Desaparecido

mayo 10th, 2019

Ya el desayuno estaba servido en la misma baldosa de todos los días. Su madre se encontraba de buen humor, así que lo levantó echándole agua fría, mientras le regalaba dos patadas en la cara con la suela de sus sandalias. Él despertó gritando y lanzando manotazos torpes al aire, como ya era costumbre. Ella dio un paso atrás, miró la comida de su hijo y la pisó.

Esto no siempre fue así, hubo una época en la que comió sentado en la mesa. Pero era muy niño en aquel tiempo, y todavía nadie en la casa había notado algo raro. A los cinco años fue el primer incidente: Ramiro comía una arepa frita con mantequilla; de repente, su mirada se perdió en un pequeño brillo escoltado por el blanco manchado de la pared, se babeó y sin motivo alguno agarró un salero de cristal y se lo lanzó a su mamá en la cabeza. Nueve puntos le agarraron a la señora.

Ningún miembro de la familia se opuso en lo decidido por el padre: el niño debía ser amarrado con un mecate a la pata de una cama sin colchón. Bañarlo y alimentarlo sería una obligación que todos se turnarían.

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Traducción

mayo 7th, 2019

Como esa persona con carencia de meticulosidad, pero con un gran exceso de confianza en los demás. Siempre ha querido saber cómo se escribe su nombre en chino. Dice que se ve agradable, interesante, misterioso, y un tanto espiritual. Un día, en un restaurante chino con registro de sanidad de dudosa autenticidad, abrazaba con sus dedos grasientos a una lumpia sudada y desnuda, y repentinamente recordó esta inquietud que lo ha acompañado por años. Decide llamar al mesonero, que estaba aterrizando un moco en la parte externa del bolsillo de su pantalón. Con gran emoción y ansiedad comparte la trivial duda con su recién contratado asesor en escritura asiática; éste, entrecierra más todavía sus entrecerrados ojos, viendo en silencio a los comensales. Al cabo de un minuto asiente con la cabeza, saca un bolígrafo y agarra una servilleta de la mesa.

Un mes después, la persona lucirá con orgullo su nuevo tatuaje inmortalizado en el antebrazo izquierdo. Ahora tiene ínfulas de monje Shaolin caraqueño, es comprensible, su autoestima ha sido reforzada por unos cuantos trazos de tinta. Tiene ese toque de misterio, y a las mujeres les encanta absurdamente ese peo, si no escondes nada o no tienes adicciones, entonces eres un perdedor, un gallo. Desde ese día sus estadísticas se dispararon, nunca la sábana de su cama había olido tanto a vagina y sudor de nalgas desgastadas.

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