conmigo cada vez que te da la gana?

—¿Y es que acaso eso es lo que yo quería que ocurriese? —respondí, mientras me amasaba las sienes y la miraba sin simpatía.

Realmente nunca fui un hombre de putas. Solía ir a batitubos al menos una vez al mes con mi mejor amigo, pero sólo cuando me encontraba soltero. No sé, me relajaba tomar un buen ron teniendo una buena hembra que me meneara a centímetros su sexo, arrojándome a la cara el olor a talco y perfume barato de bebé de sus nalgas y tetas. Pero nunca les acepté la invitación a un baile privado; menos a echarles un polvo. Luego, si estaba en alguna relación, suspendía estas salidas o tentaciones.

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Un hombre. Un mango. Un perro

mayo 24th, 2019

─Carlos, con todo el dolor de mi alma, debo pedirte que me entregues tu carné y uniforme.

Así fue como me recibió en su oficina. No dormí nada la noche anterior. Ya tenía más de doce horas echado en la cama viendo el techo, repitiendo en mi cabeza todo lo que ocurrió. Pero desde hace años soy un tipo de metas, de objetivos, de visualizaciones. De otra forma no funciono. Así que no iba a rendirme por un altercado que posiblemente me estaba haciendo ver todo de una manera dramática y exagerada. Me dejé de mariqueras y tomé una ducha. Debía verlo como un día de trabajo cualquiera. Me puse la ropa y salí a cumplir mi turno que comenzaba a media tarde. Al llegar me dijeron que debía pasar por su oficina.

─No me haga eso, jefe. Se lo suplico, usted me conoce muy bien, sabe que…

─Carlos. Me duele hacer esto ─dijo mientras se rascaba la barba─, estoy consciente de que eres uno de los mejores recursos de la organización; pero quiero que entiendas que hago esto para protegerte. ¿O es que acaso quieres ir preso? ¿Cómo coño de la madre se te ocurre venir a trabajar? Tengo a toda la policía metiendo sus malditas narices en esta mierda desde ayer, oliéndome los peos. Lo más conveniente para ti y la organización es que te saquemos del mapa. Huye de la ciudad, yo diré que no sabemos nada de ti.

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