Quiero copular con tu cerebro

Luego de pasar los mejores meses de mi vida a tu lado, quisiera hacerte una confesión. Sé que no es factible lo que planteo en la misma, pero al menos te comunico mi anhelo: quiero copular con tu cerebro.

Me he enamorado de tu cerebro. He sido seducido por tu inteligencia. Tu pensamiento me ha demostrado lo que es estar realmente atraído a una mujer. Puedes engordar si te da la gana. Adorna con estrías tus nalgas, cubre de celulitis tus piernas, conviértete en una foca marina; todo eso me importa un carajo ya, igual seguiré adicto a ti.

Quiero dejar de masturbarme imaginando cuántas conexiones sinápticas tienes. No quiero más de eso, debo pasar a la acción. Primero, recorreré con mis dedos tus circunvoluciones cerebrales; esperaré a que esté bien lubricado con tus neurotransmisores, ya que, no quiero que sienta dolor alguno. Luego, tomaré el cerebro entre mis manos, y dando intensos besos al lóbulo frontal pretendo ir conociendo tus componentes conductuales y emocionales, soportando agradables descargas eléctricas en mi lengua de tus actividades sinápticas. Al mismo tiempo, iré acariciando con mis dedos tu lóbulo occipital, como si de tu abundante cabellera se tratase. Haré trampa, de vez en cuando abriré un ojo para admirar la belleza de todo el encéfalo respondiendo ante mis traviesos estímulos.

Pondré con delicadeza tu cerebro desnudo en el colchón; luego, con las manos temblorosas y llenas de materia gris, me bajaré los pantalones, quedándome estupefacto, sin todavía creer que ha llegado el momento más sublime que pasaba por mi mente meses anteriores mientras compartíamos largas conversaciones, donde podía cerrar los ojos escuchándote hablar, y ya sólo eso me producía una sorpresiva erección.

Recuperándome de mi sorpresa, me reincorporaré delicadamente a la cama; donde tu cerebro me espera solitario, pero eso sí, bien mojado y excitado. Sin quitarle la mirada iré gateando frente a él y me detendré justo cuando lo tenga a la altura de mi pecho. Con mi mano izquierda le daré soporte agarrándolo por el lóbulo occipital, de esta manera lo inmovilizaré y no se resbalará entre las sábanas de seda. Una vez mi pene y tu cerebro se encuentren paralelos, no dudaré: con un movimiento enérgico y plagado de ansiedad, penetraré tu cerebro hasta lo más profundo que pueda en esa primera estocada. Confundido, entre la excitación y el dolor de miles de descargas eléctricas que recorren mi cuerpo completo, seguiré sin parar mis movimientos pélvicos cargados de adrenalina y endorfina, dirigiendo mis penetraciones hacia los lóbulos parietales, concentrándome así en el núcleo de tus capacidades cognitivas.

En una descarga eléctrica de mayor intensidad que las demás, mi mente se pondrá en blanco, los músculos se me contraerán y el ritmo cardíaco será saboteado en el acto, originando una fibrilación ventricular; no podré respirar ni abandonar este coito que me ha inutilizado sin razón aparente.

Paralizado, y con la mirada perdida totalmente, seré el espectador de una película que comenzará en cámara rápida. Se reproducirá en mi cerebro todas las etapas de tu vida, desde el nacimiento hasta la actual que vives conmigo; podré conocer tus pensamientos, tus temores, tus creencias; sentiré en carne propia tus éxitos, tus fracasos, tus llantos, tus risas; descubriré tus mentiras, tus verdades; sabré el porqué de tus acciones, de tu personalidad, de por qué no eres ambivalente ni dispersa como mis anteriores parejas, de por qué sabes escucharme y mirarme atentamente, aislando al mundo por completo cuando estás conmigo.

Volviendo en mí, bañado en sudor frío, con la vista algo desenfocada e invadido por el miedo, me dejo caer desplomado boca arriba, al lado de tu cerebro. Suelto un suspiro nervioso; giro mi cabeza para ver cómo se encuentra tu órgano más preciado para mí: ahí está, intacto aún.

Si todo esto pudiese realizarlo, tendría respuestas que he buscado por mucho tiempo en todos mis fracasos de relaciones amorosas, pero destrozaría la magia que representa el definir por qué me atraes tanto. Mejor apuesto al misterio. Confío en que llegaré algún día al fondo de tus pensamientos más ocultos, develando el acertijo, y descubriendo así el efecto tan seductor y grandioso que tienes en mí, sin necesidad de tener que copular con tu cerebro.

Gabriel Núñez

Una Respuesta a “Quiero copular con tu cerebro”

  1. Mariangelica Useche Says:

    El escrito en aquella Urbe edición especial por el que te empecé a seguir.

    Gracias por republicar.
    Hay material para leer un buen rato.

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